Efecto segundario.

1480 Palabras
Mis vecinas y yo, estábamos comiendo galletas y jugando videojuegos, parece alguna especie de broma, pero, no, literalmente era lo que estaba pasando en la casa de Nía y Anastasia, yo la verdad no quería siquiera asistir, pero, me gustaban mucho las galletas, y jugar videojuegos con mis vecinas, era mejor que jugar solo. — ¡JA! Te derroté perdedor. — me grita Anastasia al vencerme como cinco veces en un juego de guerra. — Hija de puta… esa granada anti gravitatoria es trampa. — repique molesto. — Eso te pasa por escoger el RAVENCROFF contra mi… — me dice anastasia. Mientras Anastasia que es una mujer adulta y yo, que también soy un jodido adulto, peleábamos como niños pequeños por un puto videojuego, Nía nos pide ayuda con las galletas que ella recién había orneado. — Ana, ¿me ayudas a sacar las galletas del horno…? — dice Nía. — Claro cielo — dice Anastasia al levantarse del sofá. Mientras las chicas servían las galletas que estaban recién horneadas, yo, nuevamente recibo la llamada de una persona que no quería volver a ver. — ¿hola? — Hola Eddy. — Ja… no otra vez, te dije hoy que dejaras de llamarme. — dije molesto. — ¿entonces así quieres hacer las cosas? ¿en verdad me quieres fuera de tu vida Eddy?... — Sí, eres una buena chica, busca tu vida, déjame en paz, yo no quiero volver a verte y tú tampoco debes volver a verme. — le contesté con sinceridad. — Pero yo si quiero volver a verte Eddy… por favor. — Me tengo que ir, no me vuelvas a llamar. — dije antes de colgar la llamada. Después de esa incomoda llamada para mí, apago mi celular, pero, no sin antes ser sorprendido por Anastasia que solo quería molestarme. — ¿con quién hablabas, con tu novia? ¿Cómo alguien tan patético tendría una chica? — Ya cállate anastasia, no era nadie, créeme. — dije con seriedad. — Jum, eso tiene más sentido, en fin, te recomiendo que comas las galletas que mi novia preparo, para que yo pueda humillarte una vez más en este juego. — expresa Anastasia al tomar su control de mando. — Ja ya quisieras hija de perra… Nía, anastasia y yo, jugamos por más de tres horas, sinceramente, me la había pasado muy bien con ellas, Nía como siempre me caía bien y Anastasia, bueno, no me agradaba, pero al menos la toleraba. Ya era muy tarde y debía ir a la cama a descansar. — Bueno, creo que me iré, tengo mucho sueño, y no quiero seguir perdiendo contra Anastasia. — dije resentido por mis 48 derrotas ante esa rusa. — Eres patético Eddy… — dice Anastasia desde el sofá de su sala. — Está bien, muchas gracias por venir a jugar con nosotras, Anastasia y yo somos nuevas en esta zona y no conocemos a nadie, por eso no salimos mucho, y es gratificante tener visitas de vez en cuando. — me dice Nía tan dulce como siempre. — Nah, tú eres mi amiga Nía, te visitaré, cuentas conmigo para lo que sea, ¡NO COMO ANASTASIA QUE ES UNA PUTA TRAMPOSA!! — grité. — JODETE MARICA… APRENDE A JUGAR PENDEJO. — grita Anastasia devolviéndome el grito. Me marché a casa donde me relajé viendo anime en mi computadora, hasta quedarme dormido, en la mañana siguiente, me levanté de mi sofá y me cambié para ir a correr un poco. Muchas personas buscan hacer ejercicio para tener un mejor cuerpo o muy buena salud, pero yo no busco eso, en mis días libres, me gusta correr ya que así me siento libre. El sudor en mi rostro, mis piernas agotadas, mis pulmones a tope y mi corazón latiendo como loco, no sé porque me gusta eso, creo que es interesante sentirte al límite y correr a toda velocidad exigiendo todo mi ser. Después de correr toda la mañana hasta no poder más, regrese a casa para bañarme del apestoso sudor que mi ropa absorbió. Y después de bañarme solamente me fui a tomar algunas cervezas a un bar cercano. Y mientras me embriagaba lentamente, el cantinero, sin pensarlo más, me pide su dinero, el de la otra semana. — Oye Eddy, ¿Cuándo vas a pagarme? — La otra semana, ¿Por qué me cobras ahora Matías? — le contesté. — Pues porque tengo una familia que alimentar