—Y si tú te rompes, te digo “estoy”. Aunque sea en una pantalla. Se hace un silencio bueno. El que se parece a una sábana limpia. Me doy cuenta de que llevo un rato respirando sin dolor en el pecho. La dejo entrar a la libreta; la miro escribir su nombre pequeño junto al mío grande, como si fuéramos dos caligrafías aprendiendo a convivir. —Quiero poner “mercados de navidad” —dice, de golpe—. Me encantan las palabras “mercado” y “navidad” juntas aunque no me guste la navidad. Quiero luces ridículas. Quiero comprar una esfera con nieve falsa y agitarla hasta marearnos. —Compramos una que tenga una casita y un pino —digo—. Y le ponemos abajo con plumón “nosotros 1”. —¿“Nosotros 1”? —pregunta, divertida. —Por si luego hay “nosotros 2”, “nosotros 3”… —Me encojo—. No sé, suena a saga. —Me

