VALE Si Nico se queja una vez más de que Amaya no lo pela, juro que le aviento la puta cerveza en la cara. Estamos recargados en la baranda del patio, mirando hacia la alberca como si tuviéramos una razón legítima para estar callados. Pero no. Es porque no sabemos cómo actuar. Porque anoche hicimos una estupidez y ahora todo lo que antes era fácil… se siente incómodo. Raro. Jodidamente tenso. —No puedo creer que ni lo haya notado —murmura Nico por quinta vez—. Estuvo todo el día con ese maldito Zayn, y a mí ni me miró. Me estoy partiendo por dentro y a ella le vale madres. —¿Y qué esperabas? —digo sin girar a verlo—. ¿Que te leyera la mente? ¿Que te despertaras siendo protagonista de una comedia romántica donde mágicamente ella se da cuenta de que siempre estuviste ahí? Él me mira de

