La noche se había transformado en un laberinto de emociones en el que perderme era tanto un riesgo como un placer. Tyler se encontraba sobre mí, su rostro iluminado por la suave luz de la habitación, y sentía que el aire se volvía más denso, más electrizante. Su mirada, profunda y desafiante, me invitaba a sumergirme sin cuestionar nada. —Tyler… —susurré, aunque las palabras se desvanecían en el aire, atrapadas entre el deseo y el anhelo. Lo vi acercarse, su cálido aliento acariciando mi piel mientras sus labios recorrían mi cuello. Un escalofrío de anticipación me atravesó, y a pesar de la advertencia que me repetía en mi mente sobre la magnitud del juego en el que estábamos involucrados, no podía resistirme. Quería dejarme llevar, ser parte de esta jugada que prometía ser intensa y tra

