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Nada es lo que parece

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una noche de pasión
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Descripción

Mirko es conocido como "el chico malo" de la escuela, tiene el cuerpo lleno de tatuajes y perforaciones. Zora es dulce y siempre lleva arriba de sus rizos una corona de flores. Pero nada es lo que parece.

Un ejemplo poco común de la frase "los opuestos se atraen".

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1. el día que se conocieron
Mirko estaba aburrido. Y cuando estaba aburrido hacía cosas estúpidas, muy estúpidas. Como tatuarse un pene en el pecho, hacerse perforaciones en lugares no muy recomendables para hacerse perforaciones. Hasta un par de veces había hecho llorar a nenes que había visto en la calle, sacándole sus juguetes o sus dulces, o mostrándole la lengua. Era infantil, tonto y estúpido siempre pero más cuando estaba aburrido. Porque lo estúpido e imprudente era lo que más le divertía. Ahora estaba aburrido en una fiesta, lo que era el doble de malo. En la fiesta, hacía cosas más estúpidas, supone que es por las drogas que consume o el alcohol. Había terminado preso un par de veces y castigado por su madre en cada una de ellas. Estaba bien para él, favorecía a su look de chico malo. El problema es que se aburría estando preso y hacía cosas mucho peores, como pelearse con otros hombres de ahí, e incluso, policías. Aunque los odiaba, discutía políticamente su figura, no lograba nada bueno con peleas, ya que agregaba más dinero al que ya su madre tenía que pagar y más días de castigos para después. Y eso no favorecía a su look de chico malo; a los chicos no los castigan sus mamis, aunque sí puede que sus papis, pensó con una sonrisa ladeada. A él le gustaban ese tipo de cosas, pero ahora no tenía con quién hacerlas. Su look de chico malo no ayudaba cuando se trataba de conquistar nenes, creían que le gustaba dar, cuando en realidad le gusta recibir. Pocas veces consiguió que chicos se la metieran como a él le gusta, no dejó ir rápido a esos chicos por esa razón. La mayoría de grandotes idiotas que se creen más hombres de lo que son por ser rudos, golpeadores o lo que fuese, son pasivos. Pasivos de los que gimen fuerte y tratan de que sus gemidos sean agudos, porque, son idiotas. Mirko sabe muy bien que no debe dejarse engañar por las apariencias, los demás lo hacen con ellos y no quiere hacer lo mismo. Así que, Mirko estaba aburrido, hasta que vio largos dedos que lo distraen, no son gruesos, pero se queda imaginando lo bien que deben sentirse dentro suyo. Se queda mirando esos hermosos pálidos dedos por lo que parecen horas, y bueno, sí, el porro que fumó con el alcohol que tomo ya está haciendo efecto. Su mente está en cámara lenta, su boca seca y su cuerpo no respondiendo del todo a lo que su cerebro ordenaba.  Igual se siente más drogado por esos dedos que por el porro que fumo. Los miraba con atención, llegando a descubrir que tiene una ligera capa de esmalte transparente. No lo sabria sino tuviera tantas hermanas y no se pintara las uñas color n***o a veces, era un brillo casi imperceptible. Volviendo al tema importante, que tanto llamaba la atención de Mirko, los dedos están envueltos en un vaso rojo, que probablemente solo tenga cerveza u otro tipo de bebida. Llaman la atención principalmente porque hacen contraste con el color rojo brillante del vaso. Mirko se enamoró perdidamente de esos dedos, fue como amor a primera vista. Por un segundo no deja de pensar en cómo se sentiría tener esos dedos abriendo, esas uñas raspando su próstata hasta el olvido. Puede sentir un deseo fantasmal que hace retorcer