Los brazos de Henry me cubrían de una forma sobreprotectora. No quería moverme, no quería despertarlo aún. Esta sensación de paz era única. ¿Cuánto tiempo la desee? Ser aprisionada por su cuerpo, sentir crecer su virilidad para mi. El ronquido en mi oído me hizo temblar. —Deja de moverte así—dijo mi Henry con la voz ronca. Me di cuenta que estaba moviendo mis caderas sobre su erección. Un movimiento muy sutil, pero que marcaba toda su longitud en mi trasero. Él me tomó de la cintura con algo de fuerza. —Detente—dijo sobre mi oído muy suavemente. Temblé ante la idea de ser suya. No era miedo lo que sentía, estaba completamente excitada. —¿O qué?—pregunté volviendo a moverme. Henry afianzó su mano en mi cintura ayudándome con el movimiento. Empezó a besar mi cuello y a darme

