El viejo estéreo sonaba al ritmo de uno de los discos de mamá, ambas bailábamos felices dentro de la casa del árbol, era nuestro lugar seguro y feliz, donde papi nunca subía ni podría hacernos daño. -Me gusta mucho bailar - le dije a mi madre y ella pareció alegrarse. -Estoy segura que serás una gran bailarina cuando seas mayor. - ¿No prefieres que sea doctora o algo así? -Quiero que seas feliz, y hagas todo aquello que deseas en la vida, mientras tú seas feliz yo estaré feliz. Ni fui una gran bailarina, ni hice todo lo que quise, y definitivamente, ninguna de las dos fue feliz. Aún me cuesta creer que una mujer como ella pudiese tomar la decisión de quitarse la vida, ¿acaso siempre me mintió? ¿cómo le pides a tu hija que sea feliz si planeas dejarla unas semanas después sin explicac