su polla en sus pantalones, como si fuera a endurecerse en cualquier momento y entonces, sabe que tiene que hablarle a ese chico. Por ese pensamiento, decidió mirar el resto de su cuerpo, sería algo raro hablarle y solo mirarle los dedos o caminar hasta él solo mirándole los dedos, sin siquiera levantar la mirada. Aunque sería algo lindo, ama ver cosas que quiere tener en su culo. Se rió suavemente y para sí, al imaginarse entablando una conversación con un dedo, lo que sería completamente ridículo pero en ese momento, fumado y después de haber bebido un par de cervezas establecería una relación estable con el dedo. Lo miró lentamente, como quien aprecia cada detalle y no solo observa por posar su mirada en algún lado. La piel del chico era pálida en todo su cuerpo o por lo menos en lo que se veía porque bueno, estaba vestido.Su tono de piel no es un pálido que asuste, sino uno lindo, marcable. No es que solo le gustaran los chicos con piel clara, sino algo más específico, que sea de tono frío. Y no solo en sus hermosas manos con hermosos y largos dedos. levantó la mirada rapidamente por su cuerpo, para notar que vestía con un jean tiro alto y acampanado y un croptop n***o. Definitivamente no vestía como todo el mundo y eso le llamó la atención al instante. Aunque no era su estilo, porque él era más del n***o y un montón de cadenas colgandole de cualquier parte, le gustaba. Es alto, incluso más que él, con piernas largas, con hombros musculosos aunque un cuerpo bastante esbelto. Estaba vestido con un pantalón que en la parte de arriba era ajustado y abajo en campana, que hacía lucir a sus piernas más largas. Tenía una remera simple blanca con cuello en V y unas botas marrones que hicieron sonreír a Mirko, sin saber por qué. Eran estilo tejanas. El chico era muy lindo, con ojos claros, que, desde donde Mirko estaba no podía ver bien el color. Tenía el pelo rizado y hecho un desastre, hasta podría parecer enredado en la parte de atrás, con una linda corona de flores rosadas por encima, en la cabeza, y eso lo hace, de nuevo, sonreír. Se ve tierno y como si no perteneciera allí. Su postura corporal le hacía pensar que lo habían obligado a ir. Lo veía incómodo y avergonzado, con sus mejillas sonrojadas. Sin embargo, estaba hablando tímidamente con dos chicas, una parecía que tenía más confianza con él, ya que mientras hablaba lo tomaba del brazo o en general tenía más contacto físico que con la otra chica. Mirko estaba aburrido y no había un niño pequeño que molestar y hacer llorar para divertirse, pero si un niño de su edad esbelto  y largo que incomodar. El pensamiento lo hizo sonreír y acercarse, por lo menos, ya no iba a solo mirarlo más. Aprovechó que sus amigas se pusieron a hablar entre ellas mientras él miraba hacía otro lado para acercarse. —¿Qué escondes debajo de esos rizos?  —le preguntó en forma de saludo con una sonrisa burlona, su tono divertido, y para hacer énfasis en lo que decía tocó algunos de sus rizos con sus dedos. —¿Debajo?— preguntó en respuesta confundido, su voz ronca, gruesa y un poco apagada, pero su tono tímido y suave. Mirko tuvo que esforzarse para escucharlo. Incluso casi le pregunta ¿qué? pero por una razón extraña después supuso lo que había dicho. —Si,— Contestó, su voz aguda hablaba lentamente.. —Estás despeinado, por lo tanto, algo escondes en los rizos. — Dijo y casi rueda los ojos cuando el chico se sonrojó y murmuró un bajo "mhm". Ni siquiera entendía qué de su estúpida presentación podía hacerlo sonrojar pero igual le gustaba, le parecía tierno. Se le acercó más, cruzando sus brazos y queriendo lucir intimidante. El chico le sonrió tímido, sus labios apenas curvandose. Mirko suspiró fingiendo dramatismo. —Y bueno,—Dijo, un poco molesto ya de su timidez o inocencia, lo que fuese, rodo los ojos sin ser un maleducado o ofensivo porque tampoco quería ser brusco pero si se hartaba facil. —¿Cómo te llamas? —Zora, pero en la escuela me dicen mataflorcita— Contestó, todavía bajo y dudoso. Hizo una mueca cuando dijo su apodo. Mirko quería pedirle que saliera afuera para poder escucharlo, esto lo estaba molestado un poco el tono de su voz y mucho más el volumen. —Que lindo nombre Zora, —sonrió apenas antes de preguntarle sobre su apodo.