-¿¡En serio!? -exclamé con el teléfono pegado a mi oreja-. ¡Por supuesto! ¡Ya mismo voy para allá! ¡Muchas gracias! -colgué y me reí de mí misma de tal sólo imaginar la cara que la mujer habría puesto.
Tal vez le había dado pena el oírme tan agradecida cuando sólo estaba aceptando un trabajo de medio tiempo en la peluquería del centro comercial.
Tomé mis llaves, mi celular y un poco de dinero y corrí a abrir la puerta de mi casa justo cuando...
... Mi vecino metía un dedo en el timbre, haciéndolo resonar como una alarma por todo mi cuerpo.
-¡Oh! -se sorprendió. Tragó saliva y recompuso una sonrisa-. Hola.
-¿Hola? -fruncí el ceño, viendo que sostenía un pan horneado envuelto en un lindo mantel traslúcido.
-Te he... traído pan -sonrió.
-¿Pan?
-¿Pan del perdón?
-¿De qué estás hablando, Jeon?
-Es mi forma de pedirte disculpas: "Pan del Perdón". Rayos, hyung dijo que funcionaría... -chasqueó la lengua y e insistió en empujar el pan casero contra mí-. Acepta mi pan a modo de disculpa.
-¿Qué te pasa? ¿Fuiste a la iglesia últimamente?
Jungkook hizo una mueca y casi me pareció tierno.
Casi.
-Sólo quería ofrecerte una disculpa por el pequeño... incidente.
-Pues pagaste mi renta, esa es suficiente disculpa -me encogí de hombros-. Mira, te devolveré el dinero cuanto antes y...
-¡Eso no, no importa! -se apresuró a interrumpirme, sacudiendo la mano que tenía libre frente a mi cara-. Ya lo harás cuando puedas y, si no lo haces, realmente no importa.
-¿Qué te pasa? ¿Regalas dinero así como así? -cerré la puerta detrás de mí, viendo como ponía mala cara por no haber aceptado tu pan del perdón-. Ahora mismo no tengo tiempo de hablar.
-Al menos di que me perdonas.
-Te perdono.
-No lo dices en serio -empujó el pan contra mi pecho y estuve tentadísima de arrojarle el pan por la cabeza-. Acepta mi...
-¡Ya! -tomé el pedazo de masa-. ¿Ya estás feliz?
-Sí, ya tienes mi perdón -sonrió como un niño y luego ladeó la cabeza-. ¿A dónde vas?
-A un lugar -le ignoré y comencé a caminar hacia el ascensor.
Toqué el botón y este se abrió inmediatamente, señal de que alguien lo había dejado recientemente en el quinto piso. Subí y, al ver como Jungkook subía silenciosamente a mi lado, toque el botón que mantenía las puertas abiertas.
-¿Qué haces? -inquirió, extrañado.
-Que haces tú: deja de seguirme.
-No te sigo.
-¿Ah no?
-No, yo iba a un lugar también.
Rodé los ojos, solté el botón y dejé que las puertas se abrieran. Apreté el piso cero y suspiré con resignación y aparté la mirada del muchacho.
-Lamento lo que dijo mi amiga de...
-Tu novia -lo interrumpí-. Jungkook, es tu novia.
-¡No es mi novia! ¡Te lo juro! ¡Es mi amiga!
-La verdad es que no me interesa -comencé a marcar un ritmo apresurado con el pie en el ascensor.
-Pero no es mi novia, de verdad...
-Tu follamiga, como sea; me da igual.
Cerró la boca al instante y eso me causó tanto dolor que me obligué mentalmente a no sacar el tema de nuevo. Es decir, ya sabía que se la había follado en la ducha y todo el cuento pero... Pero tal vez tenía una pequeña, pequeñísima esperanza de que sólo fuera una típica chica enamorada de un típico playboy, con las ideas un poco aguadas. Sin embargo, el saber que sólo era su "follamiga" era aún peor.
