—Concéntrate en mi hermana. Está sufriendo muchísimo en este momento. —¡Arrrgh! —gritó de nuevo. Quería ayudar, pero no sabía qué hacer. Estaba completamente confundida. Él se puso en cuclillas a su lado y le preguntó si estaba bien… ¿En serio? ¿Cómo puede estar bien en ese estado? Ella gemía de dolor. —Alice, ¿estás bien? —preguntó en un tono bajo, lleno de pánico. —¡Mi estómago!... eso… duele… —susurró, lo bastante fuerte para que ambos la escucháramos—. Me duele, Seb. No puedo… es como si mi abdomen estuviera a punto de desgarrarse por dentro. —¡Mierda! ¿Qué he hecho? —murmuró entre dientes. —Intenta ser fuerte, ¿de acuerdo? Vas a estar bien. Solo… déjame ayudarte a levantarte. La sostuvo del brazo y la ayudó a salir de la habitación. La llevó hasta su coche y la acomodó con cu

