14- Heartbreaker

2425 Palabras
Pegué un respingo al oír el trueno, quitando el pincel del atril justo a tiempo. Me acerqué a la ventana y descorrí la cortina, viendo el paisaje blanco y tormentoso del otro lado. -Adiós planes de sábado -murmuré, pese a no tener absolutamente ningún plan en mente. Volví a mi pintura y observé detalladamente el rostro que estaba retratado en acrílico. Los ojos grandes, oscuros y seguros; la nariz prominente y los labios levemente entreabiertos. Sonreí. Tu tendrás una foto mía, pero yo te he pintado en lienzo. Y, sin embargo, había algo inquietante con esa pintura. Algo inquietante en su mirada penetrante y en la pequeña cicatriz a un costado de su cara. Como si en cualquier momento fuera a moverse, a sonreírme y a decir algo así como "Ey, ¿tanto así te gusto que ahora hasta me pintas en tu tiempo libre?". Me mordí el labio inferior y pasé las yemas de los dedos por la línea de su quijada, una de las partes del muchacho que más me gustaba. Sonreí al ver el lunar debajo de su labio inferior y pliegue que se formaba debajo de sus ojos.  ¿Qué me has hecho, Jungkook? ¿Es que acaso me has hechizado como a las otras chicas? Sacudí la cabeza porque no: yo no era como las otras chicas. Es decir, tal vez me parecía extremadamente guapo porque... Sólo hacía falta ser humano para darse cuenta. Pero aún así, me atrevía a decir que veía algo más en él que sólo una cara bonita. Pese a sus esfuerzos pervertidos por tratar de salir conmigo y desviar la conversación siempre a lo s****l, Jungkook era un muchacho medio perdido en una vida de adultos. Justo como yo.  Éramos sólo niños jugando a ser adultos. Y, sin embargo, él ahora estaría en su cita bajo la lluvia con una muchacha de preparatoria y yo... Y yo estaba sola. Como siempre, en realidad. Me acerqué hasta mi mesa y le mandé un mensaje a mi mejor amiga. Minha! Quieres jugar esta tarde?? Minha: Lo siento, no puedo Minha: Exámenes >_ Date un respingo, chica! Vayamos a tomar un helado!  Minha: De verdad que estoy ocupada ahora. Tal vez mañana Dejé caer el celular a un costado y me eché sobre el sofá, para abrazarme las piernas y dedicarme a observar aquellas cuatro paredes llenas de trastos inservibles. Una de las cualidades de ser artista plástica, es ser una increíble basurera. Entrecerré los ojos, enfureciéndome con la lámpara rota que había encontrado en la calle; y también le lancé una mirada de odio a la mesa con una pata rota.  No podía quedarme así mucho tiempo más. Tomé mi bolso con las pocas cosas necesarias, el paraguas, y me dispuse a salir. Necesitaba despejarme. ¡A lo mejor hasta me entraba aire en la cabeza y conseguía alguna idea para un próximo trabajo! O tal vez pasaba junto a algún almacén en el que buscaran empleados y tomara el trabajo. Es cierto que no pagaban mucho, pero siempre estaría más cerca de pagarle la deuda a Jungkook. ¡Jungkook! ¿Por qué todo me llevaba a pensar en él?  Abrí las puertas del edificio y salí, tomando una gran bocanada de aire y atrapando algunas miradas curiosas a mi alrededor. ¿Qué? ¿Es tan extraño ver a una chica totalmente sofocada por su ausencia de trabajo y su no-relacion sentimental con un chico jodidamente perfecto? ¿A nadie le pasa? Caminé un par de cuadras mirando el suelo, hasta llegar a la heladería pequeña de la esquina. Hacía un calor terrible, así que una malteada me vendría bien. Y, sin embargo, mientras me dedicaba a leer los gustos de helado, se me ocurrió girar la cabeza hacia mi derecha y admirar como casualmente una bonita niña se sentaba en una de las mesas del lugar y hacía una pose graciosa, mientras que cierto chico trotaba hacia ella y sacaba su cámara para llenarla a fotos