Con nuestros amigos salimos sin drama. Vale organizó un karaoke improvisado en su sala y me hizo cantar una canción que no llego, pero que me reí tanto que me ardieron los pómulos. Nico llegó con un pastel que prometió no explotar (solo se cayeron dos velas) y Stella apareció con un catálogo de tatuajes pequeñitos que insiste en que deberíamos hacernos “para sellar la era”. Derek llevó una guitarra y tocó mal a propósito, y eso lo hizo perfecto. Zayn se sentó en el piso, yo me acomodé detrás de él con la barbilla en su hombro, y hubo un rato donde nadie dijo nada y estuvimos… bien. Solo bien. Que ya es mucho. No escondemos nada. Esa es una libertad que todavía me sorprende. En la universidad, si me toma la mano, no la suelta si alguien mira. Si me jala hacia él en la fila de la cafetería,

