11- No more Suzy

2177 Palabras
Jungkook tenía razón, mi televisor era muy chico y el suyo era lo ideal para el cine en casa. O eso fue lo que me dije para tratar de convencerme y, finalmente, tocar el timbre de su departamento. El muchacho abrió la puerta con una ceja enarcada en un típico gesto de arrogancia. -Hola, pero qué... -su expresión pareció un poco pasmada-... sexy te has puesto para la ocasión. Ladeé la cabeza, en plan "¿en serio?".  Como había decidido mentalmente que era lo suficientemente fuerte como para rechazar todos y cada uno de los intentos de coqueteo por parte del muchacho (cosa que me costaría sudor y lágrimas, pero aún así lo intentaría), había escogido la ropa más cómoda y menos sensual que tenía: unos pantalones de pijamas de conejitos, un suéter rayado gigante con algunos agujeros de polillas, crocs con medias de lana y un pañuelo a modo de turbante que servía para mantener mi flequillo alejado de mi frente. Soy tan jodidamente sensual. -Deja de verme como si fuera fea -entrecerré los ojos con molestia. -No te veo como si fueras fea, te veo como si fueras horrible. Pero me contento -se encogió de hombros y sonrió cuando hice una mueca-. ¿Qué traes ahí? Estiré el balde y las sodas para que las sostuviera, porque la verdad ya me estaban molestando.  -Hice pochoclos. -¡Genial! ¡Sabes cocinar? Enarqué una ceja. -¿Cocinar? Sólo tengo que poner la bolsa en el microondas y... ya sabes -hice un gesto con las manos-. Hacen pum-pum. -Pum-pum, sí -me sonrió como si fuera una cría y luego hizo un gesto con la barbilla, corriéndose de la puerta-. Pasa. Entré arrastrando mis croc por el suelo y me dirigí directamente a su habitación, sorprendiéndome de lo que veía. Jungkook había corrido la cama, la había puesto en horizontal, y sobre ésta había improvisado un sillón con almohadones y acolchados. -Genial -murmuré fingiendo indiferencia, cuando en realidad sentía una guerra de mariposas en mi estómago de sólo pensar en compartir cama con Jungkook. ¡Y por segunda vez! Alto. ¿Y si la cama era una táctica para aprovecharse de mi inocencia o algo así? -¿Por qué no vamos al sillón como la gente normal? -inquirí, girándome hacia él. -¿Porque no tengo televisor en la sala? -respondió con una pregunta, mirándome como si fuera estúpida-. ¿Qué? ¿Acaso vas a pedirme que la mueva? -le sonreí y su expresión se tornó molesta-. No me jodas, no voy a moverla. -¡Sí! ¡Será mejor si vemos películas en un sillón! -No pienso mover a Gustav. -¿Gustav? -¿Tu puedes ponerle nombre a tu televisor y yo no? -sonrió de lado, dejando la comida sobre una de las mesitas de luz-. ¿Quieres poner tu hermoso trasero en esa cama y dejar de molestar? -¡Que la muevas! -¡No pienso moverla! Pero al final sí la movió, así que pronto nos encontramos surfeando entre las películas de su cuenta de Netflix cómodos en su enorme sillón. El muchacho había apagado todas las luces, pero aún así entraba luz del balcón; dándole un aura tan estética que me sorprendí deseosa de pintarlo. -No puedo creer que te hayas visto la película de Pókemon -negué con la cabeza, ignorando la mueca que me ponía-. Y no creas que he ignorado las de Crepúsculo, porque... -Le llegas a decir a alguien que me vi las de Crepúsculo y te juro que... -se detuvo, mordiéndose el labio para no reírse cuando yo lancé una carcajada. -¡Ya, ya! Pero dime que eres team Jacob, porque... -¡Me