-¡Buen día! -exclamé cuando entraba en la peluquería, pasando el asa de mi bolso sobre mi cabeza para quitármelo y colgarlo en el perchero.
Ese día no había llegado tan temprano como el anterior, pero aún así tenía suficiente tiempo para acomodarme antes de que llegara la hora de mi turno. Me lo pasaría súper tranquila ese viernes, lo tenía bien pensado: trabajar, ir al súpermercado a comprar algunas cosas, ir a casa a pintar, mirar alguna que otra peli tonta y dormir largo y tendido hasta el sábado.
-Oh, Pauline, te has olvidado eso -Shinbae señaló la mesa del mostrador y vi, allí, el pan que debía de haberme comido el día anterior.
-A-ah, sí...
-Bueno, ¿qué te parece? -inquirió la peluquera, observando en el espejo a la mujer que acababa de cortar el cabello-. ¿Te gusta?
Me giré, ignorando su conversación, y me fijé en las tres mujeres con los tubos medio metidos en la cabeza y las revistas de moda que tapaban sus rostros.
Qué imagen más chistosa.
La anciana de la derecha bajó la revista de golpe, indignada.
-¿¡Pueden creer que Brad Pitt y Angelina Jolie se acaban de divorciar!? -exclamó la mujer.
La de la izquierda bajó la revista y capté que era una adolescente, no muchos más años menor que yo.
-¡Eso mismo! ¡Hollywood está en llamas!
La persona del medio bajó su revista y casi me caigo de culo.
-Yo creo que, de cualquier manera, nunca hicieron buena pareja -acotó Jungkook.
-¿¡Qué haces aquí!? -exclamé, sorprendida.
Jungkook sonrió y señaló el tubo que le hacía no se qué en el cabello.
-¿No lo ves? Vengo por un cambio.
-¿¡Cómo supiste que trabajaba aquí!?
-¿De qué hablas, Lin? No tengo ni idea de lo que estás diciendo -soltó una risita y yo fruncí el ceño, haciendo memoria en el día anterior.
-No puede ser... -le clavé la mirada, furiosa-. Esa persona tras los arbustos de ayer, que tenía una cámara. ¿Acaso estaba...?
Jungkook abrió mucho los ojos y se apresuró a sacudir la cabeza.
-¡Ani, ani, ani! ¡No se quien es él!
-¿Él? -enarqué una ceja-. Nunca dije que fuese un chico.
El muchacho se quedó blanco como la tiza y la adolescente, a su lado, se colgó de su brazo con un puchero.
-¡Señora, no moleste a oppa!
Pestañeé, incrédula, mientras Jungkook tapaba su cara con una mano y se reía.
-¿Me... me acabas de llamar señora?
-Ahá -la muchachita asintió, haciendo aegyo.
Que estúpidas quedaban las chicas que hacían aegyo, en serio.
Rodé los ojos y me giré para buscar la camiseta con el emblema de la peluquería para ponérmela sobre la que ya traía puesta.
-¿Linnie? -inquirió Shinbae, con las manos engrudadas en tinte-. ¿Quieres encargarte de las uñas de Hayoung? Ya ha escogido esmalte, está sobre la estantería.
Hice lo que me indicada y deseé con todas mis fuerzas que Hayoung fuese la anciana que hacía esfuerzo por leer sin sus anteojos sobre el divorcio de Angelina y Brad. Sin embargo, fue la adolescente quien me sonrió y estiró sus pies desnudos hacia mí.
Suspiré y me senté cruzando las piernas en el suelo frente a ella. Agité el esmalte antes de abrirlo e indiqué a la niña que pusiera sus pies sobre mis muslos.
Jungkook seguía todos nuestros movimientos con una sonrisa dulce en los labios pero ¡que no se equivoquen! Seguro que era uno de esos fetichistas de los pies, o algo así.
No pude evitar poner los ojos en blanco mientras acercaba el pincel del esmalte color azul eléctrico y comenzaba a pintar las uñas de la muchacha.
-Entonces, ¿has considerado mi oferta? -inquirió Hayoung, girando la cabeza hacia Jungkook.
-¿Mmm? -sentía la mirada del chico clava en mí, ¿¡por qué no miraba hacia otra parte!?
-¡Oppa!
Hasta yo me asusté con ese gritito.
-Ah, si, lo siento yo... Estaré ocupado ésta semana.
-¡Claro que sí! Con todo el trabajo que da la universidad... -lejos de parecer decepcionada, la muchacha estaba encantada-. ¿Entonces? ¿La otra semana podemos ir al cine?
-Es que no hay nada en cartelera que me guste.
-Bueno, ¡no hay por qué ir al cine! ¿Crees que podríamos ir a las atracciónes?
