Capitulo 5 Brandon.

2266 Palabras
Brandon. Son las Díez de la noche de un día sábado, en vez de ir de fiesta por ahí me encuentro terminando de hacer unos pendientes en mí oficina, todo por culpa de ese maldito contador que me robó sin darme cuenta. Menos mal que lo descubrí antes que me deje en la quiebra. Ahora tenía que recopilar todo y llevarla a la nueva contadora, Candela. Candela, por fin mí hermano la había encontrado, después de tantos años buscándola y resultó que los dos estaban en la misma ciudad. Ethan seguía enamorado de ella cómo desde el primer día, por eso no se permitió enamorarse de nadie más, y decidió buscarla hasta el cansancio, hasta a Nataniel lo contrató para buscarla no obteniendo nada, él es un amigo nuestro que se unió a la fuerza antisecuestro y tiene acceso a personas que nosotros no, y él tampoco pudo y por supuesto que nunca la iba a hallar si no buscó en el único lugar donde se encontraba. ¡Qué loca es la vida! No entiendo a mí hermano, volverse loco por una mujer, habiendo tantas, no entiendo eso de enamorarse, perder la cabeza por alguien, por favor, si hay siete mujeres para un hombre, bueno para mí hay unas veintiuno. Tomé prestadas las de mí hermano y de algunos más. La cuestión es que en vez de estar en un club bebiendo y conversando con alguna hermosa señorita, me encuentro trabajando. No me malinterpreten, me encanta mí trabajo, pero también comparto la idea que hay que divertirse. Soy dueño de mí propia empresa, mí abuelo me ayudó con algo del capital para poder levantarla, y hoy es una empresa reconocida. Si bien soy joven, a mis veintiún años logré fundarla. Cansado a las once de la noche llegó a mí hogar, y cualquiera pensaría que un mujeriego como yo viviría solo, pero no, vivo con mis abuelos. Tengo un departamento donde llevo a mis "amigas". Pero qué mejor estar en un hogar, dónde te esperan feliz con una sonrisa, sin reclamos por llegar tarde y dónde tenés la ropa lavada y planchada. Donde te esperan con comida caliente, y la casa limpia. No soy un hijo de perra que usa a mí adorada abuelita, desde que vivo aquí, desde que por fin pude escapar de esa tormentosa casa que decían ser familia, con unos padres déspotas, soy feliz. Mis abuelos me acogieron y me dieron por fin el cariño de una familia, cuando cumplí la edad suficiente para irme, ya que había comprado un departamento, mí abuela me preguntó con tristeza, si era infeliz en su casa, a lo cual yo respondí que no, entonces ella me dijo que podía quedarme todo el tiempo que necesite. Yo no quería poner triste a mí abuelita, así que decidí quedarme, aunque a veces me quedo en mí departamento para cubrir mis necesidades, porque jamás he traído una mujer a esta casa, porque esta casa se respeta. Además de jamás haber traído una novia, si alguna vez presentase una, seguro sería para casarme. ¡Dios me libre de esa tortura! ¿Quién haría semejante estupidez? Esclavizarse de por vida. Hay personas muy raras en el mundo. Al abrir la puerta dejo mí saco en el perchero que está detrás de la puerta, camino hasta la cocina, la casa está a oscura, y no es para menos, mis abuelos se acuestan temprano, dejo las llaves del auto y de la casa en el llavero, porque mí abuela podrá ser muy buena, pero si llega a encontrar algo fuera de lugar, toda su ternura se nubla y se convertía en una asesina. No, no nos iba a matar literalmente, pero teníamos que aguantar flor de sermón. Y no quería eso, nos hacía tanto la psicológica, que hasta jurábamos no respirar. Al abrir la puerta de la cocina, me encuentro sentada con las manos en la mesa, con un pijama y en bata a mí abuela, quién al verme se levanta y camina hasta mí, y me abraza, juro que por un momento me asuste, pensando que le había pasado algo a mí abuelo. —¿ Qué pasó? —pregunto confundido, devolviendo el abrazo. —Estaba preocupada hijo —dice separándose de mí agarre —, te mandé mensaje y no respondiste y me preocupé —volvió a repetir acariciando mí mejilla. —Disculpa abue, con todo