—Estoy positivamente ebria—dice Sydney con malas palabras —Yo también—concuerdo, mi voz no menos temblorosa. —¿Brochetas?— Pregunta Sydney. Niego con la cabeza. Ella hace una mueca. —Esta bien para ti, por que te conformas con una salchicha de gran tamaño con montones de esperma—Hago una mueca y digo. —Deja de ser tan grosera conmigo— —Vamos, tengo hambre— llora lastimosamente. —Está bien, llevemos tu trasero a Taki. Supongo que podría comerme una bolsa de papas fritas— Nos ponemos de pie, tropezamos la una con la otra y comenzamos a reírnos incontrolablemente. Piero viene hacia nosotros. —¿Lista para irnos? —Nos vamos a conseguir algo de comida a Taki— dice Sydney, todavía riéndose. Piero frunce el ceño —¿Taki?— —El restaurante de brochetas al final de la calle— le explico. —B