— ¿Por qué te dicen mataflorcita? Y para escucharlo se tuvo que acercar lo suficiente como para que su boca estuviera casi sobre su oreja. —Porque suelo usar una corona de flores casi todos los días, al principio el apodo me pareció cruel pero en algún momento comenzó a gustarme y ahora hasta me gusta, aunque se me hace raro presentarme así. —tragó saliva antes de continuar hablando.— ¿Tú cómo te llamas? —Mirko, —Contestó seco y un poco más fuerte de lo que venían hablando antes. Ya se había alejado. —¿Vamos afuera? Hablas tan bajo que no te escucho— Dijo y Zora, sonriendo apenas y con las mejillas rosadas nuevamente, asintió. - Afuera, Mirko comenzó, divertido, a burlarse de Zora, no siendo hiriente por supuesto, después de todo, le gustaba y tenía intenciones con sus dedos por lo menos. Le hacía bromas sobre su incomodidad, como que debía estar en un parque hamacandose o jugando con muñecos, y no en una fiesta para adultos mayores bebiendo cerveza. Zora se rió de que haya usado las palabras "adultos mayores" justificando también que no eran adultos mayores, ni siquiera podían beber legalmente y con un rubor en sus mejillas, le dijo que si el era un niño, Mirko era un anciano. Tenían ambos vasos de cervezas, pero Zora casi no la tomaba, solo apretaba el vaso con sus dedos, mostrando sus nervios. Le estuvo haciendo bromas por lo que pareció ser una hora y Zora seguía igual de tonto y timido. Eso estaba irritando. Porque sí, le gustaba, era lindo, le gustaba sus dedos y su actitud tierna todavía no llegaba a disgustar como hubiera esperado, en realidad le provocaba algo que no sabía describir. —¿Eres así de tímido siempre?— Preguntó, tomando luego otro trago de su cerveza. —Sí, por lo menos hasta que entro en confianza con las personas —Susurró, mordiendo su labios inferior. Mirko tenía que aceptar que su voz ronca le hacía erizar la piel. —Al menos que esté follandome a esa persona— Dijo después, y, wow, eso no se lo esperaba. Ni lo que dijo, ni cómo lo hizo, con su tono de voz más oscuro de alguna forma. Parecía uno de esos chicos que le daba vergüenza hasta decir la palabra sexo, hasta ese momento pensó que lo timido lo convertía en un tipo de santito vergonzoso. Y sí, aunque no se dejaba llevar por las apariencias, ahí estaba pensando cosas sobre Zora que no eran ciertas antes de conocerlo, se reprochó por un segundo mentalmente. Mirko, gracias a los estereotipos, había pensado que Zora era pasivo. No solo por su apariencia, ya que creía que no se dejaba llevar por las apariencias; pero Zora era tan tímido, lindo, suave, que se había dado por vencido con sus dedos. Este giro en la conversación le gustaba mucho. —Me gustaría verte de esa forma entonces— Murmuró con una sonrisa de lado sobre sus labios, inclinándose hacia él. Su tono ligeramente lascivo. Después de su anterior cerveza y de haber fumado se estaba sintiendo como juguetón pero también torpe, por la manera en la que le irritaba lo dulce que es y como antes de acercarse siquiera a hablarlo se distrajo con uno de sus dedos. Algo bastante ridículo en realidad. —A mi también —Susurró y por primera vez en la noche, su voz no sonó tímida, ni baja. Tampoco