este desastre del contador y la nueva contadora, no ví el celular —saco del bolsillo de pantalón y miro mí móvil por primera vez para ver los mensajes que me había mandado Marta mí abuela —, encima estaba en silencio, no lo iba a escuchar nunca. —la abrazo otro vez para que se tranquilice. —Tenía miedo de perder otro hijo - explica nostálgica. En realidad no había perdido a ningún hijo, se refería a la basura de mí padre, porque no le puedo decir hijo de perra ni bastardo porque mis abuelos no tenían la culpa de tener un hijo tan excremento como él, que solo los hacía sufrir. El malnacido había estafado a sus propios padres, separado a sus nietos y no sé cuántas cosas más que no quiero reproducir. —Ay abue, no me vas a perder —la tranquilizo dándole un beso en la coronilla de la cabeza. —Bueno, bueno —se remueve para que la suelte, ella es muy sensible, y si no la soltaba estaba seguro que se le iban a escapar algunas lágrimas —. ¿Vas a comer querido? —estaba seguro que preguntaba para cambiar de tema. —Ya comí en la of —no pude terminar de hablar porque me fulminó con la mirada. Aunque había comido, tenía que volver hacerlo, porque ella siempre preparaba comida para mí, y para que no lo hiciera tenía que haberle avisado, y no lo hice, por dejar el móvil en vibrador, entonces tenía que volver a comer —, que preparaste amor mío —pregunté caminando hasta ella y abrazándola por atrás. —Solo hice ñoquis —hoy iba a reventar, en la oficina me había comido una pizza entera de la bronca, y ahora tenía que comer ñoquis. Mí abuela era toda una maestra cocinando, pero al ya estar lleno iba a costar comer. ¡Qué bueno que hacía mucho ejercicio! _ ¡Qué rico abue! —exclamo, me señala que tome asiento mientras ella servía, me acomodé en la silla, y ella colocó el plato sobre la mesa, se sentó frente mío y ante su intensa mirada empecé a comer. —Come hijo estás muy flaco —ánima Marta. Y no era que estaba flaco, solo hacía ejercicio para mantener mí peso, con lo rico y abundante que cocinaba esta mujer, no me quedaba de otra, a las chicas les encantaba mí cuerpo, además de que me llevó mucho tiempo conseguirlo. En mí niñez, era el gordito de la clase y todos se burlaban de mí, siempre mí hermano Ethan me defendía de los brabucones, las chicas hermosas no me hacían caso, era víctima de bullying. Así que me juré a mí mismo cambiar, y usar a las chicas que en la escuela me usaban a mí. Así cambie mí cuerpo y mí personalidad. Hoy tenía una chica cada noche. Después de terminar de comer y lavar los platos, porque el lema de mí abuela era "el que cocina no lava", por fin me fui a descansar, lo último que recuerdo fue que apoyé la cabeza en la almohada. De lejos escucho la alarma de mí celular, que suena sin parar, entre sueño trato de acordarme el día que es, al recordar que es domingo me reprocho por haber puesto la alarma siendo el único día que puedo levantarme a la hora que se me antoje. Lo tomo de la mesita que está al lado de mí cama, y abriendo recién mis ojos, los fijo en la pantalla y me sorprende al ver qué, no es el despertador, es una llamada, lo extraño es que me aparece número desconocido, y recién son como las dos de la madrugada. ¿Quién carajos llama a esta hora? No es ninguna de mis amigas, como suele llamarlas Ethan, a todas las tengo agendadas por nombre en mí celular. Decido atender ante su insistencia. Respondo el teléfono, mí voz de dormido es evidente, aparto el tubo y Carraspeo para volver mí voz a la normalidad. —Hola, disculpa que te llame a altas horas de la madrugada —primero se disculpa conmigo. Pero me quedó anonadado al escuchar la voz de quién está del otro lado del tubo. Yo sabía que para las mujeres era irresistible y cabía la posibilidad que cayera rendida a mis pies, pero no podía hacerle esto a mí hermano, tenía códigos. Mí contadora es la que está del otro lado de la línea, —Me parece un poco temprano para hablar de número —me hago el confundido, no quiero traicionar a mí hermano. —No te llamé pasa