ofendes! -saltó, poniéndose una mano en el pecho-. ¡Soy team Edward! -Aish, qué tibio. Se rió y volvió la vista al televisor, con el control en la mano y una sonrisa congelada en el rostro. Madre mía, pero qué lindo ser humano. Recosté la espalda contra el sillón y me dediqué a verle con detenimiento. Llevaba una blusa blanca y los pantalones grises que me había prestado la otra noche. Tenía medias rojas de Iron Man que cortaban totalmente con su pinta de chico rudo, el cabello ahora castaño despeinado y la sombra de ojos medio borroneada. Hermoso. Simplemente una obra de arte. -¿Me quieres dibujar? -inquirió, sin apartar la mirada de la pantalla. -¿Qué? ¡No! -¿Por qué no? -se giró a verme, ofendido-. ¿Tan feo soy? -Feísimo. -Bruja. Me reí e hice un amago de...  Me detuve, con los ojos muy abiertos. Jungkook también abrió mucho los ojos. -¿Ibas a abrazarme? -inquirió, casi sin mover los músculos faciales. -Para nada, no. Absolutamente jamás haría una cosa como esa. Entrecerró los ojos y sonrió ladino, como si no me creyera. -Sabes que puedes tocarme cuando quieras, ¿no? -enarcó una ceja-. Ya sea desde un abrazo hasta... -Por comentarios como éstos es que me dan ganas de tocarte. Con mi puño. En tu jodida bonita cara. -¿No que te parecía feísimo? ¿Ahora mi cara es bonita? -sacudió la cabeza, desesperado-. Decídete, niña. -Sólo pon una película -apoyé la barbilla sobre las rodillas y, cuando se giró para seguir buscando, le sonreí. -¿Qué te parece Iron Man? -Algo me dice que la viste unas setecientas veces. No sé, tal vez tus medias. -¡Es una película increíble! -Veamos una que no hayamos visto ninguno de los dos, ¿qué te parece? -¿Una romántica? -Una de terror. Arrugó el entrecejo. -¿De verdad viniste a mi casa para mirar películas de terror? -¡Las adoro! -hice un corazón con los brazos, provocándole una risita-. ¡Podemos ver Rec! -¿No dijiste que veamos una que no hayamos visto? -No la vi... -Mentirosa. ¡Oh! ¡Ésta! -señaló con un dedo la pantalla. -¿Escuadrón s*****a? No voy a pasarme la noche limpiándote las babas. O sea, Harley Quinn estaba buenísima y no tenía ninguna gana de, en ese momento, verle hormonal porque esa mujer. No cuando estaba vestida como una indingente. -No lo puedo evitar, es que... Dios -sacó la lengua como un perro-. El Joker es tan... buau. Me reí y asentí con la cabeza, agradecida al ver que seguía pasándolas y no se detenía en esa. -Coraline -solté. -¿Coraline? -ladeó la cabeza-. ¿La de los ojos de botones, Coraline? -Sí, bueno... -sacudí la cabeza-. Ya la he visto en realidad. -También yo -me miró-. Pero es una buena película. Asentí con la misma cara de "tenemos un trato" que él me estaba dando, y Jungkook puso play. Y es que todo iba bien, la película era genial y todo, hasta que a Jungkook se le ocurrió atragantarse con un puñado de pochoclos. -¡Que no te comas de a tantos! -exclamé, furiosa porque no encontraba el botón de pausa mientras Jungkook se ahogaba a mi lado-. ¡Imbécil! Ju... ¿Jungkook? ¡Jungkook no te mueras! Levanté una soda del piso y se la di para que luego echara un gran trago. Cuando dejó de toser comenzó a reírse, mientras yo pasaba de mirarlo con preocupación a mirarlo con odio. -¡Deberías ver tu cara! -exclamó, dejándose caer entre los almohadones. -¡No es gracioso! -comencé a golpearlo en las costillas, pero él comenzó a esquivar mis puños entre risas-. ¡Pensé que tendría que dar una explicación