Al dia siguiente me encuentro con Sydney para almorzar, en nuestro restaurante favorito. Piero, que ha venido le sonríe de una manera muy amistosa. De una manera que nunca ha hecho conmigo. —¿Como estás?— le pregunta —Nada mal—responde ella con una carcajada y poniéndose de puntitas, lo besa sonoramente en ambas mejillas. —¿Como esta funcionando la nueva masajista?— ella pregunta con una sonrisa astuta. Piero se encoge de hombros bruscamente. —Ella no es tan agradable a la vista como tú , pero no hay quejas del jefe— dice —Oh, eres un gran adulador— Sydney sonríe. Intercambian una pequeña charla más , luego Piero se mueve y se sienta a unas mesas de nosotros. Me siento frente a Sydney y pongo la caja de zapatos sobre la mesa, pero deliberadamente la dejo a un lado. Veo sus ojos desviars

