Me crucé de brazos y agaché la cabeza, furiosa por su burlona reacción.
-No, yo... -comencé.
-¿Qué? ¿No quieres entrar? -se rió.
¿Se reía? ¿De qué? ¿De mí?
Lo fulminé con la mirada, aunque lo único que logré fue acentuar aún más su sonrisa.
-No gracias.
-¿No...? Oh, bien -se encogió de hombros-. Como quieras.
Cerró la puerta y yo sólo pude quedarme boquiabierta. ¿De verdad iba a hacerme eso? ¿De verdad quería jugar conmigo de esa manera? Y la verdad es que mi orgullo me gritaba hasta el cansancio "¡Quédate ahí! ¡Duérmete en el pasillo!", sabía que era poco práctico y nada seguro. Y, además, también sabía que no podía despertar al Sr. Yeol. No sólo debía dinero, ¿sino que además lo molestaba en pleno sueño por mi torpeza? No, no; imposible.
-J-Jungkook... -murmuré.
La puerta se abrió de golpe, revelando que todo ese tiempo el muchacho había estado esperando mi reacción.
-¿Sí?
Aquello me molestó enormemente. Suspiré, rodé los ojos y cambié el peso del cuerpo de una pierna a otra.
-Anda ya, sabes que no puedo despertar al Sr. Yeol...
-Ahá, ¿entonces? ¿Qué vas a hacer? -se cruzó de brazos y se apoyó junto a la puerta-. Digo, ya que decidiste rechazar mi invitación...
-Pues resulta que ahora mismo decidí no rechazarla.
Jungkook sonrió y yo apreté la mandíbula con fuerza.
-¿Y cómo es eso? Primero dices que no, y luego que sí... ¿Crees que está bien jugar con mi pobre corazón?
-¿¡Pero eres imbécil!? ¡Estoy diciendo que...!
-¿Imbécil? -me interrumpió, chasqueando la lengua-. No lograrás nada siendo una chica mala, eh. Más vale te disculpes ahora, o sino...
-¿O sino qué?
-Terminarás durmiendo junto a mi puerta -me hizo ojitos y no lo pude creer.
-En serio, son como las tres de la madrugada; ¿es que no puedes comportarme cómo un buen vecino una sola vez?
-Puedo ser el vecino más generoso que hayas conocido, hacerte pasar la mejor noche de tu vida como te dije antes -paseó su mirada desde mis pies hasta mi rostro, y luego nuevamente hasta mis pies, provocándome un mar de sensaciónes parecidas a la excitación y el asco-. Pero necesito que te disculpes primero.
-¿No lo he hecho ya?
-Para nada.
-Eres un... -cuando me fulminó con la mirada frené mis palabras. Tomé aire y solté muy bajito-. Perdóname.
-¿Mm? ¿Más fuerte?
-Que me perdones...
-No te escucho, lo siento. Creo que tendré que... -comenzó a cerrar su puerta.
-¡¡¡Oye!!!
Me lancé hacia adelante para mantenerla abierta, pero en un tropiezo terminé cayendo arriba de él y él al suelo. Su nariz quedó a poco centímetros que la mía, por lo que nos quedamos mirándonos con los ojos como platos. ¿Y qué hay de la posición? ¡Estaba sentada a horcajadas sobre él!
De repente ya no parecía sorprendido; de repente sonrió un poco y mordió su labio inferior con la clara idea de provocarme.
-¿Sabes? Si querías ésto sólo tenías que pedirlo -levantó un poco su torso para pegarse a mí y ladeó la cabeza para besarme.
-¡Aigoo! -exclamé, empujándolo hacia atrás con fuerza y levantándome con más rapidez aún.
Alisé mi blusa con las mejillas ardiendo y agradecí al cielo llevar jeans y no pollera. Acomodé mi flequillo con una mano y me aclaré la garganta, tratando de demostrar una seguridad que no sentía.
Jungkook se puso en pie de un tirón y cerró la puerta con una sonrisa.
-¿Quieres comer algo? -preguntó.
Quiero comerte a ti.
Sacudí la cabeza, como si quisiera sacar esos pensamientos de mi cabeza, y compuse una falsa sonrisa.
-Estoy bien, sólo necesito un rato hasta que... Salga el sol.
