-Un caramel macchiato, por favor –pedí.
-¿Café o crema?
-Café.
-¿Frío o caliente?
-Frío.
-¿Nombre?
-Isabelle –al ver la cara de confusión de la muchacha ante mi americano nombre, sonreí-. Sólo escriba "Is".
La muchacha se rió y asintió con la cabeza, escribiendo con un bolígrafo n***o sobre el vaso de plástico.
-Espere al final de la barra, el chico le cobrará –dijo, y comenzó a preparar mi bebida.
Mientras me retiraba hacia donde me había indicado, la campanita de la puerta tintineó.
-Un caramel macchiato –dijo.
¿Alguna vez les ha sucedido lo del deja vú? Estoy segura de que más de una vez, pero... ¿y si supieran dónde, cómo y cuándo hubiera ocurrido exactamente lo mismo con anterioridad; seguiría siendo un deja vú?
El pelirrojo llevaba una gorra de lana negra, unos pantalones del mismo color y un buzo blanco con una inscripción de Puma. Cuando se giró a mirarme descubrí que unos anteojos gruesos de pasta negra se deslizaban por el puente de su nariz. Levantó un dedo para arrastrar los anteojos hasta arriba y me dedicó una melodramática mirada de rencor.
Puse los ojos en blanco y aparté la mirada, inflando las mejillas de aire para después soltarlo con un bufido.
-Jimin... Crema... Caliente... Gracias –decía el muchacho, mientras yo me daba cuenta de que no nos parecíamos en nada.
Cuando Jimin llegó a mi lado, se cruzó de brazos. ¿Cómo podía ser tan sexy y aniñado al mismo tiempo? Todavía no lo entendía y, sin embargo, trataba con todas mis luces de no ceder ante esa actitud pues lo encontraba condenadamente tierno. Apreté los labios por no soltar una risita, justo cuando la muchacha dejaba dos caramel macchiato sobre la barra.
El pelirrojo tomó el suyo rápidamente y, antes de marcharse casi corriendo, exclamó:
-¡Ella paga!
-¿Qu...? –comencé, mirándolo con terror.
Aunque ya era tarde, el muchacho había salido corriendo el café llevándose su bebida caliente a los labios.
-No puede ser... oiga, no... -comencé, sacudiendo la cabeza cuando el cajero me dijo la cantidad de wons que debía pagar por ambas bebidas-. No, no. ¡Yo no pienso pagar su bebida!
-Él ha dicho que tú pagabas.
-¡Pero no voy a hacerlo! ¡Apenas le conozco y...!
El muchacho con severo acné detrás de la barra me miró con cansancio.
-Realmente no me interesa, yo tengo que cobrar las bebidas.
-¡Pero...!
-O pagas o llamo a la policía.
Junté las cejas en gesto de desesperación y abrí la boca como un pez. Finalmente lancé un bufido y saqué el dinero de mi cartera.
-Que lo disfrute –el muchacho me acercó el vaso y yo lo tomé para luego salir corriendo.
Esto definitivamente no se iba a quedar así.
Caminé por el resto de la vereda, mirando para todos lados con tal de encontrar algún ente con el cabello naranja mandarina; pero no encontré nada. Si había corrido fuera del lugar, ahora debía estar muy lejos de mi alcance.
Solté un alarido de molestia, atrapando varias miradas curiosas de los transeúntes. No me importaba demasiado, ¡había pagado por una bebida que no estaba tomándome! Llevé mi caramel a mis labios y sorbí por la bombilla, congelando mi boca. Mientras cruzaba la calle para caminar por el parque, comencé a patear una piedrita por el suelo. No podía creer lo que acababa de ocurrir, ¿cómo se atrevía a obligarme a pagar su bebida? ¡En serio!
Cuando levanté la mirada me fijé en los juegos del parque. No había muchos niños jugando, pero no fue ni el arenero ni el tobogán a lo que apunte. Cierta persona yacía sentada, inmóvil, en una hamaca mientras bebía de su vaso de plástico y le lanzaba miradas amenazantes a un niño que parecía querer subirse al juego.
