Estaba limpiando el sudor de mi cuello cuando la puerta del salón finalmente se abrió. Y ahí estaba él. Zayn. Con Dakota colgada de su brazo. Sonriendo. Como si nada. Como si no supiera lo que esa imagen podía hacerme sentir. Nuestros ojos se encontraron por un segundo eterno. Él se detuvo. La sonrisa se le borró un poco. Pero ya era tarde. Me giré sin decir nada. Mi garganta ardía. No iba a darle el gusto de verme rota. Caminé directo al vestidor, recogí mis cosas y salí. Afuera, Lía y Nico ya estaban en el carro, platicando sobre la clase, entre risas nerviosas. Apenas notaron mi presencia. Zayn venía tras de mí. Lo escuché. Lo sentí. —Amaya... —me llamó, en voz baja. Me detuve justo al abrir la puerta del auto. Me giré solo lo necesario para que me viera el rostro. Frío. Cer

