7. ¿Qué fue eso?

2381 Palabras
Baúl de mensajes de Summer Cooper a Dominic Pauls: Eres el hombre más exasperante que he conocido, también el más guapo y atrapante. Detesto que aceleres mi corazón. ¿POR QUE NO RESPONDES MIS MENSAJES, TÚ, HIJO DE PUTA? Sinceramente, una enojada y muy borracha Summer. 7. ¿Qué fue eso? Summer. El clima frío no hace nada en contra del calor que siento en mi corazón. Estoy tiritando, abrigándome más con la chaqueta que aún desprende el olor de Dominic, pero la sonrisa en mi rostro se mantiene intacta. Es gracioso ver así al siempre pulcro Dom, mojado, despeinado y tan desaliñado que incluso parece otro. Su cabello emparamado y los primeros botones de su camisa abierta le dan otro aire, más juvenil y accesible. Sin embargo, esa expresión en su rostro sigue siendo tan cerrada como siempre. El ascensor se abre y Dom me hace un gesto para que salga, el par de zapatos en sus manos siguen goteando. Muerdo mi labio para esconder mi risa, lo que él nota. En respuesta, él rueda los ojos hacia el techo con fastidio, parece más irritado entre más permanecemos mojados. — No es el fin del mundo — le digo. — Incluso mi teléfono está mojado. — Esas cosas ahora vienen a prueba de agua, estoy segura de que sobrevivirá. El suspiro que expulsa es cansado, como si ya se hubiera quedado sin energía por lo que resta del día. — ¿Y tus cosas? — Me pregunta, deteniéndose antes de abrir la puerta —. ¿Te robaron? — No, salí sin nada cuando empezó a llover. Sabía lo que quería, así que iba preparada. — ¿Ibas preparada? — Hay pura incredulidad en su voz, incluso exasperación —. ¿Y tus zapatos? Me encojo de hombros —. Los perdí. — ¿Cómo carajos pierdes tus zapatos? — Como pierdes cualquier otra cosa, supongo. Escurro mi cabello antes de entrar al apartamento, de inmediato la calidez del lugar me hace sentir a gusto. — ¿Qué les pasó? — Heaven pregunta. Sonrío cuando la veo. Está sentada en el mueble, frente al televisor. Junto a ella hay un chico de aspecto descomplicado, su brazo sobre el respaldar, sus dedos rozando el hombro de ella. Ambos tienen el cuello girado, mirando hacia nosotros. Debe ser su novio. Dominic fulmina a todos con la mirada. Atraviesa la sala a paso firme y sube las escaleras, dejando un rastro de agua por donde va. Lo veo desaparecer hacia su habitación, sintiéndome divertida. El agua no le quitó lo gruñón. — Nic me encontró bailando bajo la lluvia, intentó detenerme — respondo la anterior pregunta. La carcajada de Heaven me hace reír también a mí. — ¿Quién es Nic? —Pregunta el chico, confundido. — Mi hermano, Summer le dice así. — Ah — él asiente. Heaven hace las debidas presentaciones y yo le sonrío a Anson, contenta de conocerlo. Me pregunto si son recientes o llevan tiempo juntos. Por lo cómodos que se ven con el otro, yo diría que llevan bastante tiempo. ¿Pero quién soy yo para decirlo? No soy la más experta en relaciones. — Iré a cambiarme. — Summer — Heaven me llama y yo me detengo, esperando por sus palabras. En vez de hablar desde el sofá, ella se pone de pie y camina hacia mí, deteniéndose a corta distancia. — Dime. — Quería pedirte disculpas — dice, hay vergüenza en toda ella —. No te dije que este era el lugar de Dom, pero estaba segura de que ninguno de los dos aceptaría si se los decía. — Tienes razón, ninguno habría aceptado. — Pero ya es hora, ¿no crees? — ¿Mmm? — Mi hermano y tú — la seriedad en su voz es extraña —, ya es hora. No tengo idea de qué está hablando ella, pero tengo frío y mataría por ropa seca, así que le regalo una sonrisa y me dirijo a mi habitación. — ¡Les guardamos pizza! — ¡Gracias! — Le grito de vuelta. Me doy una rápida ducha de agua caliente, me pongo ropa cómoda y seco mi cabello con el secador, mirándome al espejo. Me siento mejor, vuelvo a reconocerme cuando miro mi reflejo, sin embargo… miro hacia la cama perfectamente tendida. Suspiro. — Un paso a la vez, Summer — me recuerdo. No sé qué se me metió en la cabeza para terminar contándole mi verdad a Dominic. Si soy sincera conmigo misma, me incomoda que los demás vean en mí un rastro de debilidad, sobretodo porque odio causarles preocupación. Es por ese motivo que mis padres no saben completamente todo lo que pasó, Dios sabe que mi padre