Apreté el paso y, cuando estuve cerca, solté:
-Ya estás grande para juegos de parque, deja al niño subir.
El pequeño me sonrió con ganas mientras Jimin se giraba, lentamente, a verme con expresión horrorizada.
Saltó de su hamaca y retrocedió, pegando el vaso a su pecho.
-Vas a pagarme por eso –dije, señalando el vaso-. No tienes escapatoria.
-Pero tú me lo has comprado –miró en todas direcciones, como si buscara ayuda.
Me acerqué a él, con toda la seriedad que pude poner ante la ridícula situación.
-No, yo no te he comprado nada. Tú saliste corriendo como un cobarde.
-¡Pues habría sido una buena forma de pedirme disculpas! –exclamó.
-¿Disculpa?
-Aceptada –se rió de su propio chiste, mientras yo soltaba un suspiro.
-¿Sabes qué? Déjalo: te lo regalo –comencé a caminar en otra dirección-. Sé feliz peleando con niños en el parque.
-¿Eh?
Lo ignoré, no tenía ganas de volver a meterme con ese muchacho. Además, tenía que escribir un nuevo capítulo y James y Darla sin duda eran mucho más maduros e interesantes.
Oí el trote apresurado sobre el césped y luego tuve al muchacho a mi lado.
-Deja de ignorarme –se mufó.
Ni siquiera lo miré al responder.
-Tengo cosas más importantes qué hacer.
-¡Buaaau! ¡Ahora eres una chica muy activa! –me pellizcó el brazo y yo me removí-. ¿Qué tienes que hacer?
-¿Qué te importa?
-No me importa –sonrió como un niño pequeño
¡Aish, este chico!
Tal vez Yoongi tenía razón. No era fácil despegarse de Jimin. El muchacho me había seguido en silencio por unas tres calles, bebiendo tranquilamente de su caramel. ¿Acaso me iba a seguir por todo Seoul?
-¿A dónde vamos? –inquirió, tirando el vaso vacío a un cesto de basura a su lado.
Comenzó a caminar de espaldas para mirarme, y casi rogué el que se chocara contra algo pronto.
-"Vamos" me suena a plural, y no voy a ningún lado contigo.
Hizo una mueca demasiado graciosa, por lo que me fue imposible no soltar una risita que tanto tiempo había estado conteniendo. ¿¡Por qué tenía que ser tan condenadamente guapo!? Me hacía daño en las retinas.
-¿Te pones así por un poco de dinero?
Lo miré mal.
-No es eso...
-Si quieres puedo comprarte una hamburguesa y quedamos a mano -sonrió ladino y casi se me sale el café por la nariz-. ¿Qué dices? ¿Aceptas?
-Hace dos segundos estabas enojado conmigo, temiendo por tu vida en el parque, ¿y ahora me quieres comprar una hamburguesa?
-Necesitas comer -me pellizcó un brazo-. Estás muy delgada para hacer deporte.
-Te dije que tenía cosas que hacer y...
-¡Pero no es verdad! -me interrumpió-. ¡Es sólo una excusa que te pones a ti misma para ocultarte en tu madriguera! Jincha, ¿qué puede ser más interesante que salir con este guapísimo chico?
Enarqué una ceja. Sí que tenía el ego arriba, el muy payaso.
Aunque en parte tenía razón, el que estaba ocupada era sólo una excusa estúpida para apartarme de él; aunque lo que más quería en ese momento era quedarme a su lado y contemplar su esculpida y hermosa cara de Dios griego.
-¿Qué dices, eh? -insistió.
Terminé de mi bebida y tiré el vaso descartable a un cesto, dejando de caminar. Me crucé de brazos y Jimin sonrió con picardía.
-Sólo si es una hamburguesa doble con queso, cebolla, tomate, y lechuga. Y también quiero papas fritas. Y una soda, la más grande.
Abrió los ojos como platos.
-Vaya, sí que comes bien... ¡Tendrás tu hamburguesa!