mientras se reía de sus morisquetas. Me llevé inconscientemente una mano el pecho, porque de repente había sentido un... ¿Pellizco? ¿Golpe? ¿Un agujero? De cualquier manera se sintió feo, realmente feo, y sólo pude apartar la mirada y maldecir internamente por haber elegido ese jodido lugar para tomar un helado y hacer acto de presencia de aquella hermosa escena entre niños enamorados. -¿Vas a pedir algo o te vas a quedar ahí parada? -inquirió con brusquedad, y aburrimiento, el chico detrás de la caja registradora. Su expresión era totalmente cansada y seria, y no pude menos que quedarme mirando el horrible sombrerito blanco sobre su pelo de igual color. ¿De verdad tenía que usarlo? ¿Era una norma de la heladería humillar a sus empleados? -Y-yo... No, lo siento... -volví a girarme para mirar sobre mi hombro, y vi como ambos miraban las fotos entre risas. La niña se rió y le dijo algo a Jungkook. Éste negó con la cabeza y escondió la cámara, comenzando una guerra de manotazos que terminó en lo que pareció una carrera hacia no sé dónde, porque de repente se habían esfumado de mi vista.  Oí reírse al heladero y no pude menos que mirarlo con un odio terrible. -Lo siento -se disculpó, con una sonrisa divertida-. ¿Entonces vas a pedir algo? -¿Te estás riendo de mí? -No, no -volvió a reírse-. Bueno, tal vez sí. -¿Qué es lo que te parece tan gracioso? -me crucé de brazos, y sentí un cosquilleo terrible en la nariz que me anunció las ganas que tenía de llorar. No llores, tonta. ¡No frente a alguien que está burlándose de ti! -Te gusta ese chico que estaba ahí, ¿verdad? -tanteó. -Claro que no... -tragué saliva, temblorosa. Sabía que no me creía, puesto que seguía con esa sonrisita molesta en la cara-. ¿Lo conoces? -¿Que si lo conozco? -se quitó el gorrito y lo dejó sobre la mesada, para después pasarse una mano por el cabello oxigenado-. Es mi terrible dongsaeng. Enarqué las cejas. -Ha mencionado varias veces a sus hyungs, yo... -sacudí la cabeza-. ¿Por qué le llamas terrible? -Porque se pasa la vida haciendo cosas terribles como niño caprichoso que es -el muchacho dejó de prestarme atención y se puso a preparar un batido de frambuesa, dándome la espalda-. Como, por ejemplo, tener citas con chicas de instituto. Asentí. Estaba totalmente de acuerdo: un imbécil. Me apoyé contra el mostrador, curiosa, mientras le veía preparar algo que no había pedido. -¿Y qué tiene eso de terrible? A lo mejor gustarle. -¿Gustarle? -negó con la cabeza-. Ha estado con adolescentes y noonas, imagínate. Aunque... -apretó el botón de la licuadora y se acercó a mí, algo gatuno-... parece que tú ya lo conoces, ¿no? -Apenas lo conozco -aparté la mirada, algo cohibida-. Es mi vecino. -Pues espero que te esté tratando bien, entonces. La licuadora dejó de revolver el helado y la leche, y el heladero volvió a darme la espalda para echar el líquido en dos vasos y agregarle pajitas. -¿Que me trate bien? -repetí, incrédula. -Tal parece que estás un poco celosa de esa chica; asumo que te gusta y... -se giró y apoyó una de las malteadas frente a mí-... lo lamento. -¿Por qué lo lamentarías? -Porque ese chico romperá tu corazón, niña -se encogió de hombros. Levantó la malteada que aún sostenía y le dio un trago-. Esa malteada va por mi cuenta. -¿Y la tuya? ¿Se supone que puedes servirte mientras trabajas? -No -sonrió. Asentí, algo perturbada, tomé la malteada y salí de allí. Aigoo, me he olvidado de preguntar por su nombre. -No puedes entrar con bebidas a la librería -gruñó la mujer regordeta con mirada depredadora. Entrecerré los ojos con malicia, bebí de sopetón lo que quedaba de mi vaso y lo tiré al cesto de basura. ¿Qué era eso de que no podía entrar con