-Los juegos de ese tipo me dan náuseas.
Miré a Jungkook con odio. Podía ser un imbécil conmigo y eso me molestaba, pero incluso cuando esa niña me había llamado "señora" me veía en la posición de saltar por ella.
-No es tan complicado, Jeon -dije, atrayendo la mirada de todos-. Si quieres salir con ella entonces hazte un hueco y listo.
El muchacho hizo una mueca y la aludida agachó la mirada, avergonzada. Sacudí la cabeza y volví a sus pies.
-Tal vez podamos salir este fin de semana a... -Jungkook se arremangó, dejando a la vista sus músculos-. ¿Te apetece ir de compras?
-¡Claro! ¡Sí!
Tragué saliva. O sea, realmente era yo quién le había insinuado que no fuera un completo imbécil con la pobre chica pero... Aigoo, ¿por qué me molestaba?
-¿Y tu, Lin? -inquirió, haciendo que levante la mirada y sonriéndome de esa forma que hacía que se me entrecortara la respiración-. ¿Vienes también?
-Pero, oppa... -se quejó Hayoung-. Creí que seríamos... sólo nosotros dos.
-Y así será, no tengo tiempo ni dinero para ir de compras -me sinceré, encogiéndome de hombros-. Pueden ir solos ustedes dos.
Frené en seco, con el pincel del esmalte en el aire. Jungkook tenía novia, o una follamiga; de cualquier manera terminaría haciendo doler a Hayoung. ¿Debía mencionarlo en voz alta y hacerla enfadar o esperar a que se enfadara sola?
-¿Está todo bien? -inquirió la muchacha, incitándome a que siguiera pintando su otro pie.
Le sonreí.
-Sí, no es nada.
No, definitivamente no iba a decir nada. ¿Para qué? Jungkook y su vida personal no era de mi incumbencia, y ni siquiera conocía a esa chica como para saltar por ella. Había conseguido una cita con su oppa y hasta ahí llegaba mi buena predisposición.
-Jungkook oppa... -comenzó la muchacha, mientras terminaba de pintar su pie y comenzaba a soplar para que se secara el esmalte. A decir verdad, me alegraba que tuviera que pintar los pies de la muchacha y no de la anciana-. ¿Crees que soy bonita?
¿Qué? ¿¡Qué clase de pregunta es esa!?
-Claro que creo que eres bonita. Yeppuda -Jungkook estiró la mano y le pellizcó la mejilla, haciendo que ésta soltara risitas estúpidas.
Y estúpida también me sentía yo.
-Hum... ¿Shinbae? No me encuentro bien, voy al baño -le susurré.
-Claro, claro.
Lamentablemente (o mejor dicho, para mi suerte) los baños que debía usar eran los del centro comercial, así que tuve que salir de la peluquería y caminar por el pasillo y entrar en los baños de damas. O, bueno, lo habría hecho de no haberme topado de sopetón con otra muchacha molesta que parecía estar comprándose el lugar entero con sus amigas.
Pero claro que la conocía, ¿cómo no iba a recordar esa bonita cara llena de maquillaje? Era la novia de Jungkook.
-Ah, mira lo que trajo el viento -murmuró, ladeando la cabeza como si quisiera mostrarse mala.
¿Mala? Mala no lograría mostrarse ni aunque se quitara esos tacos aguja con los que ni siquiera llegaba a mi altura.
Rodé los ojos por segunda vez en el día, gesto que odiaba, y le sonreí forzosamente.
-¿Qué tal? Iba al baño ahora mismo, así que si me disculpas... -quise pasar a su lado, pero volvió a cortarme el paso-. ¿Qué quieres?
-¿Así de mal me tratas? ¿Es que acaso hay rencor entre nosotras?
-¿Me estás jodiendo? -me reí con ironía-. ¿Por qué iba a haber rencor?
-Mmmm, no lo sé -sonrió-. Dímelo tú.
Ésta chica sólo quiere pelear, en serio.
-¿Sabes qué? No, no te tengo ningún rencor. Sólo quiero ir al baño.
-Sé un poco más delicada, ¿no crees? No vas a conseguirte a ningún chico, y menos a mi Jungkook, con ese vocabulario ordinario.
¿Ordinario? ¡Sólo había dicho que quería ir al baño! ¿Acaso ella orinaba perfume, o algo así?
-Tu Jungkook no me interesa en lo más mínimo, así que...
-Ya, sí -se rió, y sus amigas también se rieron.
-¿¡Por qué no te vas de una jodida vez y me dejas en paz!? ¡Ni siquiera te estaba molestando!
-Oh, cariño, lo haces con tu sola presencia -hizo una mueca horrible y se corrió bruscamente el pelo rubio de la cara-. Tu problema es que estás celosa, ¿no?
