¿Quién era el bastardo que lograba que ella se pusiera ese disfraz? ¿Quién carajos era el tipo por el que valía la pena dejar de ser ella misma? Seguro ya cogen. Seguro el tipo la tiene tan confundida con sus caricias baratas que la manipula como quiere. ¿Qué clase de mierda tenía en la cabeza para creer que ese vestido la hacía ver mejor que con su pijama vieja de Dexter? Y eso que sentía... mierda. Era nuevo. Y peligrosamente cercano a los malditos celos. Me subí a mi cuarto, todavía con esa rabia rara retumbando en mi cabeza. Pensé en marcarle a Kimberly. Su boca era eficiente para sacarme cualquier pensamiento que tuviera de Amaya. De hecho, la última semana la había visto dos veces. Una en el motel cerca del boulevard y otra en mi auto, frente a la playa. Kimberly no pregunta, no ex

