Una tarde, después de una de esas cenas compartidas, David me toma por sorpresa. Me encuentra en la sala, absorta en un libro, y se sienta a mi lado. —Ada —empieza, con su tono serio pero contenido—, necesito saber algo. Dejo el libro a un lado y me giro para mirarlo, sintiendo cómo su tensión se filtra en el ambiente. —Dime, ¿qué pasa? —respondo, tratando de sonar tranquila, aunque sé que algo importante está por salir de sus labios. —Quiero entender lo que sientes por Carter —dice, mirándome a los ojos, buscando algo en mi expresión—. Y no solo la parte obvia. Quiero saber por qué lo amas, qué es lo que te atrae tanto de él. Necesito escucharlo de ti. Sus palabras me sorprenden. Sabía que eventualmente tendríamos esta conversación, pero nunca imaginé que él mismo la iniciaría de una

