Dan nos abre la puerta y le dice algo rápido a Piero en italiano, mira su reloj e inmediatamente comienza a caminar hacia el estudio. Supongo que no llegamos al toque de queda de las doce. —Gracias por traerme a casa Piero— digo mientras se aleja. Levanta la mano en señal de reconocimiento, pero no rompe su paso. —Buenas noches—dice Dan —Buenas noches—respondo y subo corriendo las escaleras. De hecho me siento un poco mareada. Subirse a un auto tan bajo y rápido después de beber tanto y comer una bolsa entera de papas fritas no es exactamente una buena idea. Rápidamente, me limpio el maquillaje, me lavo los dientes, voy al baño, me pongo el camisón y bajo a la habitación de Damiano. Abro la puerta y él ya esta allí. Tengo la impresión de que esta lleno de energía contenida, de que cami