eso —interrumpe —, es por Ethan, tu hermano, hubo una discusión en un boliche (discoteca) se inició una pelea y ahora está detenido. No podía creer lo que me estaba diciendo, eso era imposible, mí hermano era la persona más pacífica sobre la tierra, estaba renuente a lo que ella me estaba manifestando, y obviamente se lo explico. Mí hermano sólo golpeaba personas cuando yo era pequeño y era para defenderme de los brabucones que me molestaban, Ethan siempre fue pacífico, no mataría ni una mosca, no con eso no sabemos defendernos, mí padre al saber que yo era golpeado en la escuela nos mandó a defensa personal un tiempo después, no soportaba perdedores en su casa. Ella me pasa la dirección y pide que lleve un abogado para ser liberado. Busco un papel y una lapicera en el cajón de mí mesita de luz, y ella me pasa la dirección, y corta la llamada. Ay Ethan en que rayos te metiste, no es modo de impresionar a tu chica. Antes de cambiarme me apresuro a llamar a mí abogado, el que él tiene es un inútil siempre se lo dije, pero el muy tonto lo conserva porque según él es un viejo amigo, amor es amor, pero negocios son negocios. Llamo a mi abogado y le cuento todo lo que sé, que mí hermano está preso por una pelea en una discoteca, y le indique la dirección de la comisaría. Me dice que nos encontramos allí, y que me va a salir caro, Ethan vas a tener que pagar vos los honorarios. Me cambio lo más rápido posible, unos jeans y unas zapatillas, y salgo de mí habitación lo más silencioso posible, no quiero que mis abuelos me vean salir, y se preocupen. Porque al hacerlo a esta hora es obvio que van a preguntar dónde voy. Bajo despacio las escaleras, pero las maderas rechinan y hace ruidos, y cuando estoy en el último escalón creyendo que baje victorioso una voz detiene mis pasos. —¿A dónde vas a estás horas? —pregunto por lo bajo pero lo suficientemente alto para que yo lo escuche. —A tomar agua abuelo —articule sin voltearme minimizando la situación. —Ajá, vestido así, y a las dos de la mañana? —increpa. —Tenía sed —respondí cómo si nada. —Te escuché hablar con alguien, y era sobre tu hermano, cuando vos usabas pantalón yo lo hice bermuda —se burló de mí mi abuelo, mientras bajaba las escaleras, quería reír de su comedor pero la carcajada iba a sonar por toda la casa despertando a mí abuela. —Bueno abuelo está bien —trate de ponerme serio —, es Ethan que tuvo una pelea y está preso, alguien llamó y me lo comentó, y me dijo que lleve una abogado así poder sacarlo. —¡Tu hermano! —exclamó confundido, sí, Ethan era el niño bueno de la familia —, estás seguro de eso, es muy raro —cuestiona dudoso. —Lo mismo dije, pero la fuente es confiable y no me mentiría con algo así. —Voy con vos —se apresura a decir. —No abuelo, hasta que te cambies —le señalé que aún seguía en pijama —, se va hacer tarde y el abogado va a estar esperando en el lugar. Además si te escucha la abuela, que le vas a decir, sabés cómo es, y se va a preocupar. Acepta a regañadientes, y sube las escaleras hasta su habitación, sabía que hasta que no regresará no iba a volver a dormir, pero el que se acueste iba a evitar que mí abuela despierte. No quería preocupar a todos en esta casa. Busqué las llaves del auto que estaban en el llavero y la campera en el perchero, y abrí la puerta de entrada lo más despacio posible para que no haga ruido, y la cerré de la misma forma. Al llegar al garaje, desactive la alarma, y encendí el auto, busque en el bolsillo del pantalón la dirección que me había dado Candela, puse la dirección en el GPS, y empecé a conducir, era domingo de madrugada las calles estaban llenos de autos, y los bares atestados de jóvenes bebiendo, y si yo no tendría problema en mí empresa estaría seguro en un club nocturno, y compartiendo una copa con una linda señorita. El GPS me comunica que llegue a destino, en la entrada ya me estaba esperando Pablo el abogado. Y al llegar a su lado ingresamos al lugar.
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