Baúl de mensajes de Summer Cooper a Dominic Pauls:
Anoche soñé contigo, soñé que respondías uno de mis mensajes. Estaba tan emocionada que la misma inmensa emoción me despertó… Ojalá no fueras mi sueño imposible.
Con el corazón un poco roto, Summer.
8. Sueños y realidad.
Dominic.
Dallas estaciona frente a la escuela de repostería, el lugar queda cerca de casa y de camino a la empresa. Es más grande de lo que creía y también hay más gente de lo que pensaba. Tiene sentido ya que, después de todo, es de las escuelas culinarias más prestigiosas de la ciudad. Por primera vez me planteo quién paga por todo esto y es que ya no estoy tan seguro de que Summer esté viviendo a costas de sus padres.
Echo una distraída mirada alrededor, sé que Summer no sale hasta dentro de quince minutos, pero de todas formas verifico en caso de que haya salido antes. Saco el teléfono de mi chaqueta y busco su contacto para enviarle un mensaje.
Yo: ¿Ya saliste? Estoy afuera.
Voy a escapar de la pantalla, pero mis ojos se detienen en los mensajes que anteriormente ella me envió. Deslizo con mi pulgar los textos, son muchos, más de los que creía. Hay diferentes tipos de ellos, algunos son felicitaciones en festividades, palabras de orgullo cuando algún logro mío es publicado y sobretodo ella contándome su día a día. Son bastantes mensajes, me atrevería a decir que cientos —después de todo abarcan casi cinco años—, y el último fue enviado alrededor de un mes atrás:
Pasó algo realmente malo, ¿puedes llamarme?
Seguido de un corto: por favor, Nic.
Por supuesto, yo no le contesté. Si soy sincero, hasta ahora lo leo. Sabía que Summer me enviaba mensajes y al principio los leía sólo por curiosidad, después simplemente los ignoraba hasta que se fueron acumulando y acumulando en mi bandeja de entrada.
Pueden pasar meses sin que abrace o toque a alguien.
Sus palabras de anoche golpean mi cabeza, otra vez. Me pregunto si lo que siento es lástima o empatía, porque de repente un malestar me invade. No me gusta sentir esta opresión en mi pecho, es demasiado sofocante, y no me hace sentir bien conmigo mismo.
Esta mañana Summer me dijo que el curso de repostería duraría sólo dos meses, lo que fue un alivio. Doy por hecho que después de ese tiempo ella se irá, lo que sinceramente estoy deseando. Está trastornando demasiado mi vida y sólo lleva dos días conmigo, así que no me imagino cómo irán las cosas al finalizar esos dos meses. Temo por la respuesta, así que me propongo ayudarla a superar su trauma para que al final no decida que se quedará más. Dos meses es más que suficiente, no creo que pueda soportar más.
Leo una vez más su último mensaje, pero tengo que apartar bruscamente la mirada a mitad de frase, sin ser capaz de terminarlo.
Joder.
Capto a la distancia el cardigán beige que Summer llevaba en la mañana. La coleta alta de su cabello la hace lucir juvenil, la sonrisa en su boca da la impresión de que nunca ha pasado una tristeza y el brillo en sus ojos le dan un aire bastante inocente. Me pregunto si eso es lo que atrae la atención de la gente, porque hay un par de personas rodeándola.
Observo desde el interior del coche cómo dos chicas y un chico le piden una foto, a lo que Summer cede con tranquilidad. Es extraño, por primera vez comprendo la magnitud de lo que ella ha logrado para que la gente se le acerque así, con admiración y emoción. Ella es una pequeña celebridad, ¿no?
Los chicos finalmente se alejan y Summer mira directo en mi dirección. Una sonrisa distinta a la que le dedicaba a sus fans se forma en sus labios, es más brillante y sincera, llena de amor. Seguidamente levanta su brazo con efusividad para saludarme. Es imposible que ella me vea, después de todo, los vidrios son oscuros, pero me encuentro levantando la mano para devolverle el saludo.
Summer avanza un paso hacia mí, pero una señora un tanto mayor, tal vez de setenta y pocos años, se le acerca. Summer se detiene a escucharla, luego se sonroja cuando la mujer hace un gesto y un hombre trajeado, a mediados de sus treinta, se acerca. Observo con curiosidad el intercambio. La anciana habla efusivamente, haciendo movimientos con sus manos mientras mira de un rostro a otro. Por otro lado, Summer y el hombre lucen avergonzados, incluso un poco incomodos, así que me pregunto qué está pasando.
