Interrogatorio.

1694 Palabras
Un detective, estaba a punto de dispararme, si no respondía, una simple pregunta. — ¿¡En donde esta serpiente!? En donde esta serpiente, ¿Quién era serpiente, y porque putas, estaba a punto de morir por él? — ¿no sé de qué me hablas? — dije adolorido y asustado. Y de repente, otro detective entra a la sala de interrogatorio, y logra tranquilizar al detective Parce. — ¡Parce! Déjalo… ahora. El detective, que me había salvado de mojar mis pantalones, era el detective y amigo de Parce. — Soy el detective Gabriel reyes, lamento mucho, lo que pasó con mi compañero. — dice el detective Reyes al ofrecerme un vaso de agua después del incidente con el otro policía. Gracias a Gabriel, las cosas se calmaron, y después de que el alocado y casi psicópata oficial se retirara para dejarnos a solas, Reyes, me cuenta, porque, estoy aquí. — ¿Por qué estoy aquí? — le pregunté al más razonable oficial. — Anoche, uno de nuestros policías en cubierto, se infiltró, en una peligrosa banda de motociclistas, comandada por un criminal muy peligroso, líder de esa banda, su alias era “Serpiente” … — Pero… ¿Qué tengo que ver yo, con eso? acaso piensa que soy parte de esa banda o ¿Qué? — expresé. — No… hahaha, la verdad, no, pero, la banda de serpiente, planeaba atacar una gasolinera y robar la tienda, en donde usted trabajaba, en el turno nocturno… Santo cielo… ¿Qué era lo que sucedía? No entendida bien todo esto, pero, sin más, ahora sabía que mi sueño no fue realmente un sueño. — Pero… ¡no sucedió nada! La tienda jamás fue atacada ni robada. — dije demostrando mi posición. — Lo sé, no te preocupes, revisamos las grabaciones de hace 24 horas, y todo fue borrado, pero, no hay indicios de que tú tuvieras algo que ver, solo quiero saber que sucedió… El detective Reyes, no me culpaba de nada, solo quería saber, que era lo que me había pasado. Y la verdad, no tenía ni puta idea, solo podía recordar a la chica de pelo rojo y vestido oscuro victoriano. — Yo, solo recuerdo a una chica, una de cabello rojizo como la sangre, solo eso. — le respondí. — Ya entiendo, ¿alguna otra descripción de la chica? ¿Cómo es? — Me pregunta Reyes realmente intrigado. — Eh… es muy linda, demasiado atractiva y tiene una voz muy sensual. — le dije. — ¿Te vio a los ojos? — pregunta Reyes. — Si, eso creó, como le dije, solo fue un sueño. Reyes se levanta de su asiento y me deja ir de la sala de interrogatorio como si nada, al parecer, demostré mi inocencia y reyes solo me agradeció por mi tiempo. — Gracias por su tiempo, podrá irse, un guardia lo escoltara a la oficina de registros donde tomaran sus datos y después podrá marcharse. ¿Porque tan de repente?, solo mencione a la chica de pelo rojo, y de inmediato, mi inocencia fue más que comprobada. — ¿Porque ahora soy libre de sospechas? — le pregunté. — Por nada, eres inocente, eso es todo. — me dice reyes sin titubear. — ¿me puedo ir? — reclamé al apuntar a la puerta con mi dedo índice. — Claro, puedes irte. Todo me parecía extraño, pero, era libre, así que me fui del lugar, escoltado por un guardia de seguridad. Después de dar mis datos en los registros de la comisaría, me regreso a mi casa, completamente exhausto por el duro día que tuve. No soy una persona que odie su vida, solo, me defecciona y me confunde; antes, yo era un drogadicto, en la segundaria comencé a consumir drogas creyendo que así, se me iría la tristeza, pero, si más, solo lo empeoro y todo se fue al diablo, preferiblemente no quiero recordar esos viejos sentimientos, pero, algunos hábitos, no cambian. — Supongo que no queda de otra… — dije al tomar una bolsa de drogas. Normalmente, ya casi ni me drogó, pero, cuando pasan cosas muy malas, patéticas o simplemente tuve un mal día. Recurrí a la heroína, metanfetaminas, c******s, cocaína o cualquier cosa que me quité la tristeza. Muchas persona saben o creen, que usar drogas es algo malo, pero, no todos tenemos la opción de dejarlo; ¡solo mírenme!, no tengo muchos amigo, ni novia, no tengo el mejor empleo del mundo y me avergüenzo de mi tristeza, las personas que dicen cosas malas de los que utilizan drogas, son hipócritas… ellos no entienden lo solitario de una persona, si tuviera un buen empleo, una vida social más activa, una novia o al menos un propósito mayor, claramente no acudiría a las drogas para distraerme de mi soledad. — Bueno… buen viajé. — dije al tomar las drogas. Tomó una jeringa de heroína y la inyectó en mi brazo derecho, para desvanecerme profundamente, gracias a las drogas que calman mi dolor, al fin logró desvanecer mi pesar. La