El estruendo de la copa de champán al romperse en el mármol fue el único sonido que se escuchó durante un interminable segundo. El salón de la Gala, diseñado para reflejar el triunfo de Thorne Global, se había transformado en el escenario de la derrota total de Christian Thorne. Se quedó congelado en el podio, con el rostro blanco, incapaz de procesar que Alexander Novak estaba allí. Alexander, de pie en la entrada, era un imán de poder. Sus guardias de seguridad se habían movido con una fluidez silenciosa para asegurar su perímetro, ignorando a la atónita multitud. Christian, recuperando una fracción de su arrogancia, bajó del podio, tropezando ligeramente con los fragmentos de cristal. —¡Novak! ¿Qué clase de circo es este? —siseó Christian, dirigiéndose a Alexander, cuyo rostro era la