-¿Seguro?
-¿Seguro? ¿De qué?
-De que no vas a salir corriendo y dejarme pagar a mi todo.
Soltó una risita y pasó un brazo por arriba de mis hombros, tirando de mi en la dirección contraria a la que veníamos.
-No hago promesas que no sé si voy a cumplir -se excusó.
Mientras tanto, yo trataba de calmar los latidos de mi corazón para no hacer obvia mi reacción ante su musculoso brazo sobre mis hombros. Me estaba tocando, él... ¡me estaba abrazando! ¡Ahora estaba bendecida con los poderes del Olimpo! ¡Afrodita debía de sentir mucha envidia ahora mismo!
-¿Hyung? -inquirió una vocecita juguetona, aunque grave-. ¡Jiminnie!
El muchacho sacó el brazo de mis hombros y se giró. Lo imité, y vi como un muchacho alto, de tez morena y sonrisa extraña se acercaba corriendo a nosotros. Sentí una punzada en el estómago, como si me sonara de algún lado pero eso no tuviera ningún sentido.
-Oh... Tae -Jimin sacudió la cabeza y le sonrió-. ¿Qué haces aquí?
-Es sábado, no me iba a quedar en el campus -sus enormes ojos pasaron del pelirrojo a mi, y abrió la boca muy grande-. ¡Isabelle!
Hice la cabeza hacia atrás, como si me hubiera dado un puñetazo. ¿¡Cómo sabía mi nombre!? Jimin, a mi lado, parecía igual de confundido.
-Esperen, ¿se conocen? -inquirió, con un deje de molestia en el tono.
-¡Claro! ¿No me recuerdas, Isabelle? Soy el chico de la fiesta al que apodaste Mojito...
-Lo siento, no... te recuerdo.
-¿De verdad no recuerdas nada? -sacudí la cabeza-. Bueno... eso... está bien -pareció aliviado, lo que hizo que yo no me sintiera para nada tranquila.
-Un momento, ¿por qué mojito? -Jimin frunció el ceño-. ¿Tu la embriagaste con tragos?
El otro abrió la boca, e inmediatamente la cerró. Se rascó la nuca y luego sonrió ampliamente.
-¿Iban a comer? -cambió de tema.
-Eh...
-¡Qué bien! ¡Podemos ir los tres! Por cierto, Isabelle, mi nombre es Taehyung.
Y luego de decir eso, nos agarró de los brazos y prácticamente corrió hasta el Mc Dondalds, llevándonos a rastras. Miré a Jimin y este sólo se encogió de hombros, con una sonrisita en el rostro que indicaba que no podía negarse a su amigo.
Para mi suerte, pues no es que me agradaran los lugares de comida rápida, sólo había un puñado de gente que prefería la comida grasosa a disfrutar del bello día que hacía afuera. Jimin y Taehyung prácticamente corrieron a pedir su orden, con la cabeza echada hacia atrás para leer los precios de las pantallas. El pelirrojo se giró y me sonrió para que me acercara.
-¿Qué quieres? -inquirió.
En un intento de ser irritante, pedí lo más caro que vi en la pantalla (se trataba de una hamburguesa triple con bacon); pero el muchacho me dedicó una sonrisa aún más amplia y admitió que esa también era su favorita, antes de pedir dos combos al cajero.
Bufé, sorprendida, y me crucé de brazos pensando en cómo iba a terminarme esa gigantesca hamburguesa.
Cuando los combos salieron, tomamos asiento en una mesa apartada junto a la ventana y Taehyung se puso a hablar descontroladamente, como si jamás se le acabaran los temas de conversación.
-¿Entonces hablaste con Yoongi? -inquirió de repente, bebiendo ruidosamente de su fanta.
Jimin tragó con dificultad y sacudió la cabeza.
-¿Y tu con Hoseok?
-Si, pero... -el castaño se encogió de hombros, restándole importancia al asunto-... sabes cómo es Hobi. No está muy interesado.
-Pensé que Jin iba a ser el más difícil de convencer.