-Eso son como cuatro horas; ¿seguro que no quieres nada?
-Seguro, yo...
-¿No quieres un té? -mis ojos brillaron ante la sola mención de la sustancia y Jungkook sonrió orgulloso-. Eso sí, ¿eh? No tengas vergüenza en pedirme lo que quieras.
Agaché la cabeza y apreté los labios en una sonrisa rara y vergonzosa.
El muchacho me guió hacia la cocina, un espacio demasiado blanco y gris, y puso agua a calentar. Eligió una taza negra con ojillos y nariz de gatito, y abrió la alacena para que yo eligiera algún té en particular.
-¿De qué sabor es la marrón? -inquirí.
-Dulce de leche.
-Nunca lo he probado...
-Entonces pruébalo ahora. Seguro te encantará -sacó un sobresito y lo puso dentro de la taza. Apoyó el trasero contra la mesada para mirarme y cruzarse de brazos mientras esperábamos que estuviera lista el agua-. Cuéntame algo. ¿Eres de las que prefieren el té al café?
-Siempre lo he preferido, pero bebo más café en general.
-¿Y eso?
-Me ayuda a concentrarme -hice una pausa-. Cuando pinto.
-Veo que ya no te será de ayuda.
-¿Qué? ¿Por qué lo dices?
-Bueno... tener un vecino tan extremadamente guapo y sexy será una distracción tan grande que ni el café te mantendrá concentrada.
Rodé los ojos, sin poder evitar soltar una risita.
-Eres bastante disgustante, ¿lo sabías?
-Me han dicho cosas peores, gatita.
¿Me ha dicho gatita? Ajj... ¿¡Cómo se atreve!?
Me aclaré la garganta con clara intención de ignorar eso y seguí hablando.
-No tengo demasiado sueño; puedes ir a dormir y no te molestaré.
-¿Cómo iba a dormir sabiendo que tu esperas en vela en el comedor? Además, tampoco tengo demasiado sueño.
-¿Cómo que no? ¿A las tres de la madrugada?
La verdad es que yo me moría de sueño, pero no iba a cerrar los ojos y bajar la guardia en la casa de un pervertido como él. ¿¡Quién sabe lo que haría!?
-Pues, sabes... A ésta edad, los jóvenes, solemos tener más ganas de hacer muchas cosas en la habitación y no precisamente dormir -se relamió el labio y, antes de que yo pudiera gritarle algo, siguió hablando-. Como por ejemplo jugar videojuegos.
Se rió al ver que mi expresión era un poema.
-¿Videojuegos? ¿En serio?
-Muy en serio, ¿¡quieres ver qué tan bueno soy!?
-¿¡Es que tienes dieciséis!?
-¡Eh! ¡Ruda! -entrecerró los ojos e hizo el tórax hacia adelante, como si quisiera verse más grande-. No te metas con la consola.
-No me meteré con tu novia, estate tranquilo. Y el agua está hirviendo.
Jungkook se giró rápidamente y utilizó sus grandes y delicadas manos para desenchufar la pava eléctrica y servir el agua humeante en la taza. La cocina entera se llenó de un agradable aroma a dulce de leche. Le puso unos cuantos cubitos de azúcar, sin preguntarme, y luego revolvió con una cuchara metálica para más tarde darle un trago a mi bebida.
Me quedé callada, ¿qué podía decirle? Era suyo el té. Y sin embargo...
-¿Vas a bebértelo todo? -inquirí, algo cansada.
-¿Por qué no? -se giró hacia mí, con los carnosos labios húmedos de té.
-Porque era para mi...
-Lo siento, gatita. Lo había olvidado.
-¿Quieres dejarlo ya?
-¿El qué? ¿El té? -negó con la cabeza, como un niño inocente.
-¡No! ¡"Gatita"! No me llames más así.
-¿Por qué? ¿Te pone? -siguió bebiendo del té.
¿Cómo era posible que me preguntase semejante cosa con esa cara de bebé recién salido del repollo?
-Me pone enojada.
-Entonces, ¿qué te pone?
-¿Disculpa?
-Digo, que te convierte en... gatita.
-Un experimento genético.
-¿Eh? -me miró como si estuviera loca y yo me limité a rodar los ojos-. ¡No te pongas así! Sólo quería saber.
-Creo que mi vida privada no te incumbe.
