A la mañana siguiente, Darius se dedicó por completo a sus deberes de Alfa. El sol apenas había salido, pero el campo de entrenamiento ya resonaba con los sonidos de garras chocando, gruñidos y los golpes de guerreros cayendo al suelo. Darius se movía entre ellos con una presencia imponente y autoritaria, corrigiendo posturas, lanzando desafíos y exigiéndoles más de lo habitual. Sus lobos seguían sus órdenes sin dudar, pero incluso mientras ladraba instrucciones, sus pensamientos seguían volviendo a la única persona que no estaba en el campo de entrenamiento: Elaine. El doctor se había conectado mentalmente con él más temprano, asegurándole que ella aún dormía y que su cuerpo estaba sanando, aunque lentamente. Le había prometido notificarle a Darius en el momento en el que despertara. Esa