una malteada a hojear libros? ¡Ni que fuera a escupir sobre ellos o algo así! Correteé entre las altas estanterías hasta la sección juvenil, porque si hay algo que Pauline Rubbie adora hacer en las aburridas tardes de domingo y en los viajes largos de autobús es leer tontas historias de amor juvenil. Así que allí estaba yo, agachada tratando de ver los libros de más abajo y deseando internamente que se hubieran equivocado con alguno de los precios para poder llevármelo más barato. Por fin quité uno de tapa interesante y leí rápidamente la contratapa. -Chica conoce a chico... -dudé-. Chico malo amorodia a la chica buena... Pff -volví a meterlo entre los libros, pues ya no me parecía tan interesante. -¿No te gusta cuando el chico es malo? -inquirió una voz a mi lado. De la impresión me di la cabeza contra el estante de arriba y solté un gemido de dolor mientras llevaba mis manos a la coronilla. -Au, au... -me quejé. -Oye, ¿estás bien? Enarqué una ceja: no conocía esa voz masculina, así que tampoco conocería a ese extraño. Me paré rápidamente y estiré mi blusa como si estuviera realmente arrugada. -Si, yo... -lo miré y cerré la boca. El muchacho tendría como mi edad. Era alto, delgaducho y usaba el tipo de ropa que usaría un chico que lee poesía mientras bebe café en un bar viejo de alguna olvidada esquina. Llevaba el cabello n***o muy liso y bien acomodado, los ojos rasgados fieros detrás de unos gruesos lentes de pasta y una sonrisa tímida en unos labios carnosos y rojizos.  ¡Lindo! -¿Qué haces aquí? -fue lo primero que se me ocurrió preguntar, y luego me sentí muy increíblemente estúpida. El muchacho se rió. -Asumo que preguntas que hago en la sección juvenil -asentí, algo incómoda-. Pues... Me gustan las historias de adolescentes aventureros. Supongo que siempre quise tener algo así -se encogió de hombros, con una sonrisa agradable en el rostro. Y no pude estar más de acuerdo. -¿Así que lees del tipo Los Juegos del Hambre? -Leo más del tipo Juego de Tronos, pero no voy a negar que a Katniss Everdeen me la leí más de una vez. Sonreí y me eché un mechón de cabello detrás de la oreja; captando como una alarma se desprendía dentro de mí. -Lo siento, qué... tonto -sacudió la cabeza y me tendió la mano-. Soy Hiroku Kamashima. Se la estreché, simpatizando al instante con su elegancia. -Pauline -me reí-. Pauline Rubbie. -Bueno, Pauline Rubbie, yo te digo que soy japonés y tú cuéntame de dónde eres. -Francia. -¡Francia! ¡Uh la la!  Me reí estúpidamente y, de repente, todo lo que pudo ver mi cabeza fue a un muchacho alto y emo sonreírle mucho a una muchacha que no era yo. -Oye, Hiroku... -comencé, algo aturdida-. Tal vez ésto te suene muy... O sea, yo... -¿Tomamos un café y me cuentas más de libros juveniles que no he leído pero debería leer? -probó. Dios mío, los japoneses avanzaron tanto que ahora hasta leen pensamientos. -Eh... ¿sí? -me acomodé el flequillo con los dedos, en un intento de ocultar mi rostro. -Me encantaría. -¿Recién llegas? -inquirió Jungkook ni bien verme. Yacía sentado frente a mi puerta, con las piernas cruzadas y expresión cansada y molesta. -¿Es una pregunta o una afirmación? -pregunté a mi vez, y me reí; cosa que le hizo poner más cara de molestia. -¿Desde cuánto llegas tan tarde? -¿Tarde? -sacudí la cabeza-. No es tan tarde. -Pues ya es de noche; eso es suficientemente tarde. -¿Ahora te da un ataque de celos? Muévete -ordené, cuando estuve a su lado. Jungkook se paró, pegando su espalda a la puerta y dándome una mirada de madre que no confía en ti cuando le dices que "no bebiste alcohol". -¿Celos? Para nada -se cruzó de brazos-. Sólo quiero una explicación. -¿Una explicación de qué? Aigoo... He