y mi negocio no se trata de atender a personas de forma gratuita. Chale, creo que tengo una maldición, ya que siempre tengo deudas… — Mierda, ¿y cuánto te debo? — Como unos 500 dólares mi perro. — me contesta mi cantinero al extender su mano. — Ay, no mames… no tengo ese dinero, ¿en serio te debo tanto? — dije muy preocupado. — Pues no es mi problema Eddy, mejor paga o tendré que hacerte algo que te obligue a pagar. — me responde el cantinero al estrujar sus gigantescas y fuertes manos. — Amigo… primero que nada: no me asustes y segundo; no tengo ese dinero, pero, lo pagaré, solo que ahora no me encuentro bien financieramente. — le expliqué. — Jaaa… eres un buen chico Eddy, siempre pagas tus deudas, por eso no voy a obligarte a que me pagues. — me contesta el fuerte cantinero confiando en mí. Obviamente, iba a pagar mi cuenta, no tenía necesidad de deberle dinero a alguien y mucho menos a un cantinero que era literalmente más grande, rudo y más fuerte que yo… no me apetecía ser brutalmente apaleado por ese sujeto, así que, sin más, debía pagar mis deudas, si quería mantener los dientes en mi boca. Pero, cambiando de tema, mientras estaba hablando con el cantinero, sobre lo que le debía, un vagabundo, de barba blanca y ropa desgastada y mal oliente, entra al bar en la que yo estaba y se sienta al lado mío. El cantinero, rápidamente quería echar al vago, ya que su presencia, no era algo que un empresario quisiera tener en su negocio. — ¡oye! Vago… Lárgate de aquí, no es un albergue para indigentes. — grita el cantinero al intentar echar al barbudo vagabundo que había entrado. El vagabundo, sonríe y después acaricia su larga y blanca barba como si no le importara y sin más, hace algo que a mí y al cantinero nos sorprendió. — Trae el elixir de Dios. — dice el vagabundo al sacar una increíble cantidad de billetes enrollados con una liga. Literalmente, ese viejo apestoso, tenía más dinero en su mano, que yo, en un mes de trabajo, los billetes eran nuevos y de 100, no había trampa ni nada, eran reales, el vago tenía mucho dinero en sus manos, tanto que yo me sentía el indigente. — Oye viejo, ¿de dónde sacaste tanto dinero? — le dije impresionado. — Los caballeros reciben sus diezmos después de las guerras. — me responde el vagabundo dejándome muy, muy confundido. — No entendí ni un culo… ¿y tú? — dije al mirar al cantinero. — Tampoco yo… pero, bueno, si tiene dinero, es un cliente, te daré cerveza. El cantinero se retira para traerle la cerveza al millonario vagabundo, dejándonos a solas. — ¿de dónde eres viejo? — le pregunte. — Soy de un lugar donde los monstruos existen y los dioses también. — me responde el viejo, dejándome otra vez confundido. — ¿creo que estás loco no? — le respondí. — Si, pero, ¿cuál es la redundancia? Si este mundo está cada vez más loco. Hijo de perra. Que buena frase se lanzó el vagabundo, creo que al final, no es un loco cualquiera, o eso creía. — Buena frase, ¿de dónde la sacó? — le dije. — No me acuerdo, pero, en fin, ¿quieres beber algo? El vagabundo quería ser cordial y quería invitarme a un trago, ¿Quién diría que aceptaría la invitación de un descuidado vagabundo? — Claro, viejo, ¿Por qué no? Y aunque no lo creas, yo, me embriagué todo el día con el vagabundo, él decía tantas cosas, que no entendía, pero, me daba igual, era increíble beber alcohol por cuenta de alguien tan poco ordinario como ese vagabundo y después de una hora de beber, el vagabundo se marcha del bar y paga mi deuda al cantinero. — Nos veremos joven guerrero. — expresa el vago al salir por la puerta del bar. Yo ya estaba ebrio, y la verdad, a duras penas podía mantenerme en pie, mi debilidad siempre fue el alcohol, pero, aun así, me despedí de ese misterioso vagabundo. — Adiós santa… Claus. — contesté antes de caer dormido por todo el alcohol que había tomado por cuenta del vagabundo, sin imaginar que no sería la primera ni la última vez, que me toparía con ese misterioso ser.
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