Él era de lo peor.
Él era la clase de chico de la que tu padre te advierte que no tienes que juntarte y que tu madre tiene que reconfortarte cuando te haya roto el corazón. La clase de chico que tu mejor amiga odia, porque sabe de una cara bonita y de una lengua viperina como la suya sólo puedes salir herida. La clase de chico con la que compite ese amigo que tienes desde la infancia en la friendzone y al que siempre le gustaste (bueno, ésto último no me pasó pero... se entiende).
Las puertas del ascensor se abrieron y salí a paso firme, con la frente alta y un pedazo de pan envuelto en un mantel debajo del brazo. Crucé todo el hall de entrada y finalmente salí a la calle, sintiendo como lentamente me subía la histeria por la garganta.
-¿¡Vas a seguirme todo el rato!? -solté, molesta, girándome para ver al muchacho a la cara.
Jungkook sonrió con malicia.
-De hecho iba a la universidad -hizo una pausa, disfrutando de cómo me sonrojaba hasta los dedos de los pies-. Tranquila, que no todo gira en torno a ti.
Y, diciendo esas palabras, se acercó a su motocicleta.
Tragué duro y me prometí internamente que le tiraría ese pan a los perros de la calle, mientras echaba a andar hacia el lado contrario.
Para mi suerte, tardé menos de cinco minutos en perderle por completo el rastro al emo y subirme al primer autobús derecho a Dongdaemun.
Suspiré y apoyé la frente contra la ventanilla semiabierta, por donde un agradable viento de primavera me iba azotando en la cara y despeinaba el flequillo. Uff, ¿por qué me comportaba así? Parecía una niña. "Darle el pan a los perros de la calle" ¡Ni hablar! ¡No podía caer tan bajo y desperdiciar aquel sabroso pan casero que alguien había preparado para Jungkook! ¡Que no! Se lo daría mejor a alguien necesitado de la calle.
Saqué mi celular y tecleé un mensaje rápido a Minha.
Yyyy? Lo has conseguido?
La respuesta no tardó en llegar.
MinMin: No seeeee! Aún no me dan las calificaciónes. La muy hija de su progenitora se está bebiendo un café y no corrige los exámenes!
Que mal :(
Tienes toda mi suerte!
MinMin: La necesitaré! Y yo te doy la mía hoy en el centro comercial. Fighting, Linnie
Fightiiing!
Oh! Casi me olvidaba: qué paso con el chico ese de la fiesta del emo?
MinMin: ESTA BUENÍSIMO!
MinMin: Y es adorable, y cariñoso, y es GENIAL EN LA CAMA
Tantos detalles no eran necesarios :P
Aunque me alegro por ti, niña ;)
MinMin: Y tu? Qué onda con Jungkook?
Ni me hables de él
MinMin: No me gusta oír eso :C
MinMin: Muy imbécil?
"Muy" es poco decir
Tiene novia
MinMin: QUÉ? EL REY DE LOS IMBÉCILES
Lo sé, lo sé. No importa.
MinMin: Como te vea triste voy y le encajo una patada.
MinMin: Soy cinturón n***o, por si no lo sabías
Me lo dijiste unas 1324 veces, lo tengo
MinMin: Saranghae
Sonreí y me guardé el teléfono en el bolsillo justo cuando llegaba a mi parada.
Bajé de un saltito y eché la cabeza hacia atrás para admirar el enorme y altísimo edificio que hacía de centro comercial. Arrugué la nariz. Odiaba los paseos de compras.
Me metí por la puerta giratoria y prácticamente corrí hacia la peluquería del fondo. No es que llegase tarde, pero se sabe que es de buena suerte llegar requete temprano el primer día de trabajo.
-¡Annyeongasejo! -exclamé ni bien entrar, haciendo una reverencia a noventa grados.
