Pero mientras la sostengo de las caderas y la dejo moverse sobre mí a su antojo, otra parte de mí grita que esto no está bien. Que estamos cruzando líneas con una facilidad que asusta. Que compartimos casa. Que nuestros padres... joder, nuestros padres están construyendo algo bonito. Que esto —lo que sea que estemos haciendo— podría joderlo todo. —Esto puede arruinar todo —susurra de pronto, frenando un segundo. La miro, serio, y le aparto el cabello del rostro. —Lo sé. Pero no puedo parar. No contigo. —Yo tampoco —admite con los labios temblorosos, bajando de nuevo sobre mí. La miro. El cabello desordenado, la espalda sudorosa, sus labios entreabiertos y ese maldito gemido que me hace perder el juicio. La deseo como nunca he deseado a nadie. Anoche la vi dormir. Se quedó encima de m

