Quizá Miami beach no había sido la mejor opción después de todo, hasta hubiera sido mejor si hubiera dicho los Alpes franceses, pues al menos habría conocido a Heidi y a Pedro y nada me pasaría, pero aunque amaba la playa, ahora me resultaba imposible ir a nadar, broncearme y disfrutar de la arena. Estar enferma era un asco. Dave llega a mi lado después de pedir una habitación en el Marriott Stanton South Beach, toma las maletas, ya que están un poco pesadas con todos los botes de protector solar que empaqué y justo cuando está por entrar al elevador, a mi lado, aparece uno de los botones y se ofrece a llevar las maletas hasta nuestra habitación. — gracias. — Dave cede y le entrega dos de las maletas, la otra la lleva él. Es temprano aún, puesto que elegimos el primer vuelo para no ex