de tu muerte a los policías! -Exagerada -me sostuvo las muñecas cuando le di a una costilla-. Esa me dolió. -Era a idea -miré hacia la pantalla-. Tendrás que retroceder la película, porque... ¿Qué? Jungkook yacía recostado sobre el sillón y aún no había soltado mis muñecas. Sus ojos negros estaban fijos en mi rostro, sus labios entreabiertos y su flequillo sobre la frente. -Es sólo que eres muy bonita. -Hieres mis sentimientos -tiré para soltarme, pero no lo logré. -¿Por qué dices eso? -Porque no lo dices en serio. -¡Lo digo totalmente en serio! -se rió, divertido. -Si, justo cuando estoy así vestida. Te creo y todo, Jungkook. -¡Justamente así vestida tengo que decírtelo! ¿Sabes? Hay chicas que cuando se quitan el maquillaje y el vestido de la mejor marca son... sólo eso. Chicas. Comunes, corrientes y aburridas. Pero tú incluso vestida como un circo te ves bonita. Me sonrojé y traté de soltarme, pero nuevamente no lo logré. Molesta, rodé los ojos y aparté la mirada. -De verdad que se nos está adelantando la peli y... -¡Olvida la jodida película por un segundo! -soltó mis muñecas y se sentó de golpe, asustándome con su cercanía-. Espera un momento, ¿te has sonrojado? -No. -¡Que sí! ¡Estás como un tomate! -¡Eso es porque me haces enfadar, Jeon! -O tal vez porque te gusto. -¡Ni de broma! -levanté un almohadón y se lo asesté en plena cara. -Un poquito al menos tengo que gustarte -dijo, apartando mi arma de su rostro con indiferencia. Agarré otro almohadón pero, antes de que pudiera volver a abofetearlo con éste, el muchacho me había envuelto entre sus brazos y ambos caímos rodando del sillón. Chillé y cerré la boca al instante cuando descubrí que no estaba en una de las posiciónes menos comprometedoras. Una de mis piernas estaba entre las suyas, mis pechos yacían totalmente sobre su barriga y mis brazos sobre su pecho. Sentí su respiración cálida y tranquila, mientras él me miraba como adormilado. Contuve las ganas de abrazarlo como si se tratara de un osito, porque la verdad es que era muy cómodo y suave, y me levanté. Jungkook agarró mi mano y de un tirón brusco volvió a dejarme sobre él. Ésta vez no pude levantarme. O sea, no quise. -No te resistas a mis encantos -sonrió-. Sólo tienes que decir por favor, oppa, bésame. -Sabes perfectamente que no lo haré nunca en la vida. -¿Entonces tendré que recurrir al plan B? -¿Y cuál es? -Por favor, dongsaeng, ¿quieres besarme? Mi corazón se aceleró, y me obligué a inspirar profundo por la nariz y rodar los ojos. -No seas imbécil, Jungkook. -No soy imbécil, sólo... -se me quedó mirando. Le vi tragar saliva y asentir-. Está bien, lo siento. Se paró y me sentó en el sillón, para luego ocupar el lugar a mi lado y tomar el control para retroceder. Me lo quedé mirando como si fuera un bicho raro. ¿Estaba pasando lo que creía que estaba pasando? -¿Te darás por vencido? ¿Así de fácil? -inquirí. -Prefiero darme por vencido a que te enojes y te termines marchando. No quiero mirar Coraline solo -hizo una mueca y se giró con cara de pervertido-. ¿O es que quieres que siga insistiendo? Porque si quieres que... -¡Sólo dale play! El muchacho obedeció y comenzamos a ver en silencio la película que iba ya por la mitad. Vi como Jungkook llevaba casi inconscientemente la mano a los pochoclos. -Come con cuidado, ¿puedes? -le reproché. -En caso de que sea demasiado tarde, tengo el número de emergencias en la heladera. -Genial. El muchacho se rió y por fin ambos estuvimos en silencio hasta el final de la película. O, bueno, eso creí; porque de haberme dicho algo no lo habría escuchado ya que me quedé dormida. Abrí los ojos al escuchar un repentino silencio, y parpadeé lentamente para ver la silueta de Jungkook a mi lado recortada por los títulos de la pantalla. ¿¡Ya había terminado!? ¡Pero si sólo había visto hasta que las cosas se ponían feas!  