Habían llegado a dormir lo que parecía solo unos minutos pero que en realidad fueron un par de horas, despertándose por los ruidos que había fuera de la carpa; las voces y gritos de los demás. Todos los días despiertan cansados. Los días eran largos y agobiantes para esas noches cortas e intranquilas. El sonido de las ramas crujir cuando alguien caminaba por fuera. El sueño profundo en estos tiempos ya no existía, todos alertas en todo momento. Ni hablar de la comodidad o privacidad, porque quizás se podía dormir pero lo grupal te quitaba tu espacio. A Zora le daba curiosidad como sería el nuevo mundo estando solo. Mirko y Zora se removieron apenas en la carpa, estirandose todavía recostados. Se miraron con ojos entrecerrados, medios dormidos todavía. Se sonrieron perezosos. —Hey, bebé