-Si tu no me dices, ¿cómo voy a saber?
-¿Y para qué quieres saber?
-Bueno, siempre es mejor hablar lo que a uno le gusta y lo que no antes.
-¿Antes de qué?
-De tener sexo.
-¡No vamos a tener sexo! -abrí los ojos como platos.
-¿Ah no? -hizo un puchero-. Oh... está bien.
Me pasé una mano por el cabello, incapaz de producir palabra, mientras veía como un Jungkook repentinamente desanimado tomaba mi té con paciencia y la vista perdida en algún lugar de la pared.
¿De verdad creía que iba a acostarme con él? En serio, era... ¡Era absurdo! ¿Qué tenía en la cabeza ese niño?
-¿Quieres? -preguntó de repente, estirando el brazo y ofreciéndome la taza.
La tomé y observé el contenido: vacía.
-¿Qué se supone que estás ofreciéndome?
-Mi taza.
-Gracias; ahora tengo una taza vacía nueva.
-¡Por supuesto que está vacía! ¿Quién regala tazas llenas?
-¿Estás seguro que tienes veintinuno?
-¿Quieres que te demuestre la edad que tengo?
-Por favor.
Error.
Jungkook estiró una mano para quitarme la taza y apoyarla sobre la mesada con delicadeza; para luego empujarme hacia la pared con bastante b********d y alzar mis brazos sobre mi cabeza. Ladeó la cabeza y acercó sus labios a mi cuello, haciendo que apretara los puños con fuerza y cerrara los ojos con miedo.
Sin embargo, nunca llegó a besarme.
-¿Jungkook? -inquirí, sintiendo aún su respiración cálida en la piel de mi cuello.
El muchacho acercó sus labios y apenas rozó mi piel, haciéndome retorcer. Sus manos tenían mis muñecas atrapadas con firmeza, aunque no haciéndome doler, contra la pared. Sus aliento bajó de mi cuello a mi escote, y seguí sintiendo como sus labios rozaban la piel sin llegar a besarla.
Inspiré con fuerza y traté de moverme, pero sus manos me tenían inmovilizada.
Bajó un poco más, hasta el comienzo de unos de mis pechos, y mordió levemente; provocándome un estremecimiento.
-¡Jungkook! -exclamé.
Sus dientes engancharon la puntilla de mis corpiño y tiró un poco de ellas, haciendo que mi labio inferior tiemble.
Volvió a pararse y soltó mis manos, que cayeron como un peso muerto a mis costados.
-¿Aún crees que tengo dieciséis? -murmuró con voz ronca.
Me pegué más a la pared, como si de repente le tuviera miedo. Y no era miedo a él, sino a mí misma. A lo que me hacía sentir. A como en dos segundos y con apenas un roce de labios y un pequeño mordisquito me había enloquecido completamente. Y sin embargo, una parte de mí se sentía increíblemente decepcionada... ¿por qué había parado? Tal vez no le gustaba como a mí, sólo trataba de demostrarme lo que podía hacerme sentir. No sólo a mí, sino a todas las chicas de Corea del Sur. O sea... Yo no era la primera.
Y obviamente tampoco la única.
Pero, lamentablemente, él sí era el único chico que tenía en mente estos días. El único chico que realmente había llamado mi atención desde que me había mudado a Seúl; y eso que ya llevaba un par de años aquí.
Agaché la cabeza y me masajeé las muñecas.
-¿Estás enojada? -inquirió.
-No.
-Mírame.
Y no hizo falta que lo hiciera, puesto que él había apretado mis mejillas con una mano haciéndome cara de pez y me había levantado el rostro para que lo mirase. Fruncí el ceño y él sonrió.
-Deberías hacer aegyo más seguido, ¡qué tierna! -se rió.
Le di un manotazo para que me soltase y el ladeó la cabeza. El flequillo le tapó un ojo al hacerlo.
-¿Por qué estás malhumorada ahora, gatita? ¿Querías más?
¡Sí! ¡Me alegra que lo notaras! Ahora, por favor, escóltame a tu habitación y quítame la ropa con los dientes.
-No seas asqueroso -sacudí la cabeza.
-No tendrás novio, ¿no?
Me reí sarcásticamente y él enarcó una ceja, dudoso.
-No tengo tiempo para eso -mentí.
