El golpe fue seco. Satisfactorio. El tipo cayó como una bolsa de mierda al pavimento. Amaya gritó mi nombre. De sorpresa. De rabia. No me importó. No en ese momento. Él me miró desde el suelo, con la boca abierta de par en par, la cara roja, la nariz sangrando. Yo solo la miré a ella. Y aunque me gritara. Aunque me empujara. Aunque me viera con ese fuego en los ojos... Sé que no estaba enojada por el golpe. Estaba enojada por todo. Y yo también. Todo esto se estaba desmoronando. Y lo peor de todo... No sabía cómo detenerlo. Escuché los pasos de Ethan corriendo hacia mí. El tipo, como se llame, ya estaba incorporándose, tambaleante. Amaya se plantó entre él y yo, con los ojos llenos de furia. —¡Vete, Zayn! —me gritó. Yo la miré fijo. Quería decirle que él la tocó, que vi su inc