Finalmente, Summer se aleja y yo me quedo observando con cierta extrañeza cómo el sujeto se queda mirándola. Que yo sea indiferente a la belleza de Summer, no significa que no sepa que es hermosa. Sé que lo es, siempre lo ha sido, pero es la primera vez que veo de primera mano lo que produce en un hombre, porque él quedó flechado.
Aclaro mi garganta y vuelvo a mi teléfono, entreteniéndome con mensajes de la empresa mientras espero a que ella entre.
— Nic — se escucha encantada —, no tenías que venir.
— Salí temprano — le digo —, como estás de paso, pensé en recogerte.
Ya que no he soltado mi teléfono, es por el rabillo del ojo que la veo empezar a buscar cosas entre sus utensilios. Después de rebuscar aquí y allá, saca uno de sus pequeños tarros tupperware y me lo extiende.
Es un muffin de dulce de leche.
— Toma, lo hice para ti.
— Déjalo ahí, ahora no tengo hambre.
Y no la tengo.
La sonrisa en su rostro se debilita un poco, pero ella hace lo que le pido.
El dolor de cabeza que he sentido todo el día se intensifica, pero este es distinto, no son mis habituales migrañas. Además, me arden los ojos y la garganta, así que sospecho que me enfermé debido al jueguito que Summer hizo ayer bajo la lluvia. Eso hace que mi humor empeore un poco más.
Sí, definitivamente serán solamente dos meses, menos si es posible.
— ¿Por qué saliste temprano hoy?
Por tu culpa, quiero decirle, pero sólo gruño un poco, bloqueo mi celular y cierro mis ojos, buscando paz.
Ella no me la da.
— Hice una amiga hoy, Maggie tiene setenta y dos años y es la anciana más dulce que he conocido. Hicimos pareja en todas las actividades del día, espero seguir haciéndolo.
Sólo Summer Cooper se haría mejor amiga de una anciana después de sólo un par de horas de conocerla.
— ¿No había otras personas? ¿Tal vez de tu edad?
— Dominic Pauls, estás siendo particularmente odioso. ¿Qué importa su edad? Es linda, me agrada y yo le agrado a ella.
Apuesto a que a su hijo o nieto también, pero me muerdo la lengua para no decir nada.
No es mi asunto.
— ¿Puedes moverte un poco más rápido? — Le pido a Dallas.
Necesito descansar.
— ¿Qué tienes?
— Creo que pesqué un resfriado.
— Nic...
Tomo mis airpods, pongo un podcast y la ignoro todo el camino de vuelta a casa. Afortunadamente, no tardamos en llegar, y yo subo directo a mi habitación para meterme en la cama. Me desvisto y quedo sólo en boxers, entonces paso la sábana encima y me olvido del mundo entero.
|…|
Tengo pesadillas, muchas pesadillas… y en todas está Summer.
Su rostro lleno de lágrimas me pide ayuda y por más que intento alcanzarla, yo no puedo… no puedo.
— Pasó algo realmente malo — su voz llora mientras yo corro y corro, buscándola.
— ¡Summer!
— ¡Por favor, Nic!
Cuando la alcanzo, ella se desvanece entre mis brazos, dejando una sensación de desesperación que me provoca arrancarme la piel. Y es esa agonizante desesperación lo que me despierta, sobresaltado, sudando y tiritando de frío.
¿Qué demonios fue eso?
Respiro en jadeos, una mano en mi corazón mientras intento calmarme.
Maldita sea, Summer me va a enloquecer.
Intento sentarme, pero un brazo atravesando mi vientre me detiene. Me estiro para encender la lamparita y, justo ahí, acostada a mi lado, está Summer.
¿Qué?
Toco mi frente, en donde tengo compresas, luego miro la medicina sobre la mesita de noche y el plato vacío de lo que parece haber sido un caldo de pollo. Cierro los ojos, aun luchando con la neblina del sueño, e imágenes golpean mi cerebro. Summer dándome medicina, comida y cuidándome.
Suspiro, para nada extrañado de este comportamiento suyo.
Tomo su mano para intentar sacarla de encima de mí, pero de inmediato algo en su piel capta mi atención.
Ella está caliente, está hirviendo.
Carajo.
Me apoyo en un codo y llevo el dorso de mi mano a su rostro.
Tiene fiebre, ella también está enferma.
