Capítulo 3. No sabes toda la verdad.

2247 Palabras
-Helena Hawthorne- La entrada al palacio está prohibida para la familia del duque, sin excepciones. Siento mucho que Olenna haya muerto de esa forma tan nefasta, pero ya me cansé de todo esto. Ellos quisieron ponerme en este lugar. Hicieron todo para ponerme en el trono y luego matar a toda la familia de Archer, mi esposo; es suficiente para mí. No sé lo que voy a hacer, el caos no solo prospera en las afueras de este palacio, todo aquí dentro es una maldita zona de guerra. Los consejeros que en mi vida he visto solo una vez antes, cuando Archer y yo regresamos del yate la noche de bodas que terminó en desgracia, están ante mí dejando sus impresiones y probables medidas para contrarrestar este desastre que ha sido la coronación. William Savoy es el primero, para mi estrés, que mantiene la comunicación entre los viejos de mirada sagaz y yo. Él dice que solo quiere ser de ayuda, podría agradecerle por eso si no fuera porque no olvido sus palabras de antes, las que todavía siguen dando vueltas en mi cabeza. Las referentes a Archer, al hecho de que lo dan por muerto y quieren convencerme de ello. ¡Pero no puedo, no puedo! ¿Cómo esperan así con tanta facilidad que yo cumpla mi nueva labor si apenas logro mantenerme en pie? ¿Por qué todos actúan como si la vida de este reino no se hubiera perdido en solo un segundo? ¡¿Mi vida?! Sigo sucia, con mi ropa rasgada y sintiendo la sangre en mis palmas por las piedras que antes estuvieron encajadas allí. Miro a todos con odio, con resentimiento. Porque ninguno entiende realmente nada. Todo es política. Todo es la corte. Nadie siente que perdí todo, que Archer, mi odiado amor o no, no está a mi lado para juntos ser algo bueno en este lugar. Que mi hijo se quedó sin padre y que los culpables están libres. De nada sirve que el pueblo me defendiera de esos que por años me hicieron sentir miserable, de nada, porque ellos siguen siendo los que, sin lugar a dudas, van a la cabeza. Hoy tuve la osadía de enfrentarlos, usar mi nueva posición y mi respaldo para mostrarles dientes y garras, pero, ¿cuánto me durará realmente? Cuando los días pasen y yo esté más sola. Cuando mi embarazo se note y todo esté en peligro. Mi vida, la de mi hijo no nacido. Cuando intenten sentar a mi lado al hijo de puta que intentó violarme. Cuando comiencen a salirse con la suya y todo lo que han planeado por años me supere. Necesito aprender a jugar como ellos, lo sé, lo reconozco, pero ahora mismo no encuentro fuerzas. No me interesa si estos viejos aquí aconsejan hacer una investigación, si insisten en que hay que descubrir quién está detrás de todo, porque yo sé quiénes son. Sé que debo ir contra ellos y de la manera más sutil posible, pero ahora mismo no puedo pensar. Solo cierro los ojos y veo a Archer. Lo veo empujándome lejos, en el piso inconsciente, a lo lejos mientras me llevaban arrastrada fuera de la capilla. —Las obras de reconstrucción deben comenzar cuanto antes. Un pueblo en normalidad supera el caos y comienza a avanzar. Uno de los "sabios" del consejo murmura esa mierda y yo lo miro. Tengo ganas de decirle que la gente no olvida tan fácil. Que le arrebataron a sus líderes en cuestión de días y que eso atrae venganza, ganas de sangre, de buscar culpables. ¿Cómo pueden pensar que la gente es tan idiota? —La reconstrucción será un hecho, pero no porque eso los hará olvidar. El pueblo de Astley no puede olvidar lo que hoy sucedió. Lo que robaron hoy y lo que robaron hace una semana atrás. Un pueblo que olvida está condenado a repetir la historia. ¿Es eso lo que pasó aquí? ¿O me estoy equivocando? Mi voz resuena firme en el amplio salón. Me levanto de mi lugar y todos los ojos sobre mí se estrechan o me miran como si la perdida fuera yo. —Su majestad, asegurar semejante suposición es... —¿Traición a la corona? —interrumpo al señor de bigote ancho y canoso. Se sacude con escalofrío. Él y otros dos. —¿Es considerado Traición a la corona hablar de un pasado que existió y cambió