habría enloquecido y luego me habría metido en una torre para ser vigilada de por vida. Pero por un momento estuve tentada de contarle todo a Nic, tal vez porque no vi lástima en su mirada, no sentí que me viera más débil, él me siguió viendo igual... como sólo Summer. O tal vez es que yo le importo un rábano. No, niego para mí. Él estaba enfadado, furioso, así que definitivamente sí le importo, aunque sea sólo un poco. Es ese pensamiento el que me envalentona para apagar el secador, desconectarlo y salir de mi habitación para ir directo a la suya. Toco su puerta y él no tarda en abrirme. Dom se asoma con una toalla en su mano, secando su cabello. Sigue desaliñado y luciendo más casual que nunca. Sólo lleva puesto un sencillo pantalón de chándal, su torso completamente desnudo. Es tan guapo, sobretodo cuando está así, descomplicado y cómodo. Sonrío. — ¿Qué pasa? — Hay cansancio en su voz. Muevo el secador de un lado a otro, enseñándoselo. — ¿Puedo? — No — me cierra la puerta en las narices, a lo que yo frunzo el ceño. Este imbécil. Cuento mentalmente hasta tres, armándome de paciencia. Este hombre es tan cerrado emocionalmente que ni siquiera sé cómo se las ingenia para tener un solo amigo. Desafortunadamente, nunca he sido capaz de rendirme con él y… no quiero que atrape un resfriado por mi culpa. Toco otra vez la puerta, pruebo el pestillo y abro para asomar mi cabeza. Casi brinco cuando lo encuentro frente a mí, mirándome con la seriedad de un juez que está a punto de dictar cadena perpetua. — Jesús, Dominic — prácticamente chillo, llevándome una mano a mi acelerado corazón. — Sabía que entrarías. Le regalo mi sonrisa más dulce y le vuelvo a enseñar el secador. Cualquiera que vea su expresión, diría que yo le estoy mostrando un cuchillo. — ¿Hay alguna forma de salir de esto? — Me temo que no — digo con emoción, esperando su aprobación para que me deje entrar. Cuando asiente de mala gana, abro toda la puerta de un tirón y entro a su preciada guarida. Wow. No hay nada especial aquí. — ¿Por qué miras alrededor así? — No sé, me esperaba algo más extravagante, como cuchillos apilados en un rincón. — ¿Cuchillos? — Sí, con los que picas los pobres corazones de aquellos a quienes detestas. — Tú estarías en primera fila. — ¿Qué te he dicho de ese sarcasmo? — ¿Quién dice que es sarcasmo? Sé que la mayoría de las veces no lo es, pero tomármelo a la ligera es mejor que tomármelo a pecho. Si no lo hiciera, me encontraría llorando al menos diez veces al día por culpa de su rechazo. Y tal vez eso me hace estúpida, pero nunca he presumido ser inteligente. Como no hay un escritorio cerca, tampoco tocador, nada más que esa enorme cama del tamaño de una mansión, le señalo con mi cabeza para que se siente allí. Jugueteo con el cable del secador mientras miro alrededor. Dominic tiene varios cojines negros que lucen extremadamente cómodos, acomodados en su espacio. Además de eso, hay un closet, una mesa de noche y un estante que tiene sus trofeos de básquet y un pilón de libros de portadas numéricas. Es lindo... simple, pero lindo. Vuelvo con él, busco una conexión para el secador y, una vez todo listo, hinco mis rodillas en el colchón y voy detrás suyo. — ¿Tienes novio? Su pregunta me hace reír. — ¿Por qué? ¿Te ofreces de tributo? Hundo mis dedos en su cuero cabelludo en una caricia, probando su humedad. — Dios me libre — dice con espanto, pero hay un poco de dulzura en su respuesta, eso me hace sonreír —. ¿Lo tienes? — No — niego —, mi última relación terminó en un corazón roto, no tengo ganas de adentrarme en ninguna más. — ¿A qué te refieres? — Cuando elegí mi estilo de vida sabía que las relaciones interpersonales serían algo complicado de manejar — continúo acariciando su cabello, sin hacer uso del secador y Dominic me deja —. Resulta que no sólo es difícil mantener amigos en mi trabajo, también es difícil mantener una relación. Cuando tu novio se cansa de tener sexo contigo a través de llamadas, se busca lo real y luego te patea a un lado. Y todo lo hace mientras tú te encuentras sola al otro lado del mundo, sin nada más que un tarro de helado como consuelo. — ¿Te fue infiel? — Está bien — por fin enciendo el secador —, al menos tuvo la decencia de decírmelo. Aunque, en