Fui a abrir la boca, pero me detuve al comprobar lo que el muchacho hacía. Sus dedos se deslizaban por mi mano, acariciando la palma y dando ligeros apretones en los dedos. Como si quisiera memorizar la forma.  -Tienes manos de niña -murmuró con voz ronca, a mi lado-. Son muy pequeñas, y te comes las uñas. Cerré los dedos en un puño y la llevé a mi pecho, avergonzada porque se hubiera dado cuenta. El muchacho, recostado a mi lado, me sonrió. -¿Te avergüenzas de tus manos? -inquirió. -Para nada. Son manos de artista. ¿Lo ves? -le mostré el dorso de mi mano-. No uñas, no anillos, ampollas...  -Me gustan tus manos. Me senté, incómoda pues mi hombro estaba casi sobre el suyo. -Ya terminó la película... -Pues sí, te has quedado dormida como a la mitad y yo he aprovechado para... -se detuvo. -¿Para qué? -Ir al baño. -¿Para qué, Jungkook? -fruncí el ceño, pensando lo peor. ¿Tenía el sueño tan pesado como para no darme cuenta si me levantaba la remera o algo así? No estaba segura, pero de sólo pensarlo me daban ganas de golpearle la cara. -¡Jungkook! -¡Sólo te tomé algunas fotografías! -¿¡Qué hiciste qué!? -¿No te dije que adoro la fotografía? -¿Por qué? -Todos tenemos un hobbie, ¿no? -sonrió. -¡No! ¿¡Por qué me tomaste fotografías!? -Porque te veías muy linda durmiendo... -¡No puedes hacerlo! ¡Estaba dormida! -Si te despertaba arruinaría la foto perfecta. -¡No puedes tomar fotografías sin avisar! ¡Es mi cara! -¡Es mi casa! ¿Me estaba jodiendo? ¿En serio iba a usar eso como excusa? -Pues seguro ha sido una foto más que horrible -me crucé de brazos. -Ha sido una foto genial, una posición genial y la luz... -Por supuesto que yo habré de haber salido genial, pero seguro que eres tan estúpido que no sacaste la tapa o algo así. -¿Perdona? -se rió-. Yo soy el gran artista aquí. -¿Ah sí? -sonreí, irónica-. ¿Tú eres el gran artista? -Pues yo tengo una exposición en museo y tu no, así que... N-no... No quería decir eso, yo... -Vete a la jodida mierda, imbécil -me quise levantar, pero Jungkook me agarró por la cintura para volverme a acostar y echarse sobre mí para inmovilizarme-. ¡S-suéltame! ¡Jungkook! ¡Me aplastas! -¡Lamento haber dicho eso! -sonreía mostrado todos los dientes-. Pero debes admitir que fue un buen chiste. -¡Imbécil! -¿Puedes ponerme otro apodo? Uno, no sé, ¿más lindo? ¿Cutie pie? ¿Babydoll? ¿Galletita? -¡Idiota! -Aigoo, no tienes remedio, pequeña. -¡Pequeña tu...! No pude terminar de hablar. No pude terminar de hablar porque Jungkook había unido sus suaves y rojizos labios con los míos, acallándome en un beso estático y profundo.  Abrí los ojos como platos y dejé de forcejear, repentinamente fuera de mí. ¡Jeon Jungkook me estaba besando! ¡Eso era un beso! ¡Su adn estaba en mis labios! ¡Su respiración cálida chocaba contra mi nariz! Omo, omo, omo. Cuando Jungkook se apartó sonrió con victoria. -Mira quién se ha sonrojado de vuelta -dijo.
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