droga comenzó hacer efecto, me sentía mucho mejor, más feliz, más sensible, mis sentidos se habían descontrolado y yo, ya no era el mismo. Solo recuerdo que pasé, como cinco horas, mirando al techo y después me quedé, infinitamente dormido por más de 16 horas, ni siquiera me había dado cuenta de todo ese maldito tiempo, en mi mente, solo eran segundos y minutos, sin darme cuenta, que incluso estuve sin mover un solo musculo. Al terminar el efecto de la heroína, recuperé nuevamente mi conciencia, y sin mentirles, no me sentía mejor, mi cuerpo estaba totalmente adolorido, claro; estar echado en el suelo por más de trece putas horas sin moverme, era claro que me iba a pasar factura. — Ag… otra vez lo vuelvo hacer. — me dije entristecido. Lo malo de las drogas, es que cuando las usas, todo es increíble, todo es hermoso, todo es felicidad, pero… cuando el efecto de dicha droga se termina, todo, vuelve a ser normal, o incluso peor. Mientras intentaba levantarme del suelo de mi sala, me sentía asqueado por otra vez usar drogas, me sentía mal, me sentía miserable, me odiaba por ser tan imbécil de creer que, drogándome, estaría más alegre, y más feliz. — En verdad… soy una puta basura. — dije al deshacerme de la jeringa que usé para drogarme. Y después de eso, simplemente me eché en mi feo sofá y comencé a llorar ya que, al final, me sentía muy, pero muy triste por mi repentina caída al vicio. ya al cabo de otras horas, mi jefe, decide llamarme. Olvidando mi tristeza, tomó mi teléfono y le contesto sin demostrar ningún cambio de personalidad. — Hola ¡Jefazo… que se dice patrón! — le dije con alegría. — Eddy, ¿Dónde estuviste, en todo el maldito día? — me pregunta mi patrón. — Ah, si… este, yo. — no sabía que responder. — Bueno no importa, hablaremos de eso después, ya fumigaron la tienda y el almacén, entonces tendrás tres días libres, pero, necesito un favor — me dice mi jefe. — Ay… chale, ¿Y ahora qué? — le dije decepcionado. — Pasado mañana, quiero que vayas a la tienda de la gasolinera y esperes a un camión que trae la mercancía del fin de semana, debes supervisar la entrega a las ocho de la noche, es una orden. — me dice mi jefe. — j***r… jefe, ¿es enserio, acaso no puede aplazarlo? — le pregunté. — No, esto depende de ti Eddy, que toda la mercancía este en la tienda, muchas gracias. Mi jefe corta la llamada y yo, bueno, quedo molesto por esa pequeña orden. — Ayyyy no… ¿Por qué? No quiero ir a la tienda en la noche, está muy lejos y no quiero ir… — reproché como niño pequeño. A la mierda, no iba a molestarme por eso, tenía algunos días libres, podría aprovechar para salir con mi novia, mis amigos y demás... sí solo tuviera eso, en ese caso, supongo, que podría ir al centro comercial y comprar un nuevo videojuego. — Bien… mañana aprovecharé para comprar el nuevo juego de “GUERRA” — dije sin desmotivarme. Y de repente, Nía toca a mi puerta, y yo, sin más, solo fui a recibirla. — ¿Nía? ¿en qué puedo ayudarte? — dije a mi vecina. — Hola Eddy, tengo algo para ti. — me dice ella al entregarme un paquete. Nía, se veía algo incomoda, no entendía el porqué, hasta que ella me lo dijo. — ¿Qué es esto? — pregunte. — El repartidor se equivocó de dirección y por error me entregó, algunas revistas para adultos, obviamente a tu nombre. — me dice ella. Hag… carajo, Nía recibió mi pornografía por error. — Ah, no es mío, es… de un amigo. — dije totalmente apenado con mi vecina. — Eh… si, tu amigo tiene gustos muy… este, interesantes. — me contesta Nía siguiéndome el juego a duras penas. — Si… eh, okey, eh, gracias… — dije al cerrar la puerta rápidamente. — De nada, ah, olvide decirte, pero, planeó hacer galletas para mañana. — me dice ella. — Ah, ¿enserio? — le pregunté. — Sí, dicen que es algo nuevo entre parejas, así que voy a intentarlo, sé que a Anastasia le gustan las galletas recién horneadas. — me dice ella al mostrarme un libro de recetas. — Ah, bien, por cierto, ¿dónde está tu ruda novia? — pregunte por Anastasia. — Esta en la tienda comprando los ingredientes, ¿mañana tienes que trabajar? — me responde. — No, tengo algunos días, fumigaron la tienda, por eso mañana planeo ir al centro comercial a comprar un videojuego. — le dije. — Ah, yo también adoro los videojuegos, ¿Qué planeas comprar? — me dice mi vecinal al mostrar interés. — “GUERRA 2” HITLER ATACA. — dije. — Oh, es bueno, en fin, llévalo a casa mañana, podremos jugar y comer galletas. — me responde la tierna Nía con una sonrisa. — Claro, lo haré — dije antes de que ella se marchara.
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