15- Hiroku

2234 Palabras
Tal vez digan que soy absurda, sensible, ridícula e incluso dramática. Tal vez piensen que echarle la bronca en la cara al chico que te gusta es estúpido e infantil y, ¿qué puedo decir?, yo también lo creo. Yo sé que estoy siendo la reina del drama, que todo este enrollo de papeles de cocina llenos de mocos sobre mi escritorio son una exageración del dolor que un chico que te gusta realmente te pueda causar. O tal vez no cualquier chico, sino más bien uno que conociste hace muy poco tiempo. No es posible sentirse tan dolida por Jeon Jungkook, por más Don Perfecto que sea.  Y sin embargo, quizá no fue sólo el momento y las palabras del hyung del muchacho lo que me dolieron en sí; sino el efecto que tuvo en mí el darme cuenta que tarde o temprano aquello sería una triste realidad y la única que saldría mal de aquello sería yo. ¿Por qué? ¡Por ilusa!  ¿¡De nuevo creen que estoy exagerando!? Entonces que alguien me explique por qué he visto a la mismísima Hayoung entrar por la puerta "H", cargada de un bote de pochoclos y algunas cajas de DVD's.  ¿Celosa? Por supuesto que sí. Me sentía tan jodidamente celosa que querría entrar ahora mismo a su departamento y meterle la comida entera en la boca a esa chica; pero asimismo sabía que la pobre muchacha no tenía nada que ver. ¡Ella era sólo otra víctima de sus encantos! ¿Qué la hacía menos importante que a mi? ¿El que yo hubiera visto películas con él primero? ¡Estaba más que claro que de seguro no sería la primera! Y obviamente Hayoung no sería la última. ¿Entonces por qué iba a enojarme con ella? Éramos sólo parte del mismo montón de chicas. ¡Y eso me hacía enojarme aún más con Jungkook! ¡¡¡Jodido imbécil!!! ¿Por qué no simplemente esperaba... no sé, un par de días para invitarla? ¿Por qué tenía que refregarme en la cara que tendría otra increíble cita que probablemente terminaría en sexo en su casa, justo a dos pasos de la mía?  ¿Por qué rayos tendría que ser tan imbécil conmigo? ¿Y por qué ahora mismo yo estaba siendo tan estúpida mientras mandaba mensajes?  ¿Es que acaso quieres usar al pobre muchacho para olvidar a Jungkook? Por supuesto que no. Él era un buen chico, no como el playboy. ¡Tenía que darle una oportunidad!  ¿Estás muy ocupado un domingo por la tarde? Hiroku: Para nada, ¿algo en mente? Sonreí. Hiroku, el chico japonés de la librería. Podría decir una y mil cosas de él, puesto que no sólo habíamos hablado muchísimo en ese café; sino que también era mucho más descifrable que... otros.  El muchacho me llevaba tres años, adoraba leer y detestaba los musicales. Se había mudado a Corea del Sur recientemente, por lo que se alegraba de tener una nueva amiga; y el que yo también fuera extranjera nos hacía incluso más cercanos. Actualmente, Hiroku dibujaba manga para una conocida empresa del país; y aunque no ganaba mucho hacía lo que amaba. Lo cual era también una increíble coincidencia, porque ahora yo misma me encontraba en decadencia por mis sueños.   El chico de los lentes era inteligente, sensible y romántico. Sabía varios idiomas, era capaz de sacar los pensamientos más profundos de las cosas más banales y su sonrisa era tan agradable que me habría gustado escucharla toda la noche. (Sí, tan así de agradable). Sus chistes daban gracia, no eran de mal gusto; jamás habría hecho ningún comentarios referente a lo s****l entre los dos y había tomado una distancia considerable entre nuestros cuerpos todo el tiempo que estuvimos juntos... Aunque suponía que eso era normal con toda la gente a la que acabas de conocer, sólo una persona en este jodido mundo podía ser tan pervertido e infantil. En fin, que Hiroku Kamashima era un tipo genial y merecía mucha más atención que el idiota de Jeon Jungkook. Ni lo sueñes, Pauline. Tu sabes que ni mil Hirokus en el mundo podrían hacerte olvidar al emo. Simplemente te gusta, ya estás jodida, ya... Así que adiós Jungkookie, que tengas una linda cita y no me importas una mierda. Mentirosa. Una mierda, dije. -Vaya... -comenté, sonriendo-. No creí que te gustaran este tipo de lugares. -Pues no sabes mucho sobre mí -bromeó Hiroku, levantando la barbilla para fijarse en el tapiz de ninfas bailando en el techo-. Además, sabía de antemano que a ti te gustaría. -Es uno de mis lugares favoritos -admití, un poco angustiada.  Estiré la mano hasta que mis dedos rozaron el mármol frío de una columna. Giré alrededor de la misma, abrazándome a ella, y Hiroku se enfrentó a mi del otro lado.  -¿Por qué la mala cara? -inquirió, cruzándose de brazos y apoyándose en la columna para obstruírme el paso. Me encogí de hombros. -Pues porque me gustaría exponer algo aquí -suspiré-. Pero eso no es posible. -¿Eres consciente de que en este museo están de los mejores pintores de Corea del Sur? -inquirió con voz seria. Miré mis pies, algo avergonzada-. Debes serlo, espero; porque no querría que te rebajes a museos mediocres.  Levanté la vista y vi que sonreía. Sacudí la cabeza, sonrojándome y agradeciéndole internamente el haberme dicho eso. Jungkook se había burlado de mí y de que el museo no había aceptado mis trabajos, y Hiroku... Aigoo, ¿por qué rayos estaba comparándolos? -¿Te muestro mi preferida? -inquirió ladeando la cabeza. Asentí y me dejé guiar por los enormes pasillos del museo de artes, como un camino de ángeles y criaturas puras y divinas que se habrían paso para dejarnos ver una de sus más grandes esculturas. Se trataba de un enorme ser de arcilla blanca que yacía sobre una rodilla. Su expresión era neutral, sus labios yacían semiabiertos y de su espalda salían dos enormes alas negras que nada tenían que ver con la obra, y que sin embargo pegaban a la perfección. -Es hermosa -murmuré, acercándome para tocar uno de sus pies ásperos-. ¿Por qué es tu favorita? -Siempre he tenido una especie de debilidad por... -pasó debajo de una de las alas y levantó la barbilla para verla mejor-... los pájaros negros. Incluso planeaba tatuarme un cuervo en el brazo. -¿Te gustaban? -Me daban miedo, pero siempre me inspiraron -se contradijo, regalándome una mirada glacial-. Cuando vine a Corea, éste fue uno de los primeros lugares que visité y ésta instalación me... dejó pasmado. Hay algo en su mirada -frunció el entrecejo, mirando hacia arriba-. Algo divino, ¿sabes? Es hermoso, magnífico. Y enorme, algo que me dice que debe ser difícil de mover; y por ende su increíble importancia en este museo. Pero... -sacudió la cabeza-... luego están las alas negras. Es como si quisieran decir que éste divino ser alguna vez fue un ángel, pero por alguna misteriosa razón ha caído del cielo y yace arrodillado en la tierra; como si quisiera disculparse por algo. Pero... ¿por qué disculparse para siempre? ¿Qué fue lo que hizo, tan malo, que fue desterrado del cielo para caer en la sucia tierra de los mortales?  -¿Dices que ha pecado? -Tal vez, pero aún queda algo... -sonrió-. Aún le quedan sus alas. -¿De qué le sirven las alas si no puede volar? -Esa -se rió- es una buena pregunta. Sonreí y me crucé de brazos para seguir contemplando la estatua. -Tal vez no fue algo muy terrible lo que hizo -dudé-. O tal vez lo fue, pero aún hay esperanza de que pueda volar. -¿Crees que puede volver al cielo? -No, pero no creo que la tierra sea tan mala. -Tal vez lo es para un ángel. -Tal vez no es un ángel -me mordisqueé el labio inferior, nerviosa, sintiendo la pesada mirada de Hiroku en mi rostro-. Quizá siempre se trató de algo más oscuro. Tan hermoso como un ángel, pero tan letal como un demonio. -¿Y por qué estaría disculpándose? -No se disculpa -me acerqué a la estatua y me paré sobre la plataforma para acercarme a su rostro. Llevé una mano a su mejilla y suspiré-. Está esperando. -¿A qué? -Esa -me giré a verlo- es una buena pregunta. Se rió y descruzó los brazos. -Tal vez espera ser amado -probó-. Si es un ser bellísimo y letal, quizá no sabe amar. -Probablemente... -murmuré, con los ojos entrecerrados-. Pero hace estragos en el camino; tropieza una y otra vez y... -paré, sintiendo mi corazón martillear dentro de mi pecho. -Eso es lo que sucede con éste tipo de criaturas -levantó la barbilla y miró la estatua-. Demasiado hermoso para su propio bien. -Y el mío. -¿Qué? -N-no, nada -negué con la cabeza-. Ahora déjame mostrarte la mía. -Oh, no, yo quiero quedarme aqu... -se rió cuando lo tomé del brazo y comencé a arrastrarlo hasta otra sección. Atravesamos las estatuas y los cuadros abstractos, entre la poca gente que pasaba un domingo por la tarde en el museo de artes, hasta la sala medieval.  -¿Te gusta la gente desnuda? -inquirió, divertido. -Me encanta la gente desnuda -admití, entre risas-. Mira, allí está... -levanté un dedo para señalar mi querido cuadro, pero inmediatamente la sonrisa de mi rostro se borró. -Es bastante linda -Hiroku había levantado la vista para ver la pintura, pero yo ya no estaba prestándole demasiada atención. Bajé el dedo lentamente hasta que cayó como peso muerto a mi lado, con la vista clavada en esos ojos negros que últimamente parecían tan... maliciosos. -¿Y qué es lo que piensas de...? ¿Pauline? -el muchacho, a mi lado, siguió mi mirada y se encontró con un inexpresivo emo que nos miraba sin ningún tipo de disimulo-. Oye... ¿lo conoces? Jungkook yacía vestido completamente de n***o: botas, jeans ajustados y blusa. Tenía los brazos cruzados, y se había apoyado tranquilamente contra una de las paredes del lugar, junto a los baños. Parecía bastante... enojado, ¿quizás? No podría expresar su rostro en ese momento, porque era una máscara de dureza que desentonaba totalmente con el Jungkook que yo conocía. -No -dije, tragando saliva y volviendo a la pintura. Compuse una sonrisa y agarré con mayor fuerza el brazo de Hiroku-. Ésta pintura me hace acordar a mí. -¿Tu contemplas tu reflejo en un lago, desnuda, mientras te cepillas el cabello? Me reí. -Quizá no tan así; pero de todas formas hay algo en... Mira su rostro, parece...  -¿Triste? -Cansado -volví la vista hacia Jungkook, que seguía mirándonos. Mirándome-. Aburrido y cansado. -¿Su vida monótona le aburre? -La simpleza, lo ordinario de ella -Jungkook me dió una última mirada, hasta girarse y meterse en el pasillo de los baños-. Por eso se desnuda, para verse a si mis... Lo siento, necesito ir al baño. -¿Te encuentras bien? -inquirió, cuando ya estuve a un par de metros de él. -¡Sí!  Me metí en el pasillo y, antes de poder dar dos pasos más allá, alguien me había agarrado con fuerza por los hombros y me había postrado contra la pared. -¡Jungkook! -exclamé entre susurros. El muchacho entrecerró los ojos y tensó la mandíbula. -¿Por qué hablas tan bajo? ¿Temes que Hiroku se entere de que lo has dejado por mí? -¿Qué haces aquí? -inquirí entre dientes, furiosa. -¿Que qué hago aquí? Mi madre trabaja aquí, y necesitaba ayuda con algo -sonrió de lado, ganándose mi odio-. ¿Crees que vine por ti? -¿Ya te has aburrido de Hayoung? -Vaya, vaya, ¿tan celosa estabas? -¡Vete a la mierda, imbécil! -lo empujé lejos de mí. Jungkook observó con detenimiento como trataba de golpearlo, y luego volvió a mirarme a mí. La fiereza en su rostro hizo que me temblaran las piernas. Jamás lo había visto en pose... ruda. Y, mierda, daba miedo. Bastante. -¿Por qué me lo pones tan difícil, eh? -quitó las manos de mis hombros y dejó una en la pared, justo sobre mi cabeza. Su cercanía me estaba quitando el oxígeno-. ¿Por qué no me aceptas de chico bueno? ¿Es ésto lo que quieres? ¿Hacerme enojar? -¿Qué? -Porque lo estás logrando, niña -levantó la barbilla y sonrió con arrogancia-. Y realmente no quieres hacerme enojar. -Me importa una mierda, entiéndelo de una jodida vez. -¿Te importo una mierda? -se relamió los labios y por inercia yo me pegué más a la pared-. Repítelo, por favor. Repítelo hasta que te lo creas o al menos hasta ponerme duro. -Eres... -¿Soy qué? Sacudí la cabeza. -Déjame salir. -¿Por qué lo haría? -¡Porque no he venido a tener esta estúpida conversación contigo! Se rió, y sentí una especie de terrible choque eléctrico en mi estómago. -O sea que has venido al baño, donde viste que casualmente yo me había metido... -enarcó una ceja-. ¿De verdad no tienes una mejor excusa? -Por supuesto que la tengo: tengo una cita allá afuera esperándome y... -me frené al ver que se acercaba más a mi, tanto que la tela de su blusa rozaba la mía. Tragué duro y traté de mantener la compostura-. Gritaré si no te vas ahora mismo. -Anda, por favor -acercó sus labios a mi oreja, erizando todos los bellos de mi nuca. Podía sentir claramente su fragancia a desodorante y masculinidad, su estómago contra mi pecho-. Grita -esperó, pero yo no dije nada. Ni siquiera me moví-. Aceptaste venir a mi casa, me llamaste pervertido, me hiciste un chocolate y me mandaste a una cita. Luego te pusiste celosa y te hiciste muy amiga de un extraño, para más tarde decir que sí te gusto pero que no podemos ser nada porque yo te romperé el corazón... -se rió-. Ay, ay, Linnie, Linnie... ¿Por qué no te pones de acuerdo de una vez? -¿Por qué no lo haces tú? Quieres algo conmigo y luego Hayoung es tan simpática que la invitas a tu casa -sonreí, irónicamente-. Dime algo, Jungkook, ¿te la has follado? -Sí -se alejó de mi y pasó su lengua por la mejilla interna-. Y ha sido genial -me guiñó un ojo-. Pero se ha enojado al final. -¿Por qué? -Porque la he llamado "Pauline" -se encogió de hombros-. Ups.
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