—Necesito otra copa —murmuro a Patricia y a Celeste mientras estamos de pie cerca de una columna, viendo cómo todos platican, bailan y disfrutan de la fiesta. La cena fue una tortura con Luciano a mi lado. El muy desgraciado se mantuvo todo el tiempo rozándome o tocándome de manera sutil hasta que estoy a punto de volverme loca. «Lo odio y al mismo tiempo puede hacer que mi cuerpo responde a sus caricias, haciéndome sentir en llamas». Mis ojos caen sobre el susodicho que está del otro lado hablando con Antonio y Gian. No muy lejos está Dante, a Ángelo no lo veo desde que terminó la cena y coqueteaba con una mujer a la que tampoco veo alrededor. «No hace falta ser un genio para saber dónde están ese par». Un camarero se acerca, dejó mi copa vacía y tomó otra para darle un gran sorbo. Un