-¿Celosa? ¿De qué iba a estar celosa?
-De que yo pasé una noche entera de sesiones de sexo con Jungkook y tu no.
Pensé que querría vomitar ni bien escuchar algo así, pero lo único que sentí fue una ira que me colmó por completo. ¿Por qué quería provocarme? ¡Ya todos sabíamos lo que había pasado entre ellos esa tarde!
-De verdad que no es de mi incumbencia -me limité a responder, respirando profundo por la nariz.
-Genial, porque pienso seguir follándomelo y...
-¿¡Qué hay!? -saltó una voz muy cerca de mi oído.
Quise girarme a ver, pero el muchacho había pasado un brazo fuerte sobre mis hombros para retenerme.
-J-Jungkook -la muchachita sonrió encantadoramente, como si todo lo que hubiera pasado antes no importara-. ¿Q-qué haces aquí?
-Oh, sólo paseaba. ¿Te gusta? -señaló su pelo.
Me giré para verlo, y vi que llevaba el cabello castaño ahora.
Dios, ¿por qué tienes que ser tan jodidamente atractivo?
-¡Oppa, me encanta! -la muchacha soltó sus bolsas y aplaudió con demasiada euforia-. ¡Te ves muy bien!
El aludido sonrió y me dedicó una mirada bastante intensa.
-¿Qué hacían las dos aquí? -inquirió con voz grave-. ¿Tu no ibas al baño?
La rubia enarcó una ceja, repentinamente incrédula.
-Si, pero tu novia me retuvo con su anécdota de sesiónes de sexo. De verdad, ¿podrías soltarme?
El muchacho hizo caso omiso a mi comentario y observó a la muchacha con el ceño fruncido, repentinamente callado, y ella apartó la mirada y se sonrojó.
Y yo sólo quería ir al baño. ¿¡Cómo es que la gente acaba en este tipo de situaciónes!?
-Así que eso te ha dicho -comentó Jungkook entre dientes.
-B-bueno, creo que será mejor que nos vayamos, ¿no? -la rubia sonrió a sus amigas, que asintieron mucho con la cabeza-. Mamá nos espera en el auto. Nos vemos después, Kookie.
-Oh, claro que nos vamos a ver.
La rubia se fue bastante alterada, o eso pensé yo. Si tanto le gustaba su queridísimo oppa, ¿por qué no se quedaba a desvivirse por él o algo así? ¿Era una broma?
Me deshice del brazo de Jungkook y me alejé unos pasos de él, viéndolo bastante tenso.
-Oye, ¿te encuentras bien? -inquirí, pese a mi voluntad de hacerme la ruda siempre con él.
El muchacho parpadeó y me dedicó una sonrisa que no parecía muy convencida.
-Voy a jugar videojuegos. ¿Puedo llevarte a casa cuando termine tu turno en la peluquería?
Tardé un poco en responder, confundida.
-No me has respondido.
Jungkook tragó saliva y metió las manos en los bolsillos traseros de sus jeans, tratando de mostrar indiferencia.
-Tu tampoco a mí.
-Está bien, puedes llevarme a casa -me crucé de brazos-. Pero, ¿por qué querrías hacer eso?
-Supongo que tengo que hablar contigo y busco alguna excusa buena. Te paso a buscar a las seis -sin esperar respuesta, se giró y me dejó sola con cara de signo de pregunta.
¿Qué había sido toda esa escena? Si yo sólo quería ir al baño...
-¡Adiós Shinbae! -exclamé, sacudiendo la mano.
-¡Espera! ¿No quieres que te lleve?
-Oh, no hace falta. Me... Me llevará Jungkook.
-¿Ah, sí? -enarcó una ceja, divertida-. ¿Y cómo es eso? ¿Se han hecho amigos?
-No lo creo -me reí e hice una corta reverencia antes de dejar el local y prácticamente trotar hasta la salida del centro comercial.
Como si fuera un sueño, el chico más atractivo que había visto en mi vida se hallaba apoyado contra su motocicleta monstruosamente grande y reluciente. Sus brazos cruzados se marcaban, musculosos, y su ceño fruncido hacía que me temblaran las rodillas. Era la viva imagen de un modelo de revista.
-Ahí estás -lo saludé.
Jungkook se giró rápidamente hacia mi y sonrió. Me tendió el casco y subió a su motocicleta.
-¿Qué es eso que de lo que querías hablar? -inquirí, acomodándome detrás de él.
-Mejor cuando lleguemos.
Puso el motor en marcha y ambos salimos despedidos a gran velocidad por la acera, haciendo que de la impresión me sostuviera con fuerza a su vientre plano y duro. Y, la verdad, algo me decía que en parte eso había sido adrede.
