Después de este episodio, las paredes que protegen su corazón se volvieron impenetrables, y yo ya no intento escalarlas. Mis días se acomodan en una rutina. Me despierto, desayuno, a veces con Lola y los chicos, aveces en mi habitación en el último piso, donde todavía voy a trabajar. Nado y uso la sauna antes del almuerzo. Después de eso trabajo más . En cuanto a nuestra relación, se ha convertido en una de desesperación s****l mutua, del tipo que nos hace arañarnos el uno al otro. Nos encontramos en su estudio, o donde me llame y follamos como si fuera la última vez que nos vemos. Y cada vez que tenemos sexo de esa manera imprudente, desesperada y loca, se siente como si una pequeña parte de mi muriera. Así pasa una semana hasta la mañana en que Grace llama por video llamada. —¿Dónde es