Cuando me paré vi que las ancianitas me veían con pura sonrisa, la ayudante hacía fuerza para no reírse y la dueña se me acercaba con una mano extendida.
-¡Pauline, querida! Bienvenida -sonrió y me dió una palmadita en la espalda-. Has llegado temprano, cielo.
-Lo sé, estaba... No me podía quedar quieta -hice una mueca-. No quiero resultar molesta, Sra. Hye.
-Oh, por favor -hizo un gesto con la mano como si espantara una mosca-. Llámame Shinbae. Sólo Shinbae.
Le devolví la sonrisa.
Conocía hacía tres años a Shinbae, pues era mi vecina del número "C". Veía todas las mañanas a la pobre mujer lidiando con su tres niños, cada que los llevaba a sus escuelas y guardería respectivamente. Había parado a hablar con ella un par de veces, y me había contado cosas bastante íntimas como que su ex marido se la pasaba ebrio y jamás pasaba a visitar a los niños y que lo revoltoso lo habían heredado de él.
Jamás había conocido a una mujer más fuerte, joven e independiente que Shinbae.
Minha y yo solíamos querer emparejarla con el Sr. Yeol, pero luego concordábamos en que el portero era demasiado despistado para encargarse de tres pequeños terremotos.
-Siéntate, nena. Lee algunas revistas -dijo Shinbae mientras volvía a seguir su trabajo en la cabeza de una mujer.
El salón se dividía en tres tocadores (con sus respectivos elementos para el cabello) y, pegados a la otra pared, tres asientos de los que llevaban el típico turbante metálico (no tenía ni idea de cómo se llamaba ni para qué servía; no frecuentaba peluquerías). Todo estaba lleno de plantas, las cuales le daban un aspecto húmedo y exótico; y pósters de las más famosas bellezas Coreanas.
-¿Qué hace Leonardo Di Caprio ahí? -inquirí, señalando una pequeña foto de revista pegada contra el borde de uno de los espejos de tocadores.
-Oh, es que es tan lindo... -se rió Shinbae-. ¡Y a mis clientes les encanta!
Me reí también y sacudí la cabeza. Aparté la mirada hacia fuera cuando ya no tuve nada de qué charlar, y vi como una figura se ocultaba entre las plantas falsas de la fuente falsa del centro comercial. Me puse en pie para ver mejor y vi que, en efecto, un chico de lentes oscuros miraba hacia la peluquería.
¿Acaso le daría vergüenza?
Salí de la peluquería de un salto y me acerqué al muchacho.
-¡Oye! ¡Oye tú! -sonreí ampliamente-. ¡Hola! ¡No seas tímido!
-¡Omo, omo! -soltó el muchacho, haciendo aire con una cámara en su mano. Frené y ladeé la cabeza, ¿por qué tendría una cámara en mano?-. ¡No, no!
-¡Espera!
Le vi salir del escondite y aprecié su melena pelirroja, sus ojos oscuros y su mueca de preocupación mientras trataba de esconder la cámara detrás de su espalda.
No me dió tiempo ni a preguntarle si era una espía de la NASA, pues ya había salido corriendo.
Esa tarde me la pasé acomodando botes, barriendo pelo cortado del suelo, cobrando a los clientes y enseñándoles dónde sentarse e incluso hice una manicura sin tener ni un gramo de experiencia (bueno, sólo tuve que pintarle las uñas a una anciana). Y luego acomodar todo antes de que Shinbae cerrara y me ofreciera a llevarme en coche a casa a lo que, obviamente, accedí.
-¿Ahora tienes que pasar a recoger a los niños? -inquirí.
-Así es -suspiró con cansancio y sonrió adorablemente-. Espero que TeeTee haya comido todo su yogurt hoy. ¿Puedes creer que la cuota es básicamente la merienda y mi niño se niega a probar bocado? Aigoo...
Me reí.
-Tal vez no saben cómo dárselo: mi prima solía comer sólo si le hacían el avioncito.
