La luna… se volvió un ojo carmesí, observando sin compasión, sediento. Las piedras retumbaron. Y entonces lo sentí. Un zumbido grave, agudo, desgarrador. Como si el mundo estuviera abriéndose por dentro. Las luces de los siete pilares se elevaron como lanzas de fuego hasta tocar la luna, y el portal comenzó a abrirse entre los planos. Un vórtice de oscuridad giraba con fuerza, desatando vientos que arrancaban pedazos de tierra. Y ahí, entre ese torbellino de muerte y maldad… escuché las risas. Las otras dos. Las brujas restantes. Hermanas de Belladonna. Sus voces cruzaron el velo del Ragnarok. Ancianas y jóvenes al mismo tiempo. Burlonas. Hambrientas. Belladonna alzó el cuchillo con los ojos desquiciados. —La llave se abre con sangre —murmuró con una sonrisa—. Con el alma de la re