No tenía novio porque ningún chico se había fijado en mí. O, al menos, no ninguno que yo considerase atractivo o simpático.
-¿No tienes tiempo? ¿¡Qué clase de excusa es esa!? -se giró y puso más agua a calentar. Cambió el saquito, pero no la taza-. ¿Eres homosexual?
-No, Jungkook. No soy homosexual -hablé despacio para no saltar y darle una palmada con fuerza en la nuca-. Es sólo que... Buenos, los coreanos las prefieren coreanas.
Se atragantó con su propia risa.
-¡Eso es pura mierda! Las europeas son de otra clase, ¿cómo nadie iba a darte atención por eso? Además, coreana o no, eres bastante atractiva. No es que tengas mucho busto, tampoco tienes un buen trasero, pero...
-Vete a la mierda -no pude evitar sentirme dolida ante su comentario.
Era bastante consciente de la pequeñez de mis encantos pero... ¡Oh, vamos! ¡No estaba tan mal!
Jungkook rió y me miró sobre su hombro.
-No te preocupes, me gustan las que son como tú.
-¿Cómo yo? ¿En qué sentido?
-Poco desarrolladas.
-¡YAH!
Soltó una risotada y apagó el agua que había empezado a hervir. Volcó el agua en la taza y se giró justo cuando yo me adelantaba con la intención de golpearle.
Todo había sido tan deprisa que de repente yo estaba gritando, él estaba gritando y el agua me había caído totalmente sobre la blusa.
-¡AHHH! ¡QUEMA! ¡JUNGKOOK, QUEMA!
-¡MIERDA, MIERDA! ¡PAULINE!
-¡AHHH!
-¡QUÍTATELA!
-¿¡ESTÁS LOCO!? ¡ME DUELE!
-¡MALDITA SEA, QUÍTATELA!
Levanté los brazos y Jungkook se apresuró a quitarme la prenda y arrogarla lejos, como si estuviera prendida fuego.
Nos quedamos en silencio unos segundos, observando las marcas rojizas en mi piel.
-Auch, auch... -traté de tocarme pero me dolía.
Y Jungkook también parecía notar lo que debía dolerme, porque...
Un momento.
No estaba admirando mis quemaduras sino mi corpiño de encaje blanco.
Maldita sea.
Nos miramos. Me tapé rápidamente. Sonrió y tapó sus ojos con una mano.
-¡Jungkook! -exclamé, abrazándome a mí misma como podía y tratando de negar el dolor que sentía en la piel-. ¡Eres un pervertido!
-¿Qué dices? -sonrió con ganas, mostrándome todos sus dientes, bajo la mano con la que tapaba sus ojos.
-¡Me has quitado la blusa!
-¡Porque tenía agua caliente encima! No puedes pensar así de mí, soy un buen chico.
-¡Eres un pervertido!
-Bueno, tal vez un poquito... -sonrió con más ganas-. Pero de verdad que sólo quería que dejara de quemarte.
-Estúpido.
-Estúpida.
-¿Y yo por qué?
-Por tener tan poca fé en el tamaño de tus pechos. Ahora que los vi bien, no están nada mal.
-¡JUNGKOOK!
-¡Lo siento, lo siento! -se rió.
Bajó un poco la mano y yo me apresuré a darle un golpe en la nuca.
-¡Auch! -exclamó, volviendo a taparse los ojos-. ¿Y eso por qué fue?
-¡Préstame una remera!
-¿Qué? ¡No! ¡Estás toda llena de té!
-Sólo es un poco de agua...
-¡Ni hablar! Ve a bañarte primero.
-¿Qué? Pero...
-Anda, sígueme -salió de la cocina con la mano aún tapando sus ojos y giró hacia el baño-. Aquí. Date una buena ducha, anda.
-Pero...
-No discutas -cerró la puerta detrás de él.
Apreté la mandíbula y de repente me pregunté: Si tenía los ojos tapados... ¿cómo había hecho para no chocar con nada hasta el baño? ¡Incluso le había dado al pomo de la puerta para cerrarlo!
Abrí los ojos como platos, dándome cuenta de que el chico veía perfectamente entre sus dedos y que todo ese tiempo había estado... mirándome.
¡¡¡Jeon Jungkook eres un auténtico playboy!!!