Me mordí las mejillas internas por no sonreír. No sonreiría por ese idiota, que ya suficiente había demostrado de sí mismo. Un pervertido sin sentimientos.
No hizo falta dejarme mucho con la duda, pues así como en autobús tardaba unos veinte minutos, en moto tardaba unos cinco. Así que cuando frenamos frente al edificio amarillo y Jungkook entraba al minúsculo garaje y ataba su vehículo con cadenas, yo me quité el casco y pregunté:
-De qué querías hablar.
-Vaya -se rió-. Eres como una niña.
Hice una mueca y le tendí el casco.
-Sólo me entra curiosidad lo que un neandertal como tú pueda querer compartir conmigo.
Jungkook se rió y ambos caminamos hacia el ascensor.
-Sólo quería decirte que no es verdad lo que dijo.
Fruncí el ceño.
-¿Quién? ¿La rubia?
-Sí: no nos hemos acostado -se rascó la nuca-. O sea, sí que ha sido algo así como... ¿Cómo le llamabas tu?
-¿Follamiga?
-Eso. Pero... las cosas se pusieron diferentes.
El ascensor abrió sus puertas y ambos nos metimos. Jungkook presionó el botón con el número cinco.
-Cuando empieces a hablar bien te voy a entender, Jeon.
-Ruda -me dió un ligero empujoncito-. Ella comenzó a pensar que había algo más entre nosotros, así que cuando vino a casa esa tarde que tu te fuiste algo enojada pues... Hablamos.
-Hablaron -repetí, no me lo creía.
-Sí. Pasamos toda la tarde juntos, eso es verdad, pero no tuvimos sexo -entrecerró los ojos-. La verdad no tengo ni idea de por qué te dijo eso.
-Yo sí: estaba celosa.
-¿De ti?
-Estúpido, ¿no? -sacudí la cabeza-. Supongo que eso hace la gente enamorado.
-Entonces... ¿me crees?
-¿Qué importa? Da igual, yo...
-Importa -las puertas del ascensor se abrieron-. Me importa.
Salimos al mismo tiempo, él con la vista fija en mis ojos y yo con la vista fija en mi puerta. Cuando llegué junto a la letra "A" y saqué las llaves, el muchacho estaba a mi lado.
-¿Por qué te importaría contármelo? Al fin y al cabo, es lo mismo.
-No quiero que pienses así de mí -Jungkook me agarró ambos brazos y se agachó un poco para que sus ojos estuvieran a la altura de los míos.
Sentía sus dedos cálidos sobre mis brazos desnudos, su mirada penetrante parecía capaz de leerme el pensamiento y no paraba de lamerse los labios. Dios, esos labios.
-No pienso nada de ti.
-Mientes. Sé que crees que soy un imbécil -sonrió-. Y lo soy, pero no esa clase de imbécil. Jamás jugaría con una chica que realmente se ha fijado en mí.
Tragué saliva, sus ojos me estaban matando. Sentía como si quisiera decirme algo con la mirada, como si estuviera suplicando internamente "Pauline, ¿es que no entiendes lo que te quiero decir?". Pero no, no lo hacía. ¡No podía entenderlo! De hecho ni siquiera era capaz de pensar bien teniéndolo tan cerca.
-¿Acaso es importante que tenga una buena imagen de ti?
-¡Claro que sí!
-¿Por qué? Sólo soy... -me encogí-. Tu vecina.
Jungkook abrió la boca como para decir algo, pero inmediatamente la cerró y sonrió.
-Mi vecina tonta -me soltó y sacudió mi cabello-. ¿Sales esta noche?
-Hum... sí, con mi televisor. Tendremos una noche intensa.
El muchacho se rió y me soltó. Se rascó la nuca, pensativo.
-Pues ahora mismo yo tengo que hacer un trabajo para la universidad y luego estaré... mmh... libre. Y, bueno, ya sabes que mi televisor es mil veces más grande, así que...
-¡Oye! ¡No insultes a Suzy!
-¿Suzy? -sonrió burlonamente-. ¿Le has puesto nombre a su televisor?
-Le he puesto nombre a todos mis electrodomésticos.
-Pues eso dice mucho de ti, ¿no? ¿Chica solitaria que pasa la noche hablando con sus electrodomésticos? -torció la boca-. Ahora sí que no me queda ninguna duda: a las diez en punto te vienes a casa y hacemos maratón de películas.
-¿Qué? Pero...
-Las que tu quieras -me guiñó un ojo-. Y si no quieres pues... Bueno, entonces puedes quedarte con Suzy -se encogió de hombros y se marchó.
Y sonreí porque pese a ser un pervertido tal vez, sólo tal vez, Jungkook sí tenía sentimientos.