es que grito, pero sí habló más alto de lo que venía hablando. Sus ojos estaban brillando y hasta parecían desafiantes. A Mirko resultaba gustarle bastante esta nueva faceta suya que estaba conociendo. - Atrevida y hasta descaradamente subieron las escaleras de la casa en busca de una de las habitaciones, Zora detrás de Mirko, como si lo estuviera llevando. Le llamaba la atención como se había puesto salvaje e insinuador en un momento en el patio pero cuando era momento de ir juntos escaleras arriba en busca de una habitación se volvía tímido nuevamente, incluso, le daba risa. Ridículamente diferente a como acababa de descubrir que era. Tenían sus manos juntas, dedos entrelazados. Estaban medio mareados por las cervezas que tomaron durante la charla en el patio; Mirko también había fumado un porro antes y tomado un par de tragos más. Pero Zora estaba igual que él, se notaba que no tenía mucha resistencia al alcohol. En la habitación, Mirko no tuvo tiempo ni de pensar cómo podía llegar a ser Zora besando, porque lo empotró contra la pared con fuerza apenas cruzaron la puerta. Dejándolo sin aire por un segundo. Fue atacado por los labios y manos de Zora, quien lo besó con desesperación y brusquedad, agarrando su culo con sus manos, apretando con sus dedos por encima de la tela del pantalón. El ambiente enseguida se volvió caliente y Mirko estaba encantado con lo que había encontrado sin siquiera haberlo buscado o menos, esperado. Gimió agudo contra sus carnosos labios, envolviendo su cuello con sus brazos y tomando la punta de sus rizos entre sus dedos. Los tiró con fuerza, a la vez  rodeaba con sus piernas la cintura de Zora. Él lo atrapó con sus manos, sosteniéndolo contra su cuerpo y contra la pared, apretando su trasero duro para mantenerlo en el lugar. Lo besaba casi sin dejarlo respirar, apenas respondía el beso. Pero no era porque él no quisiera o no intentara moverlos, era porque Zora demandaba y lo besaba con tanta fuerza que ni dejaba pensar en corresponder el beso. Lo que era raro, se supone que un beso que querés lo correspondes moviendo tus labios contra los suyos mínimamente. Mirko no podía y lo amaba, le encantaba sentir que le dejaba el control a otra persona. Se sentía totalmente dominado de una manera extraña. A su vez, estaba anonadado con cómo cambió en cuanto entraron en la habitación. Lo besó hasta que dejó sus labios rojos e hinchados, entonces, bajó su boca a su cuello, dejando besos húmedos y calientes sobre la sensible piel. Cada tanto, incluso, susucionaba, dejando una leve marca roja en su piel, que luego se convertiría en violeta. Mirko se quedó sin palabras, cerrando sus ojos y tirando su cabeza hacía atrás. —Salvaje en la cama,—Susurró lentamente, claramente continuaba confundido y para bien,  se interrumpió con un gemido que parecía mas un ruego. —Me gusta. —En la pared— Le contesto Zora, su tono divertido, con una sonrisa que podría haber matado a cualquiera. Y lo gracioso era como cambió la situación en todo sentido, porque quien se burlaba antes era Mirko. No entendió el chiste al comienzo y lo demostró frunciendo su ceño, aunque a los segundos curvo sus labios, comprendiendo. Definitivamente lo había dejado muy tonto. Mas que un porro. —No eres gracioso— Dijo como pudo, pero Zora lo calló por un rato moviendo sus caderas y haciéndolo sentir su polla dura contra su muslo. Con eso solo pudo pensar en una cosa, que susurró en voz alta: "quiero tus dedos". - Lo recosto sobre la cama, luego de unos cuantos besos más donde estuvieron apretados contra la pared. No duró mucho tiempo con ropa, porque Zora, justo después de dejarlo sobre la cama, se la quitó casi arrancándose del cuerpo. Incluso rompiéndola un