¿Qué pasa cuando asumes algo?, lo pierdes, las personas no siempre estarán a tu lado, es un idea errada que nos hace actuar de forma egoísta, que alguien te ame, de todo de sí, entregue su corazón sin reservas no te da el derecho de con cada palabra, y acción hacerlo miserable, el derecho de propiedad, de sentir que cada parte te pertenece y con ello el derecho de destruirla, ser mezquino y odioso sólo tendrá un desenlace, perder lo que amas, y, ¿ entonces qué harás?, aguantar, y cerrar los ojos a la realidad, para no ver como todo lo que creíste sería eterno, se destruye.
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PARALELO:
Camina de un lado a otro como si fuera un maldito animal enjaulado, un felino, un león, uno muy furioso, tirando zarpazos listo para hacer daño y despedazar a quien se le pusiera al frente, gruñendo enseñando dientes y viéndose jodidamente letal, con esa pose de ataque y esos ojos brillantes que te dicen que te irá muy, muy mal, así estaba Vincent, mordiéndose los labios, alterado y tirando del cabello como si estuviera a punto de perder la razón.
Lo necesitaba, jodidamente necesitaba ver a Alex, hablar con él o alguna mierda rápida porque de ninguna manera podía seguir así, apenas dormía y su semblante podría comprarse sólo con el de una persona enferma, Vincent estaba seguro que para este minuto cualquier paciente crítico del peor hospital del país estaba mejor que él, con esas ojeras, esos labios resecos y esas malditas crisis que parecían poder dejarle calvo en cualquier momento, ¡y es que j***r!, es qué era todo su culpa, ¡Era culpa de Alex!, ¿Es que acaso no podía entenderlo?. ¿Cómo es que ese maldito enano se volvió tan mezquino y egoísta?, y más con él, quien le había soportado su maldita presencia y llevado con pesadez lo que significaba esa plaquita de mejor amigo, ¿Ahora se atrevía a dejarlo de lado?, ¿Pero qué coño?
—¿Piensas decirme algo?—la voz de Lucian le hizo detenerse antes de pestañear lentamente como si recién se diera cuenta de su presencia, Lucian miró su reloj de muñeca con cara de fastidio antes de verlo a los ojos—Llevo tres horas aquí sentado viendo caminar de un lado a otro, me duele el jodido trasero, así que habla o me voy—Vincent pareció querer decir algo, sin embargo cerró la boca y apretó los labios, Lucian supo el momento exacto en que se desató el infierno en él.
Porque Vincent sólo lanzaba ráfagas de fuego, de balas a todo aquel que tuviera delante, furioso con cada persona como si todos quieran lastimarlo, como si realmente lo hubieran hecho, Lucian estaba cansado, maldición, Matt cortaría sus malditas bolas si se enteraba que estaba en lo de Vincent, lo mataría al seguro, y no podría culparlo pero no era una opción y Lucian estaba entre el hecho de que Vincent era su mejor amigo y Matt es el chico que literalmente lo tiene comiendo de su mano.
—¿Acaso estás enfadado conmigo?—preguntó Vincent con ojos abiertos como ciervo ante los faros y las aletas de su nariz—¿Pero qué les pasa a todos ustedes?. Esto es la maldita culpa de Alex, no mía—le señaló con mirada acusadora y con orbes llenos de ira—Es él quien debería estar aquí suplicándome, no yo escribiéndole y enviando mensajes como idiota.
—¿Realmente piensas eso?—la pregunta salió automática, incluso antes de siquiera pensarlo, Lucian tenía el ceño fruncido y la mandíbula apretada, estaba molesto y asqueado, y Vincent tan metido en su propio mundo como estaba no se dio cuenta.
—¿Sabes lo difícil que ha sido para mí?. Aguantar a alguien así, tan pegajoso y necesitado, ¡maldición Lucian!, no soy maricón y aún así lo aguanté.
Lucian se lamió los labios y apretó las manos en un puño, respirando hondo y diciéndose a sí mismo que debía calmarse porque de otra forma terminaría una amistad de años y que un demonio le pareada el trasero ahora mismo le daba igual, muy igual, porque Vincent estaba siendo un completo idiota, que decía querer a Alex, pero lo maltrataba, insultaba y degradaba, Vincent se cataloga a como un hombre que no tenía supuestamente ningún problema con la comunidad, pero iba lanzando improperios en contra como si estos fueran parte normal del vocabulario.
—Tengo entendido que él nunca te obligó—dijo mirándolo a los ojos, Vincent enseñó los dientes y gruñó como un animal.