Recuerdo que en la mañana la escuché estornudar, pero ella me dijo que no era nada, y yo iba tarde para el trabajo, así que le creí. ¿Tosió también en el auto de vuelta a casa? Me parece que sí, pero iba demasiado concentrado en ignorarla, escuchando el podcast, así que no le di un segundo pensamiento al asunto.
Joder, sólo ella cuida a un enfermo, estando ella más enferma que su paciente.
Me pongo de pie, mis pies descalzos tocan el piso frío, pero lo ignoro mientras bajo corriendo las escaleras. Está todo oscuro y silencioso, mi hermana debe estar quedándose en donde Anson, así que no tengo a nadie más para pedir ayuda.
Busco tylenol y más compresas de agua, subo de vuelta con ella y dejo todo sobre la mesa de noche. Cuando me acerco, Summer está tiritando, sus labios casi azules me alarman. Ella se sacude entre sueños, probablemente también con pesadillas, pequeños y dolorosos sollozos se escapan de su boca.
No sé qué me impulsa a hacerlo, pero de repente me encuentro con mis dedos en su frente, el dorso de ellos bajando en una delicada caricia por su sien hacia su mejilla. Su piel es muy suave y un estremecimiento me recorre el cuerpo ante el tacto, como si el receptor de la caricia fuera yo, y tal vez lo soy.
Me enredo con mechones sedosos de su cabello, así que lo llevo hacia atrás, mirándola de cerca, asegurándome de que respira bien.
— Shh, es sólo un sueño — susurro, mi pulgar roza la comisura de su labio —, es sólo un sueño.
— Nic — ella parpadea.
— Aquí estoy.
— Nic — se ve tan confundida, mirando alrededor fuera de sí.
Afianzo mi mano en su mejilla, haciéndola mirarme.
— Está bien, todo está bien, fue un sueño — sin soltar su rostro, me estiro por el tylenol —. Abre la boca para mí, tomate esto.
Ella me hace caso y yo meto la píldora entre sus labios resecos, mi pulgar dibuja el inferior de un lado a otro y ella traga, mirándome con sus grandes ojos inocentes. Son tan azules cuando está así, sin una gota de maquillaje en ella.
Me estiro por el agua y ella le da un pequeño sorbo.
— ¿Estás bien? — Pregunto, acomodándome mejor en la cama. Estoy arrodillado, inclinado hacia ella, mientras tanto Summer se apoya en sus codos, mirando aún confundida alrededor.
— ¿Dormí en tu cama?
— Sí — no puedo parar de acariciar su cabello, ese maldito sueño me está persiguiendo.
— ¿Dormí en una cama?
— Sí — contesto, un poco confundido por su pregunta.
¿Sigue dormida?
— Yo… ¿dormí en una cama?
— Summer — lamo mis labios, preocupado —, bebé, ¿qué pasa?
— Nada — me sonríe, enseñando esos profundos hoyuelos —. Sólo… yo dormí en una cama.
Entonces se lanza hacia mí, sus brazos en mi cuello se agarran como candado y yo me quedo allí, sin saber qué pasa. Hasta que lo siento, las lágrimas en mi cuello, los sollozos que la hacen temblar, los soniditos rotos, pero al mismo tiempo alegres que emite.
— Shhh — no tengo idea de qué está pasando, pero su vulnerabilidad me está haciendo pedazos.
— Lo siento — de repente se impulsa hacia atrás, secando atolondradamente sus lágrimas —. Te dije que pararía de ser cariñosa, entonces duermo en tu cama — una risita se le escapa —, y luego me lanzo sobre ti, yo…
Agarro su nuca con mi mano, su cabello enredado en mis dedos, y la empujo contra mi pecho. Summer se suelta a llorar con más fuerza, pero no ruidosamente, sino llena de sentimiento. Nunca en mi vida había consolado a alguien, no tengo la menor idea de qué hacer, pero sé que no voy a dejarla sola.
Presiono mis labios en su frente, pero no en el beso torpe y seco de anoche, sino en uno de verdad. Instintivamente la envuelvo con mis brazos y nos mezo un poco, arrullándola en una necesidad que es más en mi favor que el suyo.
Apuesto a que ambos tenemos fiebre, ambos estamos tiritando, ambos enfermos de lo mismo, pero no la suelto, ni ella me suelta a mí.
Y ahí me encuentro yo, limpiando por primera vez las lágrimas de alguien… las lágrimas de ella.