--- La mañana cayó con fuerza en la finca de Tyler, en México. El sol quemaba sin piedad, pero a la vez era un abrazo cálido, una promesa de descanso y paz. La terraza frente a la piscina estaba decorada con flores frescas, una mesa redonda de madera, y un desayuno tropical servido con gusto. Tyler apareció primero, en bermudas y una camisa abierta. Tenía gafas oscuras y una sonrisa relajada. —¿Y mis chicas? —preguntó mientras se servía un jugo de piña. Liliana salió justo detrás de él, con un pareo de flores, su cabello recogido en un moño alto y la piel brillando por la crema de coco. —Aquí estamos, mi amor. —Le plantó un beso en los labios y se acomodó a su lado. —Buenos días, tortolitos —dijo Tamara, acercándose con Max, ambos tomados de la mano. —Rosa preparó algo rico para el

