Capitulo 6: El ejemplar llegó

875 Palabras
Aurora no entendió la referencia, solo sintió un diminuto alivio en la seriedad de su hijo. Después de cuarenta y cinco minutos de abandono absoluto, las luces se atenuaron para el discurso de apertura. Christian subió al podio con una sonrisa triunfal, la energía de Verónica Cárdenas (que lo miraba desde una mesa lateral con admiración) lo había cargado de arrogancia y malevolencia. —Bienvenidos a la Gala de Caridad de Thorne Global —comenzó Christian, su voz resonando en el micrófono. Hizo una pausa dramática, buscando con la mirada a su esposa—. Hoy, celebramos el éxito de esta empresa... un éxito que se construye con esfuerzo y con decisiones audaces. Christian desvió la mirada hacia Aurora, que estaba sola en la mesa principal. Su sonrisa se hizo más grande, más cruel. —Quiero agradecer, por supuesto, a mi esposa, Aurora Valera, quien, como Vicepresidenta de Operaciones, mantiene las cuentas en orden —dijo Christian, haciendo que "contadora" sonara como un insulto vergonzoso—. Su sobriedad es invaluable en las finanzas, aunque no tanto en... otros aspectos de la vida. Pero en los negocios, ella es cumplidora. Toda la sala se rio nerviosamente. La humillación era intencional. Christian estaba presentando el divorcio emocionalmente, demostrando que había elegido su pasión sobre su obligación. —El éxito, señoras y señores, se trata de pasión, y de visión de futuro. Se trata de saber elegir a las personas que te elevan, no a las que te atan. Aurora sintió el calor de la vergüenza subir por su cuello y rostro. Este era el punto de quiebre. Estaba a punto de levantarse e irse, de enfrentar las consecuencias del divorcio que Christian anhelaba, pero el miedo a perder a sus hijos la paralizó. —Así que brindemos por las grandes mujeres que hacen que esta industria avance, por la visión que nos impulsa a buscar siempre lo mejor... Leo se levantó de la mesa, un pequeño torbellino de furia silenciosa. —Mamá, siéntate —murmuró Leo, sujetando su brazo. La frustración por la tardanza del "Ejemplar" y la rabia por la crueldad de Christian luchaban en su pecho. Leo miró la puerta principal del salón, ignorando el veneno de Christian. Su corazón latía con la esperanza de que su plan funcionara. La hora de llegada confirmada había pasado, y el niño sentía un pánico gélido. Christian estaba a punto de cerrar su discurso, luciendo victorioso. Parte IV: La Entrada Irresistible Justo cuando Christian levantaba su copa para el brindis final, algo sucedió. Un silencio profundo y antinatural cayó sobre el salón de baile, como si la respiración colectiva se hubiera cortado. Todas las miradas se desviaron del podio y del rostro arrogante de Christian, fijándose en la entrada principal. El director de protocolo, un hombre conocido por su estoicismo, palideció y tomó el micrófono auxiliar, su mano temblando visiblemente. Christian, molesto por la interrupción de su momento de gloria, frunció el ceño. —Por favor, hay que mantener el orden. El brindis... Pero el director de protocolo lo interrumpió, su voz un susurro de pánico reverencial. —Señoras y señores, disculpen la interrupción. Tenemos un... invitado inesperado en la lista. Por favor, demos la bienvenida al Director Ejecutivo de Novak Corp... Alexander Novak. La mención del nombre fue como una explosión controlada, un rayo que silenció el murmullo. En la entrada, no había un hombre, sino una presencia. Alexander Novak entró al salón rodeado por una guardia de seguridad discreta pero formidable; hombres inmensos, con la postura tensa de guardaespaldas profesionales. Alexander era el hombre más importante de la sala y lo era sin esfuerzo. Su estatura dominaba, y su esmoquin, cortado a medida, no ocultaba la verdad de su cuerpo bien trabajado y fuerte. Era guapo de una manera austera y poderosa, un tipo de belleza que no buscaba la atención, sino que la exigía. Su barba oscura, bien marcada y perfectamente delineada, acentuaba una mandíbula fuerte. Sus ojos grises, intensos y analíticos, barrían el salón con una elegancia depredadora. Era el tipo de hombre que toda mujer codiciaba y que todo hombre temía. Alexander no caminaba, dominaba. Era la antítesis del histrionismo forzado de Christian; era la encarnación del poder tranquilo y absoluto. Alexander no miró a nadie de la alta sociedad. Sus ojos, los mismos ojos que habían mirado el abismo quince días atrás, escanearon la sala en busca de la razón por la que había roto su autoimpuesto aislamiento: el famoso "Fondo de Protección de la Infancia". La multitud estalló en un murmullo atónito, pero la conmoción más grande estaba en el podio. Christian Thorne, al ver a su némesis absoluto, el hombre que simbolizaba toda la integridad y el éxito que él codiciaba, se quedó paralizado. Su rostro se vació de color. Su copa de champán se le resbaló de los dedos, cayendo y reventando en el mármol con un estruendo metálico que resonó en el silencio. Christian sintió que su poder se desvanecía. Lucía y Leo no miraron a Christian. Miraron al hombre que acababa de hacer la entrada más dramática de la noche. Leo, al verlo, sonrió, por primera vez, una sonrisa de victoria pura. —Llegó, Lucía. El Ejemplar llegó. El destino acababa de entrar en el salón.
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