Los días pasan, y aunque las cosas siguen siendo algo complicadas, David parece más calmado. Carter y yo compartimos momentos juntos, pero evitamos que David se sienta agobiado. Carter respeta ese espacio, y David, por su parte, sigue haciendo esfuerzos por aceptar la situación. Una tarde, mientras estoy en casa con Carter, hablando en la sala, como siempre, cuando de repente David llega más temprano de lo habitual. En el pasado, su llegada en momentos así habría causado tensión, pero esta vez es diferente. David entra, ve a Carter y a mí conversando, y aunque aún puedo notar una ligera incomodidad en su rostro, se acerca y se sienta con nosotros. —¿Cómo va todo? —pregunta, su tono relajado, aunque sus ojos observan cada detalle de la escena. Carter le sonríe y le ofrece una copa de vi