—Claro que no—rió y negó divertido—No me obligaba pero tampoco paraba de preguntar cada cinco minutos: ¿Vincent me quieres?. No me dejarás nunca, ¿verdad?—soltó cínico y venenoso—¡¿Qué querías que hicieras?!—gritó enojado, exasperado y también triste, él se había sacrificado, porque quería a Alex porque era suyo maldición, fue un buen amigo que hizo todo lo posible por hacerlo feliz, para tenerlo a su lado, ¿y ahora el muy hijo de puta sólo se escondía en su maldita casa y hacía como que él no existía?. Por una mierda que no.
—¿Eso te daba derecho a jugar con él?—Vincent abrió los ojos y ante la pregunta de Lucian avanzó hacia él y le tomó por la camisa.
—¡Nunca lo hice!—el más alto lo apartó empujándolo en seco, Vincent se tambaleó y le miró casi herido, Lucian no le importó, de hecho se levantó y le miró como si el menor no fuera nada, sólo una cosa asquerosa y fácil de destruir y aplastar como una cucaracha, Vincent por un momento se sintió diminuto.
—Espera—suspiró—Comencemos desde el principio, porque no te entiendo—se pasó la mano por el rostro exasperado—Dices que era molesto y que sufriste, ya sabes una maldita sanguijuela dejarte sin sangre—repitió con voz tensa—Te vas a casar dentro de poco—se encogió de hombros—¿No deberías estar feliz de que se alejara?—preguntó con una sonrisa que distaba de ser amigable—¡Solo olvídalo y sigue tu maldita vida!
Vincent lo miró y pestañeo, ¿Seguir su vida?, bueno no era como si fuera a cancelar sus planes, se casaría y tendría una bonita familia eso no estaba en discusión y aún así no se sentía bien seguir en tales condiciones con Alex, el pelinegro incluso si no lo acepta, muy en el fondo sabe que lo necesita, sentía una presión horrible y por un segundo le costó respirar, el rubio no podía faltar tenían una promesa. Lucian le miró como si faltará un tornillo.
—Y una mierda—dijo con voz temblorosa—Él no puede hacer eso—negó fuerte, gruñó y parecía volver a estar fuera de sí—¿Sólo irse y desechar nuestra promesa?, ¿Tirarme como si yo no valiera nada?—gruñó.
—¿Y según tú por qué?—inquirió—Alex puede hacer lo que quiera, no es un maldito objeto.
—¡Porque es mío, jodidamente mío mi mejor amigo, mi Alex y se congelara el maldito infierno antes de que me tiré a un lado!—esta vez fue Lucian quien abrió los ojos al ver al pelinegro caminar por la habitación como un loco buscando algo, su chaqueta, tomándola y caminando rumbo a la puerta.
—¡Estás siendo egoísta!—dijo, Vincent se detuvo y giró a verlo con una sonrisa en su rostro.
—No Lucian—negó—Solo estoy viendo por lo que me pertenece, dile a Rose que salí volveré en un rato—Lucian se alarmó.
—¡Espera!. ¿A dónde vas?
—A buscar a Alex—respondió—Ese maldito mal agradecido me va a oír.
Vincent lo haría, pondría a Alex en su lugar, él no podía dejarlo, no podía. Así que se lanzó a las calles de Londres conduciendo como loco intentando llegar lo antes posible, subiendo las escaleras del edificio del rubio como si lo estuvieran persiguiendo para sólo encontrar a Elliott en la puerta cerrando la misma con una llave. Este llevaba una bolsa de plástico, un chándal gris con una camiseta blanca y un suéter de puntos negros con un par de pantuflas.
Elliott sintió los pasos y levantó la vista mirando a un lado, encontrando a Vincent, a un Vincent hecho mierda, quitó la llave del cerrojo y la guardó en su bolsillo antes de voltear y encararlo.
—¿Qué haces aquí?—preguntó con rostro serio, el pelinegro cuadró hombros y avanzó hacia él con decisión, Elliott en ningún momento se amedrenta y le reta con la mirada—Te he hecho una pregunta.
—¿Dónde está Alex?—preguntó mirándolo de arriba hacia abajo, antes de comenzar a tocar la puerta con fuerza gritando el nombre del rubio, Elliott respiró hondo.
—No está aquí—Vincent se detuvo en seco—Y antes de que preguntes, no sé a dónde fue—se acercó dos pasos, ambos quedando lo suficiente cerca—Pero no sabes cuanto gusto me da verte así, tan desesperado y hecho mierda.
—Cállate—susurró, Elliott sonrió.
—Recuerda mis palabras Vincent, este va a ser el comienzo de tu infierno—de alejó sin borrar la sonrisa de su bello rostro—y lo mejor de todo es que tú solito abriste sus puertas.