-Tienes experiencia en eso, veo -me miró por el rabillo del ojo.
-Bueno... Solía cuidarla en Francia, sí -sonreí de lado, recordando aquellos tiempos que se me hacían tan lejanos-. En aquellos momentos necesitaba paga y mis tíos se ofrecieron gratamente a dármela.
Shinbae asintió con la cabeza.
-Como ahora, ¿no? ¿Necesitabas paga? -me miró con una sonrisa que rápidamente se borró al ver mi expresión desanimada-. Omo, lo siento, no quería...
-No, no; está bien. Es cierto: me ha ido un poco mal en la última entrevista.
-¿Qué paso?
Suspiré y me miré las manos, sintiendo un cosquilleo agradable en el estómago. Hacía mucho que nadie se preocupaba así por mí; o al menos alguien más grande que yo. Alguien que me viera como la niña que en realidad, para mudarme a otro continente y salir a trabajar sin título universitario, era.
-Supongo que mi tipo de técnica no les convenía -me encogí de hombros-. Así que no expondré en un tiempo.
-Pero no esta todo perdido, ¿verdad?
-¡No, claro que no! Aún tengo un pequeño trabajo en una revista.
-¿Trabajas para una revista? ¡Daebak! ¿Qué haces?
-Oh, sólo ilustro algunas notas -suspiré-. Supongo que no es suficiente, pero es algo.
-Un trabajo fijo -dijo, y yo asentí con la cabeza-. Pues me alegro que me hayas preguntado si tenía empleo para ti porque de verdad que necesitaba muchísimo una mano extra. ¡Y qué mejor que meter en la peluquería a alguien de confianza!
Le sonreí y pretendí darle todas mis gracias con aquel gesto.
-De verdad, Shinbae, me has salvado.
-¡Aish! -sacudió la cabeza-. Oye... ¿Conoces al nuevo del H?
Sentí como mi sonrisa se borraba de golpe de mi cara y traté de recomponerla como mejor pude.
-Pues... sí. Sí, lo conozco.
-¿Y qué tal? -enarcó una ceja y, por su expresión divertida, supe que era de puro chusmerío.
Shinbae sabía más de lo que aparentaba.
-Pues... Va a la universidad, su padre es el dueño del edificio y tiene una novia muy bonita.
-¿¡Novia!? -bufó-. Qué mal; pensé que se llevarían bien ustedes dos.
-¿Cómo? -me reí, nerviosa-. ¿Y eso por qué?
-Ah, no, por nada.
¡Yah! ¡Ni me lo creo!
La mujer al volante se aclaró la garganta y cambió de tema.
-Oye, me has dejado pensado con eso de tu antigua carrera de guardería...
-Ah, ¿sí?
-Sí, sí. ¿Te interesaría volver por esos lindes?
-¿Cómo?
-La verdad es que se me haría mucho más sencillo si lo tienes tu en tu departamento: es decir, no tendría que dar tantas vueltas en coche y llegaría a tiempo a ir a buscar a Baekyeon y Seehye -sonrió-. Y a ti te tengo confianza, Linnie. No dejaría a mi TeeTee en manos de cualquiera.
-Esto... gracias. En serio, te agradezco tu confianza, pero...
-¡No tienes que responder ahora! -se apresuró a exclamar, antes de que denegara su propuesta-. Tu piénsatelo, ¿sí? Lo piensas y me dices.
-Claro, eso haré.
Shinbae estacionó frente al edificio amarillo y le dió un pellizcón en la mejilla.
-Nos vemos mañana, dongsaeng.
Me sonrojé y asentí con la cabeza.
-¡Hasta mañana! -bajé del coche y me quedé en la acera hasta que éste desapareció por la carretera. Entonces me giré y, cuando me disponía a entrar al edificio, lo recordé.
¡Había perdido el pan de Jungkook!