perspectiva, no supe cuánto tiempo Rhodes me engañó, pudieron ser meses y él sólo me diría de la última aventura. — Summer… — Él no fue quien me hizo daño — susurro, porque sé cuál es el trasfondo de su pregunta —, fue un fan que estaba obsesionado conmigo. Aunque a ese hombre difícilmente se le puede llamar fan, sólo es un enfermo. — Jesús, Summer… — ¿Cambiamos de tema? Su silencio es la respuesta. Tarareo suavemente una melodía, mis dedos continúan acariciando su cabello y me tomo mi tiempo para secarlo. Dominic se está adormeciendo, lo sé porque su reflejo se ve en la ventana de enfrente y sus ojos se han cerrado varias veces. — Todo terminado — le digo, apagando el secador y dejándolo a un lado. Él no responde, así que busco su rostro en la ventana y, en efecto, tiene los ojos cerrados. Es casi tierno cuando está así, sin toda esa rigidez que lo caracteriza. Una ternura inexplicable me invade y, despacio, bajo mis piernas a cada lado suyo, me inclino hacia él y me apoyo en su espalda desnuda, mi mejilla descansando en medio de sus omoplatos. Se siente tan bien. Dominic se sobresalta y lleva su mano hacia atrás, agarrando mi muslo. — ¿Me quedé dormido? — ¿Qué tan cansado debes estar para dormirte sentado? — No lo sé — dice en medio de un bostezo —. ¿Estás cómoda? — Pregunta, hay sarcasmo en su voz. — De lo más cómoda — sonrío contra su espalda, paso mis brazos por su torso y entrelazo mis manos a la altura de su vientre —. Eres mejor que un peluche, podría durar horas así. Toda una vida. — Summer… — suspira con algo de tensión —, ¿eres así con todos o sólo conmigo? — Te sorprendería la respuesta. La verdad es que siempre me he sentido cómoda con Dominic y es esa comodidad la que me permite ser cariñosa con él. Me siento segura a su lado. Ni siquiera con Rhodes manejé este tipo de comodidad y duramos juntos más de un año. — ¿Tú estás incomodo? — No es la mejor posición. Entiendo el mensaje, así que le doy un último apretón y me alejo despacio de él. Dominic se levanta, estira sus brazos como si se estuviera desperezando y luego va hacia su closet en busca de una camisa. — ¿Te incomoda que sea cariñosa contigo? — Le pregunto, mirándolo en todo momento para tomar con claridad su respuesta. — ¿Por qué? ¿Te detendrás si te pido que pares? — Por supuesto — le digo sin duda alguna —, lo haría de inmediato. Es tu espacio, es tu cuerpo, claro que me detendría. — Está bien, es mejor que pares — se apoya contra el closet, mirándome con seriedad —. Me incomoda. — Lo siento — le digo con mucha vergüenza, tanta, que me cuesta mantener su mirada, pero al final sí lo miro a los ojos cuando confieso —: es que, si soy sincera, he estado sola mucho tiempo, hambrienta de tacto. Amo mi trabajo, pero a veces es solitario. Pueden pasar meses sin que abrace o incluso toque a alguien. Supongo que me he dejado llevar un poco por la emoción de estar contigo... pero pararé. Algo indescifrable pasa por su rostro, pero no me detengo a leerlo, aún me siento muy avergonzada por tratarlo con tanta confianza, una confianza que no es bien recibida. — ¿Bajamos a comer pizza? — Le pregunto, poniéndome de pie. Señalo tímidamente con mi cabeza hacia la puerta. Él sólo me mira, haciendo que algo se tense en mi vientre. — ¿Nic? Sacude la cabeza, negando para sí mismo, porque dice —: Sí, vamos. Asiento, le regalo una pequeña sonrisa y juntos bajamos hacia la cocina. Mientras charlo animadamente con Heaven y Anson, Nic no dice una sola palabra, sin importar cuántos intentos haga por incluirlo. Media hora más tarde, cuando nos vamos a dormir, me sorprendo al ser detenida del brazo en mitad del pasillo. — ¿Pasa algo? — Lo miro, confundida de que sea Nic quien me retenga. Él abre la boca, luego la cierra, parece que no puede sacar las palabras. Parpadeo mis ojos hacia su mandíbula, que se endurece bruscamente, hasta que después de largos y tensos segundos, Dom finalmente habla —: Buenas noches. Entonces se inclina y deja un frío y seco beso en mi frente, pero después de todo es un beso, algo tan impropio de él. Me quedo de pie, muda e inmóvil, sin nada más que la opción de verlo desaparecer dentro de su habitación. ¿Qué fue eso?
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