¿De qué hablaban? No tenía ni idea; pero por algún motivo me entretenía el escucharles y me relajaba el no tener que ser partícipe de palabras mientras comía semejante cantidad. No quería ser grosera con Jimin y dejar un pedazo allí, pero me veía tan jodidamente incapaz de terminarme toda la hamburguesa que de tan sólo pensar en el enorme cono de patatas que aún no había tocado me daban ganas de vomitar. Para mi sorpresa y felicidad, Jimin comenzó a comer de mis patatas casi por inercia al acabar las suyas propias. Tal vez no se había dado cuenta, así que decidí ser muy silenciosa para que no se percatara de lo que hacía y continuara ayudándome con mi combo.
-¿Por qué Namjoon aceptó tan fácilmente?
-Le gusta escribir -Jimin habló con la boca llena-. Además, Joonnie acepta de todo.
Taehyung soltó una risita y volvió su vista hacia mi. Cuando vio lo que hacía Jimin frunció el ceño y entreabrió los labios. Negué la cabeza rápidamente, abriendo mucho los ojos, para que captara el mensaje. Afortunadamente, el castaño me sonrió burlonamente y siguió hablando.
-Dime que mis mojitos no te pusieron así de ebria.
Me atraganté con la hamburguesa y negué.
-No, no -tosí-. Había tomado de antes.
-¡Genial! Y dime... ¿no recuerdas que me besaste?
Me tensé y Jimin, a mi lado, ladeó la cabeza con curiosidad.
-¿Que ustedes qué? -inquirió.
-Estoy bastante segura de que no te besé -lo fulminé con la mirada.
-Pero no recuerdas nada, ¿o no? -al ver expresión desencajada, Taehyung se mordió el labio y arrugó la nariz-. Estoy jugando contigo, no me mires así. ¿¡Quién quiere un helado!?
-Debería ir a casa -me disculpé con una sonrisa que indicaba la incomodidad que sentía. Si veía más comida sobre nuestras mesas, saldría rodando-. Disfruten su comida.
-Espera, voy contigo -Jimin se paró a mi lado.
-Traje el coche, ¿los llevo al campus? -inquirió el castaño.
-¿No querías un helado?
-Puedo pedirlo para llevar.
-¿Y comerás tu helado mientras conduces?
-¿Si? -Taehyung rodó los ojos, molesto; y yo me pregunté hasta qué punto ese chico era infantil.
-De hecho, quedé con Jimin para ir al cine -dije, y no era mentira.
-¿En serio? -Taehyung miró al pelirrojo bastante asombrado-. ¡Daebak, Jiminnie hyung!
-No, no este Jimin -me reí, pese a lo tonto de la situación-. Mi mejor amiga, Jimin.
-¡Ohhhh! ¡Vaaaaya! ¿Por qué será que la mitad de la población tiene ese nombre? -se burló, y el pelirrojo le dio un golpe sin demasiada fuerza en el hombro-. Entonces nos vemos por ahí, ¿eh?
-Claro.
El castaño hizo una exageradísima reverencia y se marchó. Jimin sonrió sin mostrar los dientes y miró el suelo, caminó unos pasos tímidos hacia mi y apretó los labios.
-Entonces, te veo en la práctica -dijo por fin, levantando la mirada hacia mi.
-Supong... -me frené cuando el pelirrojo se acercó a mi y me dio un casto y rápido beso en la mejilla.
-¡Adiós! -sonrió como un niño y corrió junto a su amigo.
Mierda mierda mierda mierda, ¡¡¡Park Jimin me había dado un beso!!! ¡Omo! ¡Era tan lindo!
No no no no, tranquilízate Isabelle. Mantén la calma y las hormonas al límite.
¿De qué me serviría ilusionarme? Terminaría perdiendo, como en nuestro primer encuentro; y ya no tenía ganas de sentirme patética. Sería una estupidez que un Dios griego como él fuese a prestarle atención a... una snob como yo.
Aish, pero era tan tierno. ¡Aigoo!