La camioneta se detiene frente a una casa estilo gregoriano, los hombres bajan antes de que las puertas se abran. Cuando desciendo me encuentro a Tony que está deteniendo mi puerta. —Me alegra que estés bien, después de todo —digo en voz baja. Pienso que va a quedarse inmóvil, pero parpadea y me da una mirada. —Fue gracias a su intervención —dice en tono serio antes de volver su mirada la frente y guardar silencio cuando Luciano se detiene a mi lado ofreciéndome su brazo. —Sabes que no debería estar aquí. Aún no estoy totalmente recuperada. —Espeto entre dientes, mientras acepto a regañadientes entrelazar nuestros brazos y avanzamos al interior sin que él diga algo al respecto. Detrás de nosotros avanzan Dante y Ángelo, segundo de algunos hombres que están atentos. En el vestíbulo me d

