La cabeza de Elaine se giró hacia la puerta, y efectivamente, Darius estaba allí, de hombros anchos e imponente en el marco de la puerta. Su mirada aguda se dirigió inmediatamente a su hermana, quien se quedó congelada a mitad de la frase como un niño atrapado con las manos en la masa. —¡Oh, no!— murmuró Roselyn por lo bajo, antes de esbozar una brillante sonrisa. —¡Hermano! Vaya sorpresa verte aquí. —No me llames "hermano"— dijo Darius, entrando en la habitación. Su presencia llenó el espacio instantáneamente, y Elaine sintió el sutil cambio en el aire: su aura de Alfa rozando a su loba. Su expresión era calmada, pero sus ojos... sus ojos contaban otra historia. Irritación controlada. Preocupación protectora. Y debajo de eso, un calor que no podía ocultar del todo cuando su mirada se po