el rumbo de la monarquía? Mi tono es mucho más alto cada vez. No me interesa. Dejo caer mis manos sobre la mesa. —Pues resulta que ahora yo soy la corona. Helena Hawthorne, reina de Astley, mi palabra es ley, mis decisiones acatadas y lo que yo determine se considerará traición... —Este consejo existe para evitar la anarquía, Su majestad, no tiene control total de... Vuelvo a mirar al bigotudo que insiste en replicar cada palabra dicha por mí. —El pueblo decidirá. Las masas decidirán. Cada ley que imponga de hoy en adelante será explicada y llevada a valoración popular. En el resto del mundo lo conocen como democracia. Ese será mi reinado. El que comienza hoy...y que deben respetar. Planto mis manos con fuerza sobre la mesa una vez y me yergo en toda mi altura. —Ahora, por favor, salgan de mi palacio. Tengo un duelo que vivir y un luto que llevar. Mañana Savoy les comentará sobre las medidas que se llevarán a cabo para demostrar al pueblo de Astley que su estado se preocupa por ellos. Eso quedará en mis manos. Soy nueva en este país, pero el pueblo me quiere, me apoya y me acompaña. Ellos no están solos y me encargaré siempre, mientras viva y pueda gobernar, de que tengan lo que merecen. —Los miro a todos, al consejo de doce ancianos decrépitos y a William Savoy, que los acompaña como asesor—. Pueden retirarse. Los veo levantarse con expresiones de inconformidad. Con total seguridad, pero sintiendo que mi alma se desgarra por dentro, espero que todos se marchen. Solo quiero ir a mi habitación y llorar por horas. Pensar en la soledad qué carajos voy a hacer a partir de hoy. —Su majestad, si me permite una recomendación... Miro a Savoy con seriedad, le muestro mi animadversión hacia él. —Además del consejo parlamentario, en estas discusiones deben estar presentes los principales miembros de la corte. El duque de Altair encabezando la comisión, seguido del Conde y el Marqués de... —Es suficiente. —Levanto mi mano para que se calle. Toda esa gente es parte de la rebelión, pero no le digo a este hombre ante mí que yo lo sé. —¿Los miembros de la corte van a resolver la crisis política existente? Niega con la cabeza, duda antes de hacerlo. Incluso se encoge de hombros. —¿Los miembros de la corte tienen derecho a exigir participación en...? —En casos extraordinarios de suma importancia y toma de decisiones. —Decisiones que no se tomaron hoy y que no se tomarán en absoluto dentro de una sala con trece personas que no se interesan en absoluto por la realidad de un pueblo que sufre. Ellos tendrán su momento de participación, junto con el resto de la población. Se muerde la lengua, es evidente para mí. —Debería considerar retirar la orden restrictiva de entrada al palacio. Se puede malinterpretar como... —Como, ¿qué? Y, otra vez, ¿quién determina hoy y ahora qué se considera Traición a la corona? Savoy baja la cabeza. —Usted, Su majestad. Asiento. Pero me controlo. Quiero gritar y culparlo y decirle una y otra vez que son todos una partida de incapaces. Pero sé que en días, horas...tendré que cambiar mi postura, moldearla a lo que será mi realidad. La que yo voy a manipular a mi antojo. —Solo quiero un poco de paz. Mi esposo murió hoy, yo casi muero también. —Mi voz se rompe cuando lo digo—. Déjenme vivir mi duelo, las cuestiones políticas que no son urgentes no son prioridad. Savoy asiente, casi que hace una reverencia. —Lo siento si la ofendí, Su Majestad, no es mi intención. Me abstengo de reclamarle cuáles son sus verdaderas intenciones, pero me contengo. No necesito más enemigos, no los que están a solo pasos de mí. Levanto mi mirada y busco al guardia más cerca. Con un gesto de mi barbilla deja su posición y viene a pedirle a Savoy que se retire. —Mañana nos vemos a primera hora —cierro el tema y lo veo darme la espalda con una tensión que no pasa desapercibida. —¿La acompañamos a sus nuevos aposentos? Miro al guardia con algo de sorpresa. —Los aposentos de la reina ahora son suyos. Un escalofrío me recorre. Sí, lo sé, o debería haberlo considerado, al