poco. Comenzó con su camisa, Mirko gimiendo en protesta por tener que dejar de besarlo cuando el pedazo de tela atravesara su boca, continuó con su pantalón y boxer, donde no encontró quejas. Entonces buscó el lubricante entre las cosas que tenía en su riñonera, le dedicó una sonrisa diabólica, que seguramente pertenecía a otro Zora y no al tímido que conoció hace unas horas. Lubrico sus dedos para después poder rodear su entrada con el dedo índice húmedo y resbaladizo, jugando, la sonrisa todavía en su rostro. Su dedo acariciando la sensible piel del alrededor, haciéndolo jadear fuerte; entonces, comenzó a penetrarlo. Su dedo pasando alrededor del músculo lentamente primero, lo movió dentro, sacándolo y volviéndolo a meter, solo jugando. Cuando lo sintió lo suficientemente listo, agregó otro dedo, lo abrió en forma de tijeras para prepararlo mejor. Cerrando sus dedos juntos, para después volver a adentrarlos. No fue lento, sino brusco y rápido con ellos. Entrando y saliendo, haciendo a Mirko gemir fuerte. — Te gusta, ¿no?— Suspiró fuerte, incluso escuchándose en toda la habitación, interrumpiendo su tono ronco y grueso. —Eres toda una putita, Mirko, te encanta que mis dedos largos pellizquen tu próstata— Murmuró al mismo tiempo que le daba énfasis a sus palabras; pellizcando su próstata y arañando suavemente con sus uñas después, solo queriendo. Mirko arqueo su espalda sorpresivamente, tirando su cabeza hacía atrás y dejando escapar un fuerte gemido, mientras se corría. Su pene salpicando contra su estómago y el de Zora. Le dedicó una sonrisa de lado, traviesa y perversa que enseguida hizo a Mirko enamorarse prácticamente. Movió sus manos por sus muslos y los apretó con fuerza. —Ahora te follare fuerte, ¿sí?— Preguntó, todavía sonriendo del mismo modo. Mirko solo pudo asentir efusivamente, antes de que Zora vuelva a hablar. —Entonces te correras de nuevo, por lo putita que eres— Dijo después, su voz un tono más abajo. Con los ojos entrecerrados, Mirko observó apenas como Zora se colocó el condón y se lubricaba la polla. No pudo prestar mucha atención, pero sí a lo que sintió en todo momento, sentía su cuerpo más sensible de lo normal.  Cuando las manos de Zora apretaron sus muslos y lo acomodaba a su gusto hasta que lo penetró profundamente de golpe, haciéndolo gritar. Zora gruñó y sin dejar que se acostumbrara lo embistió duro y fuerte, sus movimientos rápidos. No le dejaba pensar, estaba gratamente sorprendido. Nunca se hubiera esperado encontrar todo lo que buscaba en un chico con la apariencia de Zora pero ahora que lo hizo, le encantaba. No podía dejar de gemir fuerte, tomar las sábanas en sus manos y apretarlas. Se sentía tonto e ido, como si no fuera su cuerpo pero a la vez sí. Era más intenso que cualquier droga que haya probado. Totalmente de sorpresa, Zora lo dio vuelta en la cama, ordenandole acomodarse en sus codos y rodillas para poder recibir su castigo por ser un nene malo. Y su castigo llegó, las palmas de Zora sobre sus nalgas fueron eléctricas. Más cuando lo penetraba con velocidad y fuerza, dando contra su punto en varias oportunidades. Su polla estaba rebotando contra su estomago con cada embestida y el pequeño golpe le gustaba mucho. No tardó mucho en volver a c******e nuevamente, manchando nuevamente su estomago y ahora la sábana debajo suyo. Zora se vino después de dejar su agujero maltratado y su culo rojo, ardiendo. Cayó a un lado en la cama, suspirando y recostandose en el colchón. —Fuiste una muy linda sorpresa— Murmuró Mirko agitado, como pudo, después de acomodarse en la cama. Pudo ver a Zora sonrojarse, mientras se encogió en su lugar. Mirko no lo podía creer.

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