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1132 Palabras
|Segunda Temporada | ¤ Capítulo: "Sin importar" ¤ Después de tantas cosas pudo ver que nada era igual. Él seguía siendo el mismo Adam Williams de hace tiempo atrás porque no podía ser alguien más. Cuando la tuvo cerca no pudo contener la frialdad frente a ella, y eso lo enojaba más. Annie seguía siendo la mujer de sus sueños, aquella persona con la cual quería compartir el resto de su vida. Necesitaba una oportunidad con ella sin importar lo que suceda mientras habite el amor, nada más importaba. Quizás se daba cuenta que necesitaba ese golpe fuerte en su interior para que despertará de ese sueño hipnotizador por ella. Sin embargo, nadie era capaz de lograrlo porque cada día estaba más enamorado. Un golpe en la puerta hace que se regrese a la realidad: Oficina. — ¿Qué quieres? — le pregunta de mala manera. En todos esos años su secretaria había aprendido a soportar sus cambios en el humor y siempre planta una sonrisa en sus labios. — El señor Rodriguez viene — le informa. Adam frunce el ceño — ¿Quién? — pregunta. La secretaria se acerca con una carpeta, y se lo deja en el escritorio — El empresario de Paris con quién firmaste en los últimos negocios — le dice seriamente. — Hacelo pasar — dice abriendo la carpeta. Ingresa conversando tranquilamente con la secretaria de Adam — Gracias — le dice guiñándole el ojo. Adam lo observa y le parece conocido el sujeto — No vas a querer llevarte a la cama a mi secretaria — le dice enojado. — No, señor Williams — responde acomodando su corbata. Adam le señala la silla para que se acomode, y cuando están frente a frente se disponen hablar — Entonces yo firme esto — le muestra. Lo lee atentamente — Está usted en lo correcto — se limita a decir. Adam se queda pensando en el sujeto que tenía en su oficina, le parecía conocido pero no sabia de donde. Levanta la mirada y se fija bien — ¿Nos conocemos? — le pregunta. Éste sonríe — Si, señor. En la fiesta de anoche yo estaba con mi pareja — le informa. Fue algo que no se esperaba pero que resulto cierto, ese hombre era la pareja su Annie y estaban haciendo negocios. El mundo era grande pero cada vez para Adam resultaba ser pequeño. Lo único cierto en está vida es que una vez que amas lo haces con locura sin importar las limitaciones, el sufrimiento o el arrepentimiento. ¿Sabes por qué?, por que al final siempre el amor es lo que importa. Piensa, piensa... — Lo recuerdo - dice cortante. No estaba cómodo con esa situación y nada le hacía bien. Debía soportar pensar en ella, y parecía que todo estaba arreglado para que no la olvide. Se encontraba sentado, mirando como el otro sujeto hablaba de algo que él no escuchaba sólo observando mover sus manos y labios. Adam se encontraba en otro mundo. — Entonces está semana viene ella — termina diciendo. Niega con la cabeza volviendo a la realidad — Perdón, ¿quién? — pregunta. — Mi novia, Annie — dice. Adam se queda paralizado y sus ojos se abren grande — Venga usted mejor porque no es bueno discutir de negocios con una mujer — le responde. Mueve sus manos nervioso — No estaré... ya — se mira el reloj — está saliendo mi vuelo y vuelvo en una semana, Annie es la mujer de mi confianza, señor Williams — dice parándose. Se da por vencido y suspira — Está bien, señor Rodriguez. Nos vemos en una semana — le responde extendiendo su mano. La toma en forma de saludo — Hasta muy pronto, Señor — se retira de la oficina. Regresa a quedarse solo, se acomoda con todo en su silla y busca el paquete de cigarrillos. Revuelve sus bolsillos, encuentra su encendedor y después sus cigarrillos. Enciende uno y la puerta se abre de pronto. — ¿Por qué aceptaste tener que volver a vernos? ¿No era mejor romper el negocio? — pregunta gritando. Adam todavía sigue normal, fumando su cigarrillo y entra también su secretaria agitada — Quise pararla pero no lo he logrado, Señor — dice tomándose el pecho. Adam levanta la mano — No hay problema, buscá un poco de agua — le ordena. Está asiste con la cabeza y se va cerrando la puerta. Annie se encontraba parada frente a su escritorio llorando. Adam se levanta de su asiento y apaga el cigarrillo en el cenicero — No creí que mi socio fuera su novio, no puedo romper un negocio por una simple mujer. Esas no son mis reglas — responde parándose atrás de ella. Aprieta sus puños y se voltea — ¿Ahora soy una simple mujer? ¿Qué reglas? ¡No me jodas, Adam! — lo empuja con toda su rabia. Abre los brazos — En está vida todo tiene reglas, y en mis negocios existen — le responde. Annie lo deja de empujar — ¿Por qué lo haces? ¿Es por qué te deje? — le pregunta. Toca su frente riéndose — Señorita, yo sé cual es mi lugar y no hace falta pretender algo de vos. Ya lo di todo en su momento, ahora sólo quiero hacer negocios — le explica lo más frío posible. Se acerca a Adam lo más que puede. Con sus manos tocándole todo el pecho, levanta la mirada y se encuentra con la de él — No puedo tenerte cerca — le dice mirándolo. Adam sube sus manos agarrando las de ella para frenarla — Aprende hacer profesional, acá.. — se señala a los dos — Hace de cuenta que no nos conocemos — asegura. Annie aleja sus manos del cuerpo de él — ¿Qué te pasa Adam? ¿Por qué estás así conmigo? — le pregunta enojada. La furia se le refleja en los ojos, ella quería saber porque todo estaba siendo de esa manera y él estaba decidido a ser así aunque le cueste. La toma fuerte de los brazos y la presiona — ¿Crees que esto me va hacer caer de nuevo a tus pies? — le pregunta enojado. — Me haces mal — se queja mientras remueve sus brazos. Adam la presiona más — No esperes nada de mi, Annie. No cuando encontraste a alguien que te haga feliz — la empuja. Se hace para atrás, rápidamente, toca sus brazos que estaban marcados y se voltea para irse. Tanto amor hace que al final sólo quede la espina de no ser capaz de hacer feliz a la otra persona. El enojo hace tomar otro rumbo y el amor era un juego donde nadie podía soportar las reglas impuestas.
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