menos, pero no he tenido tiempo de nada. Niego, sintiendo la frialdad en mis venas ahora más que nunca. Me abrazo a mí misma sin poder evitarlo. —No, a mi antigua habitación, en el ala del prín...del rey Archer. Me ahogo con las palabras una vez más, pestañeo las lágrimas que no puedo evitar y salgo del salón inmenso sin esperar a que me guíen el camino. Hacer el recorrido que tantas veces he tomado hace que me quede sin aire, que me duela el pecho. Ahora él no estará ahí. No hay nada en este palacio que me haga sentirme segura, querida. Nada en mi vida me ofrece eso. Comienza a faltarme el aire cuando estoy por llegar. El ala que era solo suya me grita que estoy sola, que ahora siquiera podré tenerlo a él, que nuestra historia quedará solo en eso que pudo ser y no se consolidó. No como hubiese sido justo. Me abrazo a mi vientre ahora que estoy lejos de todos. El guardia que me sigue me juró lealtad y, aunque soy recelosa, quiero confiar. Debo hacerlo en alguien. —¿Cómo te llamas? —pregunto cuando estoy fuera de mi habitación. El guardia me mira con expresión solemne. —Briar Benson. Asiento en su dirección. —Briar —repito su nombre y lo pruebo en mis labios—, estaré en mis aposentos, nadie tiene permitido entrar. —Como ordene, Su majestad. —Hace una inclinación de cabeza y un paso atrás. Lo despido y doy media vuelta para entrar a mi habitación. Cuando estoy por pasar, cambio de opinión y voy hasta la de Archer. El pecho me duele en cuanto abro la puerta y el olor suyo me envuelve. Los ojos se me llenan de lágrimas y un sollozo se me atora en la garganta. Cierro detrás de mí y llevo mi mano a mi vientre cuando las rodillas se me aflojan y siento que puedo caer inconsciente. Me dejo caer en el piso, sin poder dar un paso más y lloro, lloro con todo lo que tengo. Porque esto no debía ser así. ¿Cuánto tiempo perdí por estúpida? ¿Cuánto me dije que no merecía mi confianza, pero me enamoraba de él cada vez más? ¿Cómo llegué a este punto, en el que no sé qué será de mí, mi hijo y todo esto que me aprieta el pecho? Me hago una bola en el piso, sintiendo todavía el olor del polvo y la destrucción en mí, siendo consciente de todas las cosas que quedaron a medias. Cuando nos estábamos dando una oportunidad para comenzar algo...bonito, todo se desmoronó. Y ahora solo estoy yo aquí, llorando por no saber qué es real y qué no. Sintiéndome más sola que nunca. Incapaz de ver una luz que me ayude a soportar todo, que me impulse en medio de estas aguas turbulentas. Cierro los ojos y dejo que mi cuerpo se desgaste. Me abandono a este sentir que ya no puedo controlar. Los sollozos secos sacuden mi cuerpo hasta que no soy capaz de respirar con normalidad. Y cuando el aire deja de llegar correctamente, que siento que me muevo en el límite de la inconciencia, no hago nada por evitarlo. ---- Alguien me sacude por el brazo y yo abro los ojos, desorientada. Pestañeo varias veces para poder ver quién me acompaña y cuando los ojos de Ana se cruzan con los míos, una sensación de rechazo me sacude. —¿Qué haces aquí? Me incorporo como puedo y la debilidad de mi cuerpo no me permite hacerlo como quiero, porque mis piernas ceden. Al instante Ana está sobre mí. —Tú me dijiste que la rebelión tenía planes, planes muy fuertes. Tú sabías de este desastre... —reclamo, con las lágrimas picando en mis ojos. Ana niega con la cabeza y los ojos brillantes también. —Tú sabías que iba a perderlo, ¿verdad? Me ahogo con mis palabras y me alejo del toque de Ana cuando ella trata de alcanzarme. —Helena, yo no soy el enemigo. —Si sabías esto, ¡sí lo eres! —grito, descontrolada—. Eres parte de ellos, siempre confié en ti, pero tú solo me manipulaste. Ahora lo veo claro. Ana se muerde el labio inferior y lágrimas caen rápidamente por sus mejillas. —No es lo que crees. No sabes toda la verdad. Y puedo demostrarlo. —¿Cómo? ¿Qué puedes decir que me haga confiar en ti? Ana toma una profunda respiración. —Puedo llevarte con el rey. Con Archer.
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