ZAYN No me trago esa sonrisa. La manera en que se le curva apenas la boca, el brillo que aparece y desaparece demasiado rápido, la rigidez en sus hombros… es la misma sonrisa que uno se pone cuando dice “todo bien” y por dentro sostiene el mundo con las dos manos. —No me mientas para dejarme libre, Amaya —digo al fin, bajito—. No me debes heroísmos. Parpadea, sorprendida. Mantiene la barbilla alta, como si la palabra Suiza estuviera pegada entre nosotros y ninguno quisiera moverse para no romperla. —No te miento —responde—. Estoy orgullosa. Y quiero que lo tomes. Solo… me duele un poco imaginarte lejos. Pero voy a estar bien. Niego despacio. —Te creo lo del orgullo. Te creo que me amas. Lo que no me creo es que “vas a estar bien” solo porque te obligues a decirlo. No quiero que te o