tenido una excelente noche, ¿quieres por favor no arruinarlo? Enarcó una ceja y levantó la barbilla. -Con que excelente noche... -¿Cómo te ha ido en la cita? -cambié de tema. -Me ha ido bien -su expresión se volvió afable, y eso me dolió. Mierda que me dolió-. Ha ido bastante bien... ¿Sabes? De hecho es adorable. -¿Adorable? -repetí con sorna. -Sí, es... Pues tiene algo de sesos, ¿sabes? -Hola, Jungkook: las chicas también podemos pensar. -No es eso; Hayoung es diferente. Es realmente bonita, y simpática, y... -Parece que también has pasado una buena noche -me encogí de hombros y traté de empujarlo, pero él no se movió. -¿Noche? He llegado hace por lo menos tres horas de mi cita. -¡Muévete! -¡estaba empleando toda la fuerza que tenía para moverlo! ¿Cómo era posible que no se moviera ni un centímetro?-. ¡Anda, Jungkook! ¡Estoy cansada! -¿Cansada de qué? ¿Qué hiciste ésta noche que fue excelente y estás cansada? -entrecerró los ojos y yo solté un suspiro de exasperación. -Pues tal vez yo también tuve una cita. -¿¡Qué!? -me tomó por los hombros con fuerza, su cara era pura sorpresa y exasperación-. ¿¡Cómo es eso posible!? -Wow, rudo... -No digo que... O sea... ¿Con quién? -frunció el ceño. -Se llama Hiroku y es bastante agradable. ¿Tienes algún problema con eso? ¿Se supone que tienes que conocer a todos mis amigos? -Pues me gustaría bastante conocer a ese Hiroku, sí -bufó y me soltó-. No dejaré que mi chica esté con cualquier imbécil. -Él no es un imbécil, ese eres tú -abrí al puerta y metí mi cuerpo dentro de mi departamento-. Y, de hecho, no soy tu chica. -¿Estás haciendo ésto para darme celos o algo así? Porque no... -¿¡Qué rayos crees que dices!? -sacudí la cabeza-. ¿Crees que todo gira alrededor tuyo? ¿¡Por qué querría darte celos, Jungkook!? -Porque tuve una cita con una chica bastante linda -se encogió de hombros, como si fuera una obviedad. A veces llegaba a ser tan estúpido que me impresionaba. Realmente me impresionaba. La impotencia que me daban sus palabras me recorrían el cuerpo como choques eléctricos que rápidamente contuve con respiraciónes profundas. -No me importa si sales o no con chicas. -¿Ah no? ¿Estás segura? -¿¡Por qué me importaría!? -¡Porque te gusto! -exclamó, frustrado, revolviéndose el cabello con una mano-. ¡Porque te gusto y tu me gustas también! Así que si sales con un japonés salido de no se dónde me molestará, y a ti te molestará que yo salga con Hayoung. ¡Es el orden natural de las cosas! -No me hables del orden natural de las cosas cuando dices cosas que no tienen ningún sentido -tragué saliva con dureza-. ¿No dijiste que Hayoung era linda e inteligente? ¿Ahora te gusto yo? -el muchacho abrió la boca e inmediatamente la cerró. Error, pues aquello también me dolió. Sin embargo, sonreí sin ninguna pizca de felicidad-. Cada uno tiene su vida, Jungkook. -¿No te gusto? -¡Claro que me gustas! -sentí nuevamente otro cosquilleo en la nariz que me advertía que si seguía hablando me echaría a llorar-. Por supuesto que me gustas, Jungkook. Maldita sea, ¿qué acabas de decir? El muchacho sonrió. -¿Entonces cuál es el problema? Sólo salgamos y... -Él problema es que tu y yo no podemos ser más que vecinos -me encogí de hombros y las lágrimas saltaron de mis ojos. La expresión del muchacho se volvió preocupada y tensa, mientras que yo sonreí-.  Y está bien, porque ese es el orden natural de las cosas.  Los chicos lindos no se quedan con las chicas lloronas.  -¿Por qué no podríamos ser más que vecinos?  -Porque tu me romperás el corazón. Y sin agregar nada más, tras ver la expresión de asombro y casi dolor que ponía el muchacho, cerré la puerta.
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