2. de ser nada a ser todo

2560 Palabras
No sabe cómo ocurrió. Mirko nunca había visto a Zora en su instituto pero el lunes, después de la fiesta  en la que se conocieron y estuvieron juntos, lo hizo. Le sorprendió que no era nuevo, solo pasó desapercibido para él desde que entró a la escuela y es que sí, no llamaba la atención, de no ser por esas tontas coronas de flores que llevaba en la cabeza todos los días. Porque es Cuando lo vio pasar caminando, estaba hablando con Stan, quien era prácticamente su mejor amigo, pero dejó de prestarle atención. Le sonrió amplió con un poco de picardía en su mirada y lo vio sonrojarse. Casi rueda los ojos. Casi. Pero no pudo porque recordó como lo sostuvo contra la pared el sábado pasado y como lo follo casi dejándolo sin aliento, y se quedó literalmente sin palabras en su menta. Era tan lindo, que no podía sorprenderse, ni irritarse. —¿Qué?— Preguntó Stan llamando su atención hablando ligeramente más fuerte del volumen que venían usando antes, él observó a Mirko y luego a Zora.—Quieres follartelo, ¿no? Parece ser muy gay. Mirko si rodó los ojos entonces. - Desde entonces, se dedicaban miradas y sonrisas, tímidas por parte de Zora y altaneras, traviesas, por parte de Mirko. Ellos no se hablaban; cuando Mirko se quería acercar, alguno de sus amigos o amigas lo interrumpía y Zora, por otro lado, no se acercaba. En realidad, si lo hacía pero más pasivamente, se pasaba en frente para llamar su atención y Mirko conocía esos trucos, a veces le gustaba y otras se cansaba. Mirko estaba loco por hablarle pero más que nada porque lo volviera a follar de la forma en la que lo hizo. No se hablaron hasta que llegó otra fiesta en donde Mirko encontró a Zora. Fue semanas después; Mirko, como acostumbraba, había ido a varias fiestas después de la que conoció a Zora pero él no estaba en ninguna. Cuando lo vio en la fiesta, no estaba perdido con un vaso sin tomar, sino que estaba sentado en un sofá, con sus largas piernas cruzadas como los indios. Hablaba animadamente con un chico. Y Mirko, como es impulsivo y posesivo (no sabía eso hasta ese momento), lo tomó del brazo y  lo llevó lejos (delicadamente, tampoco es que fue algo violento, solo lo era con personas que le caían mal). Su ceño estaba fruncido y sus pasos eran rápidos. Estaba enojado. Y Zora al comienzo muy confundido. Pero en cuanto fueron en dirección de la escalera su expresión cambió a una traviesa, con una sonrisa de costado. Terminaron perdiendo el resto de la fiesta, escaleras arriba por horas. (Zora lo follo duro y rápido contra la pared, trayendo recuerdos y haciendo otros nuevos). - Una semana después de eso, Mirko tenía el número de Zora y su dirección porque esa noche en la segunda fiesta en la que se encontraron lo invitó a dormir y aceptó, con dudas pero a la vez encantado con la idea de enredarse con las largas piernas del rizado. Así que terminaron con las piernas enredadas por lo que duró la noche y parte de la mañana. Empezaron a verse de vez en cuando y solo lo hacían para follar, eso fue hasta que se empezaron a conocer mejor. Porque aunque tengas sexo, cuando ves a una persona no es literalmente lo único que haces con alguien, tenían conversaciones cortas pero las tenían. Comenzaron a conversar después del sexo, charlas tontas; contándose anécdotas y cosas de su día a día. A veces caminaban juntos a la salida de la escuela. No iban solos, también estaba una amiga de Zora, Sunny. Que mencionaba a Zora en femenino a veces, no hacía preguntas al respecto, solo abría los ojos ligeramente en señal de sorpresa cuando pasaba, por que a veces era como en genérico, sin relacionarlo a un género y solo la idea le llamaba la atención. Por lo general, Sunny es la que más hablaba, mientras que Mirko y Zora le responden, se miran y se sonreían entre sí. Es algo que a Mirko le hubiera molestado o mínimo irritarle pero que ahora le estaba gustando, el hecho de no hablarse entre sí o llevarlo a una velocidad más lenta por la timidez de Zora. Muchas veces mientras charlaban, lo hacían desnudos o con su ropa interior mal puesta de lo rápido que lo hacían.  La cama era como un lugar de encuentro, la escena que se repetía casi constantemente,  Mirko fumando y Zora acariciando su bronceada y suave piel con sus largos dedos. Dibujaba patrones que ya, para entonces, los tenía memorizados. A Mirko le gustaba tanto la caricia que incluso, se la tatuaría. - No se hablaron en el instituto hasta que se cumplieron dos meses desde que se conocieron en esa fiesta en la que se conocieron. Antes ninguno se acercaba al otro, no por algo en particular, solo era costumbre que alguien les interrumpiera antes, así que dejaron de intentarlo. Pero ese día, Zora se le acercó, moviendo sus manos juntas, incómodo y visiblemente nervioso. Mirko le sonrió con ternura, Stan movió sus cejas unas cuantas veces en dirección de su amigo, insinuandole y se fue, dejandolos solo. —Es un idiota a veces— Fue el modo en que dijo hola Mirko. Zora rió suavemente, sus manos tapando su boca sutilmente. —Me di cuenta,— Murmuró bajito, tímido. Su voz gruesa, apenas escuchandose.—¿Quieres venir a almorzar a mi casa después de clases?— Preguntó, sonando tímido de nuevo. Sus mejillas apenas son rosas pero resaltan en comparación de su piel palida, suspiró pesadamente cuando acabó de hablar. —Claro que sí,— contestó Mirko sonriendo, ya acostumbrado a su cambió de actitud. —¿qué comeremos? —Pastas o no se,— Contestó rápido encogiéndose de hombros, Mirko sonrió. La verdad que la comida era lo que menos le importaba pero tenía esa sensación de querer sacar conversación a toda costa. —Lo que quieras. —Pastas está bien— Murmuró Mirko tranquilo, encogiéndose de hombros. - Follaron en la cocina, contra la encimera y se corrieron, Zora dentro del condón y Mirko sobre su abdomen y el de Zora, justo cuando comenzó a salir humo y olor a quemado. Zora se ofreció a cocinar de nuevo, pasta o algo que fuera aún más rápido. La pasta la comieron quemada y sorprendidos porque ninguno de los dos sabía que la pasta se podía quemar o llegar a ese estado, marrón casi n***o.  Pero ambos tenían hambre así que no les importó comer pastas negras (la salsa estaba roja todavía, por lo menos, lo que mejoró mínimamente el plato). - Comenzaron a juntarse para almorzar más seguido, las otras veces sin quemar la comida. Porque en vez de esperar a que estuviera lo que fuera que estuvieran preparando con sexo, lo hacían con charlas, caricias o besos, lo que les permitía tener más control sobre lo que estaban haciendo. Al día siguiente de sus pastas quemadas, Zora hizo carnes con puré de papas, y no de un paquete de comida rápida, lo que sorprendió gratamente a Mirko. Porque aunque se suponía que el puré originalmente se hacía con papas, nunca lo había hecho así o su madre, porque claro, trabajaba casi todo el día.    Mirko le habló de las veces que fue preso por idioteces, de las veces que se desnudo en fiestas para llamar la atención de la gente que estaba allí pero sin quererlo realmente, solo era algo que le salía por estar eufórico. Sobre las drogas que había consumido y las dobles idioteces que había hecho por los efectos de estas. —Y ¿por qué hiciste todas esas cosas tontas y sin sentido?— preguntó, su ceño levemente fruncido. Lo que le gustaba de Zora y le hacía sentirse tan cómodo para contarle lo que fuese era que no juzgaba, lo que le preguntaba era desde la inocencia. Mirko mismo al contarle le había dicho que después de hacerlas le parecían tontas incluso. —Porque era divertido— Contestó con una casi imperceptible mueca en sus labios, junto a un encogimiento de hombros. Zora le sonrió tontamente, con hoyuelos. Se estaba enamorando de un idiota. - Uno de los días en que salieron de la escuela y caminaron junto a la amiga de Zora, Sunny, donde volvió a tratarlo de ella, le surgió la duda nuevamente. Y ahora, sentía la confianza suficiente para preguntarle al respecto. Así que cuando era el momento de Mirko de continuar hacía su casa, le preguntó a Zora si podía pasar a la suya, no podía quedarse a comer pero sí un rato.   Tomaron un café en el living, - Solo se estaban viendo en el almuerzo, cuando la casa de Zora estaba sola para ellos; su mamá trabajaba y su hermana estaba en la universidad casi todo el día. No conocían la familia del otro. Aunque Zora veía a Lizzy, la hermana que le sigue a Mirko, porque iba a primer año del mismo instituto que ellos y se la cruzaba seguido, pero Mirko no se la había presentado nunca y si la veían estando juntos. Sabía que tenía cuatro hermanas grandes, menores que él pero que no eran bebés y rondaban entre la pre adolescencia, y unos gemelos que sí lo eran. Mirko le hablaba de su familia, de su mamá, sus hermanas, su hermanita, su hermanito y del novio de su mamá. Le contaba historias divertidas de sus tíos y abuelos. Zora también lo hacía, le hablaba de su más pequeña familia, porque solo contaba con una hermana mayor, que desde que comenzó la universidad casi ni veía. Le contaba historias y anécdotas de cuando él y Gemma eran chicos, como también jugaba a las barbies con ella y sus primos se reían de él por ello. Hablaban de su familia, bastante, pero nunca sobre presentarse al otro, hasta esa tarde. —¿Quieres quedarte a cenar?— preguntó Zora timidamente, sus mejillas sonrojadas. Habían follado en el living, duro e incómodo, y ahora estaban recostados en el suelo, al lado del sofá. Se estaban acariciando y besando en silencio, hasta que Zora había hablado con timidez. —Claro, amor— Respondió Mirko, con una sonrisa tierna en sus labios. Todavía le daba ternura, sorpresa, el cambio de personalidad. Había dos Zoras, uno durante el sexo y otro, el resto del tiempo. —¿Amor?— Preguntó Zora, sus mejillas más rojas aún. —Si,— Dijo Mirko, se levantó, sosteniéndose con su codo de lado y mirando hacía Zora, besó su mejilla y se apoyó contra su pecho. —Amor. - Más tarde, cuando la casa no estaba tan sola como antes. Gemma se quejó por el semen en el suelo del living, Anne miró sorprendido a su hijo e hizo un comentario sobre que tenía que limpiarlo y Mirko se rió pero era notable. Zora se sonrojo a más no poder, asintiendo obedientemente a su madre. Pero el resto de la cena fue bien, Anne y Zora cocinaron, mientras Gemma amenazaba a Mirko (y Mirko reía,descaradamente, por ello). Comieron charlando sobre la reciente relación de Zora. Fue la primera vez que se llamaron novios. Porque sí, no daba el momento ni el lugar para llamarse de otra cosa. Zora estaba agradecido de que su familia aliviara el momento y no hiciera falta otra cosa para convertirse en novios. - Unos días después, más precisamente una semana después, un día domingo, Zora almorzó en la casa de Mirko, estaban su abuela, sus hermanas, sus hermanos, su mamá y el novio de ella. A todos les extrañó que el novio de Mirko fuera tan dulce y diferente a él pero en general, todo fue bien. Incluso llegaron a hacer chistes al respecto. - Había dos Zoras, uno duro y dominante durante el sexo y otro dulce, sumiso y tímido en el resto del tiempo. Había dos Mirko, uno dulce, sumiso y tímido durante el sexo y otro duro y dominante el resto del tiempo. Pero nadie, ni siquiera ellos, podían hacer algo al respecto. Estaban enamorados. Pérdida, tontamente enamorados. - Cuando pasaron más o menos dos meses desde que se conocieron y ya mantenían un tipo de relación más íntima (pasó tan rápido que les sorprendió a los dos). No les había pasado antes pero teniendo en cuenta que ambos tenían dieciocho años tenía sentido. Al principio si fue pura timidez, más con el hecho de que era difícil acercarse a Zora, ahora después de dos meses, llegaron al punto de verse seguido en la misma semana. La amiga con la que iban juntos a sus casas después de clases, ahora les dice que los shippea. Sus madres están de acuerdo con su relación, no era como si fueran a estar en desacuerdo pero les gusta que estén juntos, se complementan. Son mayores de edad (casi, en realidad), no para tomar alcohol pero sí para tomar sus propias decisiones. Siguen viviendo con sus familias por  lo que las normas no les pertenecen. Sus madres les dejan igual dormir juntos y pasar la noche sin meterse en qué están haciendo. Les dan más libertad en ese sentido. Cuando están en la cama acostados y acariciándose como ahora, preferirían tener un departamento o lugar para ellos, poder salir de sus habitaciones desnudos y mantener una intimidad como la del cuarto de Mirko en ese momento pero permanente. Así que juguetonamente se tiran planes ridículos y un poco inalcanzables pensando en el hecho que todavía no terminan la secundaria, menos hablemos de tener ingreso estable para poder alquilar. —¿Podríamos tener un montón de sillones rodeando la casa? —preguntó Zora acariciando casi inconscientemente el brazo de Mirko. Mirko soltó una risa. —¿Como? Zora se encogió de hombros antes de contestar. —Me encantan los sillones, me gustaría tener una casa repleta de ellos, poder estar así como ahora pero un poco más incómodos —soltó una risa y continuó—  por todos lados. ¿Te imaginas poder mirarnos en un pasillo? —¿Quisieras un sillón en medio de un pasillo? —Soltó una carcajada. —¿Cómo lo atravesamos?  —Entonces quisiera una casa con un pasillo que no vaya a ninguna parte entonces. —¿Quieres construir tu propia casa? —preguntó Mirko entonces, sonriendo divertido. —Sí, priorizo la comodidad ante todo. Hubo un momento en silencio donde Mirko se replanteó la pregunta que estaba a punto de hacer. Zora lo miró curioso. —¿Qué? —le preguntó, mirándolo con el ceño levemente fruncido ahora. —¿Te hace sentir cómodo cuando Sunny te trata en femenino? Dudo un momento Zora también en contestar. Visualmente se puso tenso, tragó saliva ligeramente. —Sí, me hace sentir cómodo, no es como si me sienta siempre en femenino, pero me van bien los dos pronombres. Me considero no binario, busque poco al respecto pero lo poco que sé me hace sentir identificado. Visiblemente estaba nervioso, para tranquilizarlo de una manera sutil Mirko le sonrió amplio. —Sos hermosa —le susurró, remarcando levemente la A al final de la palabra antes de tirarsele encima y hacerle cosquillas. Volvieron a su estado natural: mimos en la cama por toda la mañana del sábado.
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