AMAYA Las siguientes dos semanas me saben a respiración nueva. No sé en qué momento exacto cambió el aire, solo sé que ahora amanece distinto. Zayn y yo cumplimos nuestra primera regla sin darnos cuenta: caminar a las seis. A veces llegamos al parque con los ojos medio cerrados, los tenis mal amarrados y la risa floja; otras vamos en silencio, hombro con hombro, contando nuestras respiraciones como si fueran pasos. El pan calientito de la esquina ya es parte del ritual (conchas para mí, chocolatín para él) y el café cargado es un juramento que se cumple todos los días. Lo apuntamos en la libreta como si hubiera que recordar lo obvio: “pan + luz”. A las 7:07, casi sin fallar, suena el teléfono. Una foto de ventana. A veces es solo cielo pálido con un árbol cortando la luz; a veces, la ll

