Yo me encargo de las tortas. Victoria pasa por la cocina y me ve forrar el pan con papel para que no se rompa. No dice nada. Me alcanza un cuchillo más cómodo y sigue su camino. Es una especie de bendición sin palabras. Leonardo asoma la cabeza y pregunta: “¿A qué hora salen?” Le digo que temprano. Él asiente. No me da indicaciones; solo dice “cuidado con el sol”. Yo pienso “gracias por no decirme ‘no vayas’”. El día anterior a la playa lo dedicamos a preparar. Zayn arma una lista “ridículamente útil”: toallas, bloqueador, bolsas para basura (tres), hielo, cubiertos que no sean de plástico, agua como para una expedición, una bolsa para las cosas mojadas, un altavoz cargado, baterías externas. Yo agrego: frisbee (por si acaso), una libreta por si alguien quiere dibujar algo, y un frasco

