—Ahí estás. Te he estado buscando— la profunda voz del Alfa Darius cortó el suave murmullo del comedor. Elaine casi dejó caer su tenedor. Su corazón saltó a su garganta al levantar la mirada, sorprendida de verlo de pie justo frente a su mesa. Ni siquiera había notado su acercamiento. Era como si hubiera aparecido de la nada, con una presencia tan imponente que el aire parecía cambiar con él. —¿Por qué estás aquí, sentada sola?— le preguntó, frunciendo ligeramente el ceño mientras la estudiaba. —Alfa Darius…— Eso fue todo lo que Elaine pudo decir, su voz se quebró como si su garganta hubiera olvidado de cómo funcionar. —¿Qué te dije antes?— su tono se suavizó, y sus labios se curvaron en una sonrisa cálida. —Solo llámame Darius. Su sonrisa era cálida, desarmante. No tenía ninguno de l

