La debilidad de un huracan-1

1038 Palabras

AMAYA Me desperté con el estómago hecho nudo. Ir a comer con mi madre era lo último que quería hacer un domingo, pero al mal paso, darle prisa. Me arrastré hasta el baño, me di una ducha larga, y me vestí con ese maldito vestido blanco con flores. En el espejo parecía la hija perfecta. La princesa de porcelana. Lo odié al instante. Las flats combinaban perfecto. Todo muy "adorable". Todo muy falso. Pero mejor eso a aguantar sus críticas toda la comida. Bajé las escaleras y lo primero que escuché fue la voz de Elías: —¿Qué te pasó? —dijo, mirándome con la boca llena de cereal. Me giré con dramatismo, haciendo volar un poco la falda, y con voz chillona: —¿A poco no parezco una princesa? Elías se carcajeó. —Sí, la princesa de los comerciales de papel higiénico. Te falta el unicornio

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