ZAYN La sala fue apagándose poco a poco, como si el día se despidiera a su propio ritmo. Aidan fue el primero en rendirse; el libro se le resbaló de las manos y Lía le puso la manta encima sin despertarlo. Ethan bostezó con tanto ruido que parecía un rugido y se arrastró hasta el pasillo, murmurando algo sobre soñar con pasta. Lía resistió un poco más, pero finalmente se levantó, recogió los vasos y dijo que si no se dormía ya, amanecería con ojeras dignas de una película de terror. Cuando el último paso se perdió escaleras arriba, la casa se quedó en silencio. Solo el chisporroteo de la chimenea rompía la calma. Amaya seguía en mi pecho, acurrucada bajo la manta, con los ojos cerrados. No sabía si estaba dormida o solo disfrutando del calor, pero yo